Con Tournée (On Tour) Mathieu Amalric se pone delante y detrás de las cámaras y con su mirada, tanto la física (los ojos más vivarachos, masculinos y hondos del cine francés actual) como la conceptual (puesta en escena corta, adherida al cuerpo, que le valió el premio al mejor director en el festival de Cannes de 2010), expone en primer plano la desventura de un grupo de artistas de new burlesque por diferentes escenarios teatrales de territorio francés, para dialogar en último término (y al fin y al cabo, el gran eje de toda la historia) con las diatribas emocionales de un ex-productor televisivo de éxito que regresa de EE.UU. para llevar a cabo un tour de force con el sistema teatral underground y con los resquicios sentimentales y familiares que ha dejado en su país natal. Digamos que el pasado de Joachim (Amalric) está lleno de éxito, traiciones y decisiones equivocadas, su presente refleja su última lucha por cumplir un sueño y el futuro se va vislumbrando en el relato como una meta (llegar a actuar en París) repleta de incertidumbre existencial.
La principal resonancia de Tournée se propaga en ecos del Cassavetes de The Killing of a Chinese Bookie (1976), recordada en la mayoría de críticas y entrevistas en base a la película: es indudable la fisicidad, la importancia de los cuerpos y todo lo que conllevan (vestimenta, gestos y eterno movimiento), así como la figura principal que maneja el relato. Sin embargo, también existen actualmente ejemplos autorales de un tipo de cine al que asemejar la película de Amalric según su propuesta de tiempos muertos, fugas del punto de vista desde el backstage a la platea, pasando por la mirada esquiva al escenario. Ante todo, las sinestésicas sensaciones que son capaces de evocar y connotar sus imágenes nos hablan de texturas perezosas pero tremendamente vivas como podría ser una cama desecha, el hall de un hostal, la primera luz de la mañana, el olor a café, whisky y fast food, el fluorescente de una gasolinera en turno de noche o las maletas repletas de trajes y modelitos varios que transpiran la sensación de tejido usado y rancio cuidado.

Sea como fuere, lo último de Sofia Coppola (Somewhere) podría ser la versión de Costa Oeste norteamericana de Tournée en cuanto a fisicidad de habitación, alimentación y tratamiento del show business; lo último de su padre (Tetro) rezumaría la misma masculinidad rotunda y con aroma a humo negro y voracidad mediterránea que la desprendida por los ojos y el ímpetu de Joachim. Y si hablábamos de la idea de improvisación y temática resonante con el padre del cine independiente estadounidense, de Cassavetes podríamos rebotar en los recorridos de bajos fondos scorsesianos (no solo los antros de Malas calles sino el recorrido country de Ellen Burstyn en Alicia ya no vive aquí o el aroma de bastidor y tramoya de la espléndida El último vals). Se trata de adherirse al cuerpo y como espectadores asumimos la capacidad de entrever la psicología del arte en todas sus jerarquías. Cómo Aronofsky en El luchador o John Cameron Mitchell en Hedwig and the angry inch somos testigos del sueño a realizar como de la pesadilla palpable que uno lleva a cuestas. El Amalric autor juega con el conocimiento sobre su personaje y el espectador recoge los matices que terminan yendo dilucidándose a lo largo del metraje a cuentagotas.
La carnalidad de las chicas burlesque acaba siendo, dentro de la fascinante interpretación “no-profesional” de esas bailarinas reales, una excusa argumental a la que se le pasa por encima cualquier atisbo de performance feminista, aunque haya ejecuciones memorables en el transcurrir del relato. Sólo importan las imágenes, Joachim y su movimiento, sus cambios de humor, su realidad oculta, sus mentiras, su deseo latente… El tour se propaga por tierras francesas, en ruta turística por el extrarradio de la nueva Europa, pero el sueño del protagonista nace en Estados Unidos. Si no es lo mismo ver el fascinante movimiento de los cuerpos de George Clooney y Brad Pitt en la trilogía Ocean’s Eleven de Soderbergh: mayoritariamente de pie, con glamour, entereza y rezumando éxito en cada gestualidad y paso, que el transcurrir en plena actividad, celeridad y ajetreo entre escenarios de Joachim, es porque el anhelo y la ambición exportada por éste desde otras latitudes nos habla no sólo de un cine en plena búsqueda llena de inquietudes por capturar hallazgos insólitos o primarios, sino porque el social media y las relaciones comunicativas se ven anquilosadas en el viejo continente por un viaje primario, cara a cara, sin posibilidad de lo virtual, sin capacidad de futuro diáfano, seguro y rápido. Como la puesta en escena de Amalric, nerviosa al mismo tiempo que rotunda en sus pretensiones, cercana como oculta, tan fascinante como imperfecta: más que una road-movie europea, Tournée acaba modelando una estupenda muestra de cine a hombro y pegado a las espaldas que, por tanto, deja manchas de cal en aquel traje que creíamos idóneo para seducir y embaucar.
- Tournée (On tour)
- Drama, Francia, 2010
- Director: Mathieu Amalric.
- Guión: Mathieu Amalric, Marcello Novais Teles y Philippe Di Folco.
- Intérpretes: Mathieu Amalric, Julie Ferrier, Anne Benoit, Damien Odoul, Mimi Le Meaux, Evie Lovelle, Dirty Martini.
- Fotografía: Christophe Beaucarne.
- Montaje: Annette Dutertre.
- Dirección artística: Stéphane Taillasson.
- Vestuario: Alexia Crisp-Jones.
- 111 minutos
- Distribuidora: Avalon.
- Estreno en España: 13 de mayo de 2011.












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