El San Miguel Primavera Sound 2011 enfrentó ayer su último día grande con un cartel impresionante y donde el protagonismo de la música evaporó y disipó al fútbol en una edición que se cierra con la mayor afluencia de su historia (más de 120.000 personas en total) y que plantea nuevos retos organizativos para el futuro.
El sábado comenzaba con la ternura y la belleza de la música de Perfume Genius. Bajo el silencio sepulcral y un intimismo sobreceogedor, Mike Handreas subió al escenario para desnudar su alma y su mente y desprenderse del dolor a través de esas canciones. Tímido pero sonriente, desgranó poco a poco las canciones de su primer disco, Learning, sin mayores vestiduras que las de su teclado -y el de su acompañante-, y algún coro sutil. Le llaman el nuevo Antony, pero Handreas desprende la suficiente fascinación y personalidad como para superar las comparaciones y confirmarse como un excelente compositor e intérprete, y emocionar sin mayor esfuerzo del que supone abrirse en canal y ofrecer las entrañas en exquisitas canciones más allá de lo natural.
John Cale / Foto: Dani Canto (Primavera Sound)
A continuación vendría uno de esos momentos que estremece sólo por recordar. John Cale, quien fuera miembro de la mítica Velvet Underground, con una vastísima carrera a sus espaldas, llegaba al Auditori acompañado de su banda y la orquesta BCN216 para interpretar uno de esos discos más allá de cualquier límite temporal, París 1919. Saltó a escena con chaleco, corbata y falda escocesa, y desde el minuto uno fascinó con canciones que han marcado una época. En directo, y con tanta experiencia a sus espaldas, John Cale suena elegante, rabiosamente actual, estremecedor, sobrecogedor y envolvente. Su concierto, acompañado por una potentísima banda y la experiencia y eficacia de la BCN216 devolvió a los nostálgicos a un disco de casi cuarenta años de historia que sigue sonando moderno, visionario y emocionante. A ver quién puede resistirse a la emoción que desprende escuchar en directo canciones como The Endless Plain of Fortune y Paris 1919, o a la fuerza eufórica nada contenida de Macbeth. Por si fuera poco, en la segunda parte del concierto estrenó nuevas canciones en las que sigue innovando y evolucionando su sonido, revisitó algún que otro clásico y cerró con un apoteósico clímax que levantó al público de sus asientos.
Ambiente durante el concierto de Fleet Foxes / Foto: Inma Varandela (Primavera Sound)
En el día que más visitantes se esperaban al recinto, los accesos fueron mucho más rápido que en jornadas anteriores, y mientras Papas Fritas desempolvaban sus canciones, miles de personas se dirigían al Escenario San Miguel donde iba a comenzar el concierto de Fleet Foxes, esperadísimos por aquello de ser su primera vez en España, que se dieron un impresionante baño de masas. Un espectacular ambiente que recibió su introducción con The Cascades, la pieza instrumental de su trabajo más reciente, Helplessness Blues. Convertidos ya en los herederos del folk y regeneradores del género, en directo suenan mucho más vitaminados, energéticos y potentes, con esteroides y adrenalina. Encantados por el recibimiento, no extrañaría que cerraran pronto nuevas fechas en España, donde estaban encantados de tocar entre The Tallest Man on Earth y PJ Harvey. El concierto centró su repertorio canciones de los dos discos y de algún EP, donde las más celebradas fueron Battery Kinzie, arrolladora, Mykonos, coreada al unísono y la inevitable White Winter Hymnal, las dos últimas probablemente las más aplaudidas de la banda. Robin Pecknold, que tenía un gesto mezcla de felicidad y nerviosismo no pudo parar de preguntar por la hora del partido y mirando el reloj, la hora de concierto se hizo corta, demasiado corta, y el cierre con Helplessness Blues sonó algo desacompasado, lo que no evitó que la euforía se desatara por un público con ganas de que la banda, celebrada en uno de los mejores conciertos del festival, interpretara un bis que nunca llegó.
Fleet Foxes / Foto: Inma Varandela (Primavera Sound)
Mientras el recinto volvía a ofrecer colas larguísimas para quienes intentaban pedir una bebida, comer o simplemente ir al baño, en el escenario Ray Ban se preparaban para salir a escena una de esas bandas históricas que el Primavera Sound nos da siempre el placer de degustar. Y en este caso, y a pesar de que el Escenario Llevant -rebautizado por muchos como el Escenario Champions- retransmitía el fútbol en directo, el escenario estaba prácticamente lleno de gente. No extraña que en el momento en que pusieron durante unos instantes imágenes del fútbol en las pantallas del Ray Ban el público explotara en un sonoro abucheo.
Einstürzende Neubauten / Foto: Susana López Blanco (Primavera Sound)
Pero si hubo un ganador no fue el Barça. Los ganadores del partido fueron Einstürzende Neubauten. Los alemanes pusieron toda la carne en el asador desde el primer minuto dejándonos boquiabiertos con el abstracto, minimalista y alucinante The Garden, un cántico profundo e industrial desconcertante que dejó claro que lo que ahí se iba a presentar no era ni mucho menos tradicional. Percusiones a cual más peculiar, sonidos con tubos metálicos, bidones de plástico, material de bricolaje y demás cacharrería acompañaban al genial Blixa Bargeld que bromeó sobre lo poco futboleros que éramos. El resto, una sucesión de estremecedoras y vigorosas canciones, gritos agudísimos, descalabros vocales, extensiones guitarreras descomunales y todo el imaginario que ha hecho de esta banda un referente imprescindible del sonido post-industrial. Con un setlist arrollador que mezcló canciones en inglés y en alemán tuvieron tiempo incluso para improvisar cantando sobre el “triste momento de que se marchen los fotógrafos” del foso, y diez minutos de regalo que el público recibió agradecido tras uno de esos conciertazos que nos recuerdan que al Primavera se va a ver y escuchar música, y de la buena.
PJ Harvey / Foto: Inma Varandela (Primavera Sound))
Claro que inmediatamente todas las miradas fueron hacia el inminente concierto de PJ Harvey. En un escenario San Miguel mucho más concurrido si cabe de lo normal y con algo de retraso, Polly Jean salió a escena con un traje blanco, plumas como tocado en el pelo, y su nuevo instrumento fetiche, tras el piano de la era White Chalk, el autoarpa. Empezó fuerte, con Let England Shake y The words that maketh murder, ambas de su disco más reciente en el que centró el concierto. Iluminada de forma sutil, y con mejor aspecto que nunca, parecía una aparición divina dispuesta a enamorar al público, demandante de temas de épocas más ásperas que no aparecieron hasta el final del concierto. Ella prefirió, con un setlist prácticamente calcado al que ofreció en Coachella hace unos meses, articular su actuación en torno a ese relato sobre las guerras, la muerte y la destrucción de los pueblos en torno a su país natal con la elegancia y la sobriedad que da la experiencia, aunque sin olvidar algunos guiños al pasado, principalmente a los discos Is this desire?, To bring my love o el más reciente White Chalk. La eterna musa británica, dentro de su fría perfección y la hipnosis colectiva que consigue con apenas despegar los labios triunfó en todos y cada uno de los temas, aunque el comentario generalizado fue el de la falta de hits a una hora en la que muchos ya no estaban para lecciones de elegancia.
Animal Collective / Foto: Inma Varandela (Primavera Sound)
En el último tramo del festival, Swans arrollaron con un sonido colosal, como si se hubieran subido al escenario dispuestos a disparar a bocajarro con una ametralladora de bajos y guitarras aplastantes. El último gran cabeza de cartel, Animal Collective, probablemente fueron también los más polémicos. Y es que es difícil acercase a una banda tan centrada en ir a contracorriente. Su concierto fue de todo menos convencional y se dedicaron a encadenar un tema nuevo tras otro a cual más extraño e indescriptible, obviando cualquier contenido de hits y obteniendo a cambio un recibimiento irregular por parte de un público más deseoso de escuchar temazos como My girls que en ver cómo cuatro tipos juegan al desconcierto. Más de uno, ante el percal, se escapó hacia el escenario Pitchfork donde Odd Future montaron el fiestón del siglo, metieron a decenas de personas en escena y fueron una alternativa joven y desquiciante en una fiesta que se prolongó una vez más hasta altas horas de la madrugada con The Black Angels, DJ Shadow y Caspa.
Mañana, en Koult, nuestra última crónica con lo que suceda hoy en el último día de festival, en el Poble Espanyol.












Meret Becker??? querrás decir Blixa Bargeld !!
Meret Becker es la ex mujer de Alex Hacke ocasionalmente colaboró con la banda en la
cancion Stella Maris….uf BLIXA FOREVEEER!!!!
MSV, fallo imperdonable… Cosas de tantos días sin descanso… Ya lo he corregido. Gracias por el aviso y sí, Blixa forever!