Literatura

Terrible man

Por G. Piqué 18 abr 2011 1
Terrible man

Arthur Cravan. Así que tenemos una bandera. En Land of plenty, el loco que piensa que el mundo se acaba tiene una bandera de los Estados Unidos en el techo de la furgoneta, en todo lo alto. El predicador la ve y le dice: Así que tenemos una bandera. Una frase especial, que quiere decir: bueno, has puesto una bandera ahí arriba, no me gusta, pero lo respeto, lo que no quiere decir que desde este mismo momento no lo vaya a tener en cuenta cuando piense en ti. Bien, con Arthur Cravan podríamos decir: así que tenemos un poeta boxeador. Es como la bandera estadounidense que lleva Lloyd (para el mundo de la farándula Cravan) en la frente.Todo esto (y lo que haya a partir de ahora) viene a que Caja Negra editó en 2010 –pero llegó a este país no hace tanto– un libro que bajo el título Maintenant recoge el contenido de cinco revistas publicadas por Cravan en el París de los años diez, además de algunos testimonios sobre el autor, notas de textos inacabados y reseñas. Un pequeño volumen donde está todo lo que escribió Cravan (porque toda la revista la hizo él –de un par de folios cada número, no asustarse; más mérito tuvo, no es lo mismo, no es lo mismo, el Quimera que se escribió enterito Vicente Luis Mora hace unos meses) y la mayoría de las cosas que personajes ilustres han dicho sobre el escritor. Una labor parecida, con menos textos tipo aledaño, hizo en 2009 el olivo azul, otra editorial. Estos dos libros, la biografía extensa que redactó Maria Lluïsa Borràs (qepd) para Quaderns Crema y parte de un número de la maravillosa revista Poesía es, creo, todo lo que hay en texto sobre Arthur Cravan. En cine, y por eso creo que es famoso Cravan, un raro famoso, está la conocida primera película de Isaki Lacuesta, Cravan vs Cravan. Es decir, que el libro de Caja Negra, aunque se parezca al de el olivo azul, es un acontecimiento. Caja Negra, esa editorial bonaerense que nos trajo las Historia(s) del cine de Godard en verso, extraordinarias, y los diarios de Jonas Mekas (un Mekas que ahí no se parece a Mekas), que llevan por título Ningún lugar adonde ir y que recomiendo vivamente.

Cravan, en resumen, fue un tipo ruidoso que escribió poquísimo (y no porque fuera Bartleby, no) y que murió misteriosamente. Un héroe del arte y del exceso –para él lo mismo–, un genio absoluto o un hombre con mucho miedo. Hablar de él es hablar de su biografía. Fabian Avenarius Lloyd nace y vive en Suiza hasta 1903. Mientras es un niño y cuando entra en la adolescencia sucede el proceso pseudo-inquisitorial a su tío, Oscar Wilde, pero parece que no le afecta en absoluto. En 1903, a los 16 años, y hasta 1909, básicamente viaja: Inglaterra, New York (Ciara dixit), California, Birmingham, Australia, Munich, Florencia. En 1910 se instala en Francia. Ahí es campeón de Francia de pesos medios. Todo el mundo habla de este título y lo cita como prueba de su nivel en este deporte. En realidad, Cravan era un buen boxeador pero no era un gran boxeador. El título de campeón de los pesos medios le fue otorgado en el 8º encuentro de los Campeonatos de boxeo para aficionados y militares organizado por la Federación de las sociedades de Boxeo; o sea, que no era el campeón absoluto de Francia, sino el mejor entre los aficionados. En 1912 funda Maintenant, y se escribe los cinco números y la reparte él mismo, al margen del sistema, en un carrito. También se casa y comienza a dar conferencias. En sus conferencias Arthur Cravan es pre-dadá. Dispara al aire, epata al burgués, apenas habla, hace strip-tease, ladra al respetable y practica boxeo. En 1914 empieza la guerra y termina la relativa paz de Cravan. Obsesionado con no combatir y lleno de miedo sus viajes se cuentan por huidas. Huye a Europa Central en el 14, vuelve el 15 para publicar el quinto número de Maintenant, va a Barcelona ese mismo año, en diciembre. En Barcelona da motivos para que le conozcamos y hayamos hablado de él: conferencias y el mítico combate de boxeo con Jack Johnson, en abril de 1916. Hay reproducciones de los carteles de la velada, que fue en la plaza de toros, al aire libre. El estropicio fue monumental, porque Cravan estaba resacoso, en un estado físico lamentable, y sólo deseaba cobrar y correr. A finales del 16 viaja a Nueva York. Un año después conocerá a la poeta Mina Loy, con quien se casará en 1918 en México. Para llegar a ese país antes Cravan ha seguido huyendo, con pasaporte ruso, a Filadelfia, Baltimore, Annapolis, Maryland y, con Robert Frost y disfrazado de soldado, a Terranova. Allí nadó y nadó por la frontera de Río Grande hasta México. Con nada de dinero logra que Mina Loy, embarazada del primer hijo de Cravan, viaje a Buenos Aires, donde el poeta boxeador se reuniría con ella en cuanto juntara lo justo para el pasaje. Pero ahí se pierde la pista de Cravan. Se habla de diferentes muertes y de diferentes motivos: que fue asesinado, que naufragó, que se suicidó; que estaba desesperado, que tenía miedo, que no quería crecer. Lo que está claro es que su no-muerte lo convierte en mito, y su vida lo describe como, antes que nada, un hombre polifacético confeso: “Mil almas habitan en un solo cuerpo”.

Que hablar de él sea hablar de su biografía, que es el quid de los famosos de las revistas rosas, es un problema cuando de lo que se trata es de hablar de literatura. Pero es que la literatura de Cravan es mínima, porque empezó a escribir a los 30 y porque escribió muy poco. Todo lo que queda de él es un avance, una intuición, una profecía de cosas que van a suceder luego y que apenas estaban en marcha. Sobre sus textos flota la maldición nube gris de doble hélice: que murió pronto y misteriosamente y que escribió poco. Morir pronto es estar condenado a ser promesa, y hace que sea muy fácil –lo quieras o no, tú no tienes nada que decir– que te canonicen por lo que pudiste ser, o sea, por lo que la gente sueña que pudiste ser. Hemos de fijarnos en Maintenant. Cravan en su revista habla con la voz y la conciencia del ciudadano político de aquello que tiene que reventar. Le incomodan los farsantes, los remilgados, los artistas que buscan la belleza en las cosas bellas. Harto de un mundo que no era el suyo, el suizo y de ningún lugar buscó en los lugares más alejados y en las personas más extremas algo de lo que consideraba verdadero. Nos recuerda su búsqueda al Herzog en las alturas de Tokio Ga, diciéndole a la cámara de Wenders que quiere ir a otro planeta a encontrar las imágenes que nos hagan caer en la cuenta de la maravilla, otra vez, que nos ayuden a recuperar el asombro. Cravan abominaba de los hombres que no cambiaban de peso. Él lo que quiere es estar con los mamuts. Su vida excesiva era la vida del animal de los casi dos metros, del boxeador amateur y del trasformista, del drag guapo, y todo eso lo convierte en su escritura, maleducada y malhablada en el proceso, poética en el final de la búsqueda. Por ejemplo, se imagina a Wilde, su tío Oscar que sólo unos años antes había sido procesado por homosexual, cagando como un hipopótamo. Lo hace en uno de los fragmentos importantes de Maintenant, una sección del número 3. Este texto puede dar el tono del modo y el porqué de la escritura de Cravan. Se trata de una ficción, tratada como real, en la que Cravan encuentra a Wilde. Lo que podría ser un panegírico es sólo un pretexto: incluso Wilde, Oscar Wilde, debe arrodillarse ante Cravan y despedirse de él al final de la visita diciéndole: “You are a terrible boy”. Una frase que para el escritor vivo es como un trofeo de pesca, o de caza o de campeón del mundialito. Pero también entre sus textos dice –y este es el momento de la llegada– que arrastra en su alma los colores de cien ciudades, un montón de locomotoras, de columnas rotas. Modernista, surrealista o futurista en la prosa poética, según le daba; callejero y mordaz en la crítica de arte; pre-dadá en las acciones; llano y desvergonzado en la crónica. Por esos hallazgos y por el conjunto Cravan y su obra son interesantes. Sabemos que lo que escribió en vida es valioso y creemos que lo que pudiera haber escrito lo habría sido más. Y tanto como creemos en él puede resultar conveniente dudar de él, aunque sea un poco o por poco tiempo. Porque Cravan dijo: “Es muy simple: escribo para hacer enojar a mis colegas; para que hablen de mí y para intentar hacerme un nombre. Con un nombre uno tiene éxito con las mujeres y en los negocios.” Esto es, Cravan puede ser una fiesta de hombre pero también un cobarde, que huyó sin parar del mundo para no responsabilizarse, que jugó todo el tiempo a ser un crío (soy el bebé de una época, decía) hasta que la ridiculez y el miedo le paralizaron los miembros. Entonces se metió en un barco y nunca más se supo. Esa es la otra opción.

  • Maintenant. Seguido de crónicas y testimonios
  • Autor: Arthur Cravan
  • Traducción: Mariano Dupont
  • Prólogo: Mariano Dupont
  • Editorial: Caja Negra editora
  • Páginas: 144

Un comentario »

  1. Ana Llurba 22 abr 2011 at 14:32 -

    Excelente reseña. Me encanta el catálogo de Caja Negra Editora. Tengo sus Re-versiones de Joy Division. Mr Cravan tiene una entrada, imperdible en el Diccionario de literatura para snobs de Fabrice Gaignault que edit Impedimenta ha publicado hace muy poco. Saludos a la musa colombiana!

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