Solange Rodríguez Pappe (Ecuador, 1976) es una narradora con una pasión desbordada por lo breve. Ha publicado los volúmenes de cuentos Tinta sangre (2000), Dracofilia (2005), El lugar de las apariciones (2007) y Balas perdidas (2010), y representado a su país en diversas ferias y encuentros internacionales. Sus relatos forman parte de las antologías Cielo de relámpagos (2008), Asamblea portátil (2009) y Todos los juguetes (2011), destacando que es una mujer nacida para la invención y la fabricación de eventos. Dicen los cronistas contemporáneos, los que saben, que Rodríguez Pappe ha vendido su alma a cambio de un repertorio de imposibles que es imposible de encontrar en tiendas como FNAC y El Corte Inglés. Y hoy, aunque imaginar la utopía de un hombre armado sea más importante que responder a este interrogatorio, Solange, incondicional como siempre, ha preferido ponerse en una situación incómoda.
¿Qué opinión te merecen las mujeres barbudas que no han optado por la vía circense, colega?
Bueno, lo que los hombres no saben es que las mujeres en realidad nos rasuramos todos los días, además de sacarnos las cejas y depilarnos las piernas. Nuestra barba es mucho menos poblada y tiene el vello más fino que la de ustedes, pero si dejáramos de hacerlo por un par de semanas se empezaría a notar un pelillo sobre el labio superior y al año tendríamos una barba muy abundante que incluso algunas venden para teñir de blanco y colocar a los Santa Claus en la época de Navidad, justo cuando se necesita algo de dinero extra.
¿Y los hombres barbudos que todavía no entienden que verse como un leñador nórdico no es sinónimo de sexy sino de leñador nórdico?
Otros allegados al Frente Independiente de Seres Barbudos, además de los potentados del Medio Oriente, los guerrilleros, los judíos ortodoxos y los “bear chaser” son los leñadores nórdicos. Estoy totalmente de acuerdo con que usen barba suya o ajena, de alguna manera deben protegerse del frío mientras cortan árboles, hacen carreteras, se arruman unos contra otros frente al fuego, se dan cariño frotándose o esas cosas que un leñador nórdico debe hacer para no volverse un bloque de hielo.
Esta pregunta podría incriminarte, Sol, pero es necesaria. ¿Le has disparado alguna vez a un novelista? Lo pregunto porque el año pasado publicaste Balas perdidas (Ed. Casatomada), y ese conjunto de relatos empieza con un texto llamado “Auto de fe”, que en mi opinión no sólo sintetiza una poética al jugar con la oposición cuentista/novelista sino que podría tomarse como una convicción personal, hermanada a la narrativa breve. La primera vez que leí el libro te imaginé sepultando novelistas por las noches. Y bueno, deseo aplaudir tus esfuerzos, tu filosofía de vida y decirte que cuando sea grande quisiera ser como tú.
No, no le he disparado a ningún novelista (aún), pero sí le he dado caza a personas que ingenuamente me han preguntado cuándo dejaré de escribir cuentos y me concentraré en la novela. Me parece tan patético como preguntarle a la exitosa ejecutiva que asiste a una boda cuándo se animará a ir por el matrimonio. Es increíble cómo son de entrometidos algunos seres humanos, queriendo que el mundo se ordene por géneros. No les basta con desear unir el masculino con el femenino, sino que también quieren agrupar toda la creación bajo el abrazo paterno de la escritura extensa y ordenada. Yo creo que justamente la novela, estructurada y canónica como se la conoce, debe morir para dar paso a un género más fragmentado y “en construcción”. Sin la experimentación, sin el juego, sin el irrespeto, ¿qué sería de nosotros?
Bueno, la verdad yo tampoco he asesinado a un novelista (aún), pero no voy a negar que cargo conmigo una lista llena de candidatos. Algunos ya están muertos, pero los remataría porque más vale asegurarse de haber hecho bien el trabajo. Alejo Carpentier, por ejemplo, a ese cachetón quisiera verle de rodillas suplicándome que no le dé de golpes con un látigo de armas.
¡Pues yo siempre he querido matar a Roberto Bolaño! ¡Cuando vi por primera vez 2666 pensé que se llamaba así por el número de hojas del libro! Tanta frondosidad es innecesaria. Pero ya con honestidad, el Frente de Mujeres Barbudas actúa rápido y limpiamente. Tenemos la creencia de que los ganadores del premio Alfaguara de novela deben morir sin piedad. Será un gran atentado al estilo de Fight Club. Vamos a hacer que todos muerdan el polvo en alguna ceremonia de premiación. Además de Carpentier, otro novelista muerto al que hay que rematar es a Stieg Larsson; de hecho, es posible que aquel infarto haya sido obra de otra organización justiciera y no del exceso de café y de cigarrillos
Te doy toda la razón. Bolaño se ha convertido realmente en una atracción de feria vecinal, pronto empezarán a vendernos sus declaraciones de impuestos o las anotaciones que hacía en la guía telefónica. Y del legado de Larsson me quedo con las películas (donde, a decir verdad, los tatuajes son más fotogénicos). Pero déjame proponerte algo, Sol, ahora que nos hemos sincerado. Si el mundo no nos juzgara, si la vida fuera otra, si comprara un coche descapotable y te llevara a Las Vegas, ¿te casarías con un aspirante a asesino como yo?
Sí, Salva, pero debe haber espacio para todo mi armamento en la cajuela de tu coche. Asaltaríamos Las Vegas juntos y luego moriríamos bajo una lluvia de balas al estilo de Micky y Mallory Knox.











