Literatura

Miedo de cristales rotos

Por José Ángel García Caballero 11 abr 2011 1
Miedo de cristales rotos

El lenguaje es el mecanismo que posibilita la convivencia con el entorno. La historia nos dibuja las épocas donde esa convivencia se hace más tensa o más fluida. Cuando las entrañas del primer mundo se enfrentan a la digestión incómoda de complejas crisis financieras y políticas, el ciudadano puede sucumbir al marasmo de impactos propagandísticos que le hablan de su forma de vivir y de su futuro en términos deterministas.O puede refugiarse en las palabras, ese puente hacia la habitabilidad de la ciudad esquiva. Es el camino que escoge Sara Herrera Peralta en Provocatio (Ayto. de Avilés, 2010), su último libro, que resultó merecedor del XVIII Premio de Poesía “Ana del Valle”.

Dividido en dos partes: El sueño sobre la ciudad trazado. Consequences y Los habitantes despliegan banderas o The city has left them deeply disbturbed; en él, la autora busca delimitar con palabras el espacio donde interactúan las sociedades contemporáneas en la época de la llamada globalización. Para ello, se sirve de elementos rescatados de la imaginería de la cotidianeidad occidental (supermercados, máquinas tragaperras, agencias de viajes, artículos domésticos…). Así, hablará del individuo alienado a causa de la sociedad de consumo y de sus temores: como ese estruendo,/ los habitantes siguen pidiendo auxilio.

Es interesante la propuesta de Sara Herrera porque realiza aportaciones que van más ella de los clichés reivindicativos asociados a la etiqueta de poesía social. Ella adapta bien la palabra al contexto, una de esas aportaciones es la de configurar el espacio urbano como un ente vivo con personalidad, de ahí el título de la segunda parte del libro, donde sin nombrar la ciudad, la autora dibuja ese escenario de apagón de la individualidad al sumirse ésta en las necesidades alimenticias del espacio urbano: La muerte es, para muchos,/ el premio al final del camino.//El ser humano, un animal/ con forma de máquina tragaperras.

Esta desfiguración del gesto del sujeto cívico es la consecuencia del declive de los sueños (Toda semblanza/ parece estar ya escrita) sugeridos en la primera parte del libro. Allí la ciudad con rostro de fábrica se convierte en el agente transformador de la materia: El humo de las chimeneas: / ése es el único temblor/ que se eleva por los aires.//La ciudad es una fábrica, gris y oxidada./ Están mandando cambiar los sistemas económicos,/ la composición de los elementos. Pero, a pesar de esta descomposición, la autora sigue buscando los instantes que revelen la presencia del individuo, como en la bella metáfora que concluye el primer poema del libro: En la teletienda/ están vendiendo abrefáciles para quitarle la piel/ a los desechos. // ¿Por qué sigues llorando cuando pelas la cebolla?

Verso libre y ritmo de significación medido. En este poemario, Sara Herrera busca sugerir con fotogramas de palabras el escenario donde habita la conciencia de la sociedad contemporánea. Tal vez por ello, esté muy presente la primera persona del plural (Somos cáscara,/ algo que cuelga con pinzas/ en el tendedero), que enfatiza ese determinismo hacia el vacío que dibujan los intereses económicos.

El historiador inglés Eric Hobsbwam dijo en alguna ocasión que no era posible entender la economía del siglo XVI sin leer a Shakespeare. Aquí alertaba de lo peligroso que resultaba mutilar la conciencia del motor de la historia. Sara Herrera, desde el camino inverso, se da cuenta de que un individuo que desdeña la historia es un individuo que desdeña la conciencia: La historia se inventa:/ sólo se imprime lo que se pretende./ Órganos comestibles/ para la masa.// El enfermo y el loco/ saben// que estamos al borde del abismo.

Un libro con aciertos importantes desde la sugerencia, que más que reivindicar, busca, a veces con desespero, el espacio de convivencia con la historia donde pueda erigirse la conciencia, o el lugar donde palpitan los miedos (Nuestros ojos han temido/ a la barbarie). Resultado que consigue, la mayoría de las veces, desde la belleza compositiva, aportando una mirada inteligente y medida a la realidad que nos circunda.

  • Provocatio
  • Autora: Sara Herrera Peralta
  • XVIII Premio de Poesía Ana del Valle
  • Editado por el Ayuntamiento de Avilés
  • 2010

Un comentario »

  1. ana 23 abr 2011 at 05:04 -

    !bien por sara!

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