Sofá y manta

Wendy y Lucy: Hombres con objetivos claros

Por G. Piqué 7 mar 2011 1
Wendy y Lucy: Hombres con objetivos claros

Cahiers du Cinéma, además de ser una revista de cine en Francia y una filial de esa revista en España, es la co-editora junto a la imprescindible Cameo de una selección de películas invisibles, que nos recuerdan esos listados que la propia revista publica en los resúmenes de lo mejor del año. Entre ese grupo de películas ahora ya para comprar y para alquilar y para coger en las bibliotecas (podría hacerse una hoja con dos columnas: bibliotecas que tienen esta película, bibliotecas que no la tienen) está Wendy and Lucy, una película que desde hace meses/años era conocida por la de la chica y el perro, porque en el cartel aparecía eso y porque cuando pasaba por festivales la foto de la reseña era ésa. Hasta estas navidades era todo lo que había; ahora, por fin, puede verse en casa, es visible. Junto a la lista de bibliotecas que sí y que no podemos hacer otra lista de trabajadores de la cultura y por la cultura. En esta segunda lista tenemos que meter a Ubu.com, tenemos que meter a la blogotheque, al festival de cine de las Palmas y tenemos que meter a filmin (interesantísimo e importante su festival Atlántida, ahora mismo en marcha: el primer festival de cine inédito online en nuestro país; si no sabes dónde ver lo último de Pedro Aguilera, Naufragio, ahí lo tienes; si no vives en Madrid o Barcelona y quieres ver Caracremada, o La vida sublime, de Villamediana, ahí las tienes). Y también, aunque en otra liga, tenemos que meter a la selección de películas de Cameo y Cahiers España. Hay más gente, claro, he puesto sólo algunos ejemplos, para entendernos.

Wendy and Lucy es la penúltima película de Kelly Reichardt, a quien no veríamos en nuestro salón (la hemos visto en festivales gracias al de Gijón, donde el cine de Reichardt es invitado habitual) si no fuera por este tipo de actividades culturales fuera de lo normal. Flotan por ahí algunos .avi de River of Grass, de Ode y de Old Joy, y viéndolos ya podemos saber que es una directora interesante, que valdría la pena tener al alcance pronto su última película, un western otra vez con Michelle Williams. Wendy and Lucy, con Williams y un argumento basado en el relato corto “Train choir”, de Jon Raymond, trata de una joven con un objetivo. Wendy Carrol, quizá twenty years old, arranca su coche para llegar a Alaska. Tiene una perra que se llama Lucy, un poco de dinero –ajustadísimo- y un mapa. Lo que le suceda respecto al mapa, a su perra y a su coche, y cómo lo sienta, es la película. 75 minutos que te reconcilian con las películas cortas. El texto de presentación del film, que firma José Manuel López, dice que “lo que interesa a Reichardt no es la atracción cinética de la velocidad o de la aventura, sino cómo esos personajes sin raíces que vienen de ninguna parte para llegar a ningún lugar pueden hablarnos de la América de hoy, esa América olvidada que comienza donde termina el arcén.” El resto del texto está muy bien pero no creo que Williams/Carrol sea alguien que va a ningún lugar. Hay millones de películas de gente que va a ningún lugar, biografías de todos nosotros, que son importantes y que nos explican; pero Wendy and Lucy me interesa más porque ya no habla de eso, o me parece que ya no habla de eso. Podemos discutirlo, pero si terminas de ver la película no piensas que has visto un trozo de vida sin más. Recuerdo la primera vez que vi –que leí- de trozos de vida sin más. Eran brillantes. Fue hace quince años o incluso más, y fue de la mano de una narradora española de nombre antiguo (Carmen Martín Gaite) que no tiene nada que ver con el cine pero sí con los trozos de vida desconectados. Quince años después, una película que se ha hecho porque se debía hacer y no porque se debía comerciar, me habla de dirección. Por eso hay personajes tan al margen en las películas de Reichardt, porque cuando uno tiene un objetivo los que no están al tanto son estúpidos, son carne de psiquiátrico; por ponernos estupendos: carne de psiquiátrico de pie apoyada contra la pared de un larguísimo pasillo blanco, horas y horas. Es como cuando te enamoras y cuando alguien cercano se muere. Que sales a la calle, miras a la gente, y no entiendes qué hacen, qué hacen que están fuera de lo que te está pasando, que no se enteran de nada.

Kelly Reichardt. Aún habiendo visto lo poco visible de su filmografía encontramos lugares comunes, lugares propios en Wendy and Lucy. Ode estaba basada en una novela de Herman Raucher y tenía banda sonora de Yo la tengo. Old Joy estaba basada en un relato de Jon Raymond, tenía banda sonora de Yo la tengo y uno de los dos protagonistas era el cantautor Will Oldham. Wendy and Lucy, basada en otro relato de Raymond, dedica unos minutos a ese cantautor, y una importante parte de la película a Lucy, la perra que, si no me falla la vista, es también parte del reparto de Old Joy. En Wendy and Lucy trabaja Williams, que es también la protagonista de la última película de Reichardt, Meek’s Cutoff. Equipos de trabajo pequeños, amigos, no actores sino personas que nos interesan. Es la forma de trabajar cuando quieres que todo quede en casa y salga de tu casa. Además de este grupo de amigos, la casa de la directora de Wendy and Lucy se compone de trenes y coches en movimiento, de personajes que marchan. También de relaciones especiales entre personas. Por ejemplo: ¿cómo se compondría una relación en pantalla entre Wendy y un vigilante? Lo fácil es crear una relación de amistad: chica necesitada encuentra hombre mayor que le da la serenidad y la sabiduría de la vida que presuntamente le falta. Salirse de eso, aunque lo parezca, no es sencillo: los matices, los matices. Los personajes de Reichardt y las relaciones que tienen son algo diferente, te explican más, se salen del tópico y de las habituales salidas del tópico para apuntar, tranquilamente, tímidamente, a otra dirección. En el fondo, la propia interpretación de los actores también tiene en mente ese trabajo. Puede parecer una tontería –también lo podemos discutir- pero creo que la forma de caminar de Wendy y Lucy, la relación entre Wendy y Lucy, cómo Lucy se enreda entre las piernas de Wendy y ella se gira para desenredarla, es mucho más que el trabajo de un actor y de una perra curtida en la interpretación. Podría decir el minuto concreto; lo ves y dices: oye, eso está bien. Además de la interpretación y del guión, Reichardt hace algo maravilloso con el sonido. Hay tarareos que son bandas sonoras y sonidos que son –topicazo- personajes. Sería un trabajo útil desenlazar las pistas de sonido, una obra buena. Desde el principio (las primeras secuencias de la película; no hace falta ser Tarr para hacerlo bien –rectifico: ojalá fuéramos Tarr) y hasta el final es una película para escuchar los ruidos, los silencios y los trenes pasar.

Ya está. No hace falta hacer una tesis y se trata de presentar una película, no destriparla. Esta película es Wendy and Lucy, 75 minutos, con Michelle Williams. Una joven con un objetivo. Hombres con objetivos claros.

  • Wendy and Lucy
  • Dirección: Kelly Reichardt
  • Guión: Kelly Reichardt, Jonathan Raymond
  • Reparto: Michelle Williams, Lucy, Walter Dalton, Will Oldham, Will Patton, John Robinson, Larry Fessenden.
  • Duración: 75’
  • Web oficial: www.wendyandlucy.com

Un comentario »

  1. Migue 7 mar 2011 at 10:56 -

    Cómo Cahiers alerta: cine invisible, además de necesario. La colección de los siete títulos de Cameo se hace imprescindible. Al menos cada mes estoy ansioso por ver que dos nuevos DVD’s salen en venta. Espero que sigan con la colección. A Michelle Williams ya hace tiempo que la tengo en un altar, quizás en el mismo que se debería poner al cine de Reichardt. Buenísima recomendación G.Piqué :)

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