El IVAM (Instituto valenciano de arte moderno) dedica una exposición al artista norteamericano Jasper Johns, adscrito por la crítica a los movimientos pop-art, neo-dadaísmo y expresionismo abstracto, hasta el próximo 24 de abril. La esplendida propuesta, aunque sólo sea por las escasas posibilidades de acceder en la actualidad a un centenar de obras de Johns dentro de un mismo marco espacial, resulta ser uno de los acontecimientos artístico-expositivos del año […]
El IVAM (Instituto valenciano de arte moderno) dedica una exposición al artista norteamericano Jasper Johns, adscrito por la crítica a los movimientos pop-art, neo-dadaísmo y expresionismo abstracto, hasta el próximo 24 de abril. La esplendida propuesta, aunque sólo sea por las escasas posibilidades de acceder en la actualidad a un centenar de obras de Johns dentro de un mismo marco espacial, resulta ser uno de los acontecimientos artístico-expositivos del año.Poco dado a acudir a actos públicos y recibir a la prensa: casi tan reacio a abrirse socialmente como los propietarios de sus obras a prestarlas a museos; tanto Johns, dispuesto a acudir a Valencia a recoger el premio Julio González en el mismo IVAM, como los poseedores de sus obras accediendo a proporcionar sus adquisiciones para hacer realidad una exhibición de uno de los precursores del pop-art, hacen de la contemplación de dicha reunión una excepcional oportunidad para apreciar una idea del conjunto de su trabajo a lo largo de más de medio siglo.

Acudir a una cita donde se concentran tanta cantidad de millones de dólares por metro cuadrado y tanto valor estético aglutinador de la esencia del arte de vanguardia de la mitad del siglo pasado, hace que visitar las cuatro salas intercomunicadas dedicadas a la exposición, denominada Las huellas de la memoria (quizás lo peor de la iniciativa: epíteto trillado y poco alusivo a la sustancia de las obras a las que guarda nombre), sea no sólo de entrada gratuita sino fascinante por su capacidad de expresar a través de la comunicación no verbal.
Las huellas de la memoria se inicia con varias obras que manejan la técnica del intanglio, impresiones calcográficas a un color, litografías sobre papel kurotami y diversas serigrafías que ya advierten la versatilidad del autor para manejar diversos materiales y recursos, así como variedad de formatos elaborados: la pieza estrella de la primera estancia de la exposición es la vitrina que guarda un libro de Samuel Beckett con 33 grabados de Johns.
La sobreescritura en diversos paneles aglutinadores de pigmentos con cera, forman una microscópica textura de tejidos cuasi orgánicos para la vista humana que hacen de la segunda estancia, y parte de la tercera, una visita en torno a los trabajos más expresionistas y abstractos (los que le llevaron a rozar el itinerario de Jackson Pollock o de Robert Rauschenberg) a través de una técnica de la encáustica cada vez más depurada.
La primera mitad del recorrido resulta ser fresca, un itinerario de incontestable artesano de las artes plásticas. Cuando se accede a la tercera y penúltima instancia ya se comienza a sentir el peso de la mitología contemporánea que Jasper Johns creo a partir de 1955, cuando pintó la primera de sus legendarias banderas. Las observamos, así como distintos mapas, tintas sobre plásticos y su gran labor litográfica a color. Las estancias se comunican con amplias entradas y salidas y observamos desde lejos la majestuosidad de la pieza estrella de esta exposición: Numbers, de 2007; una escultura de aluminio en forma de lienzo de casi tres metros de alto, dos de ancho y cinco centímetros de profundidad donde se sublima en pleno siglo XXI sus obsesivas contemplaciones reiteradas a través de la representación de números. En esa cuarta y última estadía el indiscutible valor de la obra de Jasper Johns se sustenta finalmente con una fascinante muestra evolutiva de su mayor consagración.

Lo que se demuestra finalmente al contemplar recursos y elementos temáticos tan recurrentes y reiterativos es la capacidad obsesiva del artista por sublimar sus filias y fobias como creador. De tangibilizar lo más depuradamente posible los conceptos abstractos que más le han preocupado en su larga trayectoria. Aquello que denota a primera vista reiteración en temas y elementos recurrentes, connota en última instancia, una necesidad de eliminar las barreras del espacio-tiempo, no preocuparse por la valoración crítica sobre una obra singular en concreto y acudir una y otra vez a esos recursos para manejarlos minuciosamente con apenas cambios formales pero substrayendo cada vez más poesía, más abstracción. Abandonar lo prosaico para acercarnos al quid de la cuestión. Y eso sólo se logra manteniendo una constancia versátil y auténtica, pero sincera y coherente con el objetivo de sublimación y perfección en su obra a lo largo de más de medio siglo.
Al final, la salida se debe realizar retomando las cuatro salas ya visitadas, trazándose a la inversa pero construyendo mentalmente un collage vivo, auténtico y forjado a través de consciencia (o no) de revolución artística. Pero aún es posible contemplar otra sublevación alucinante. Justamente en el piso de arriba, la grandiosidad (tanto de forma como de fondo) de la obra expuesta sobre el chileno Matta (de quién se celebra en este año el centenario de su nacimiento) logra emocionar: obras que se iniciaron como surrealistas y que terminaron siendo piezas visionarias que influenciaron sobremanera al expresionismo abstracto estadounidense del que Jasper Johns formo parte.










