Resulta complicado hablar de una obra cuando estás tan vinculado a ella pero ahora que el telón se cae tras un año de representaciones en diversas ciudades de la geografía española y éxito de crítica y público, creo necesario acercarla a aquellos que la desconocían.
Vuela nació hace varios años, en una conversación informal en que le presenté a Juan Francisco Viruega las canciones de ese fantástico autor que es Andrés Lewin, conocido por muchos por el hecho de ser el primer cantautor que asume sin complejo la homosexualidad en sus letras pero que, realmente, es bastante más que eso, es un auténtico artesano de la canción, un artista capaz de derribar los muros de la emoción con su especial forma de contar historias a través de sus canciones. Inmediatamente, pensó en la idea de hacer una obra de teatro musical con el soporte de sus temas al descubrir las posibilidades visuales de varias piezas de su repertorio.

Lo cierto es que, por aquel entonces, no tenía mucha confianza en que esa idea se transformase en algo tangible. Las personas con la creatividad de este joven director acostumbran a tener en mente infinidad de proyectos de los que, finalmente, pocos llegan a convertirse en realidades. No contaba con que Juan Francisco Viruega es de esa “rara avis” de persona que lleva a cabo todo lo que se propone, estirando y aprovechando las horas del día de un modo admirable y que, aunque aparque algún proyecto por falta de tiempo para llevarlo a cabo en un momento determinado, finalmente termina por retomarlo, como sucedió con Vuela, el musical que se gestó en cuanto terminó de rodar su cortometraje Estocolmo, multipremiado internacionalmente a lo largo de 2010, y tras graduarse en la ECAM.
En pocos meses y con la colaboración de Raúl Portero, premio Terenci Moix de narrativa Gay y Lésbica Fundación Arena, tenía preparado un guión sorprendente, cargado de sensibilidad pero con la dosis suficiente de humor e ingenio para no caer en la sensiblería que mostraba una serie de personajes secundarios, perfectamente retratados, con su propia enjundia hasta el punto de que podría hacerse un spin off con cualquiera de ellos, y una pareja protagonista de la que resulta imposible no enamorarse, todo ello aderezado con divertidos números musicales que encajaban milimétricamente con lo que pedía el guión en cada escena.
Vuela, el musical ha sido el primer montaje teatral español de temática homosexual y a pesar de ello, era perfectamente entendible y disfrutable por todo tipo de público al retratar el desencanto de una generación que intenta hacerse un hueco en una sociedad marcada por la carencia de ideología, la crisis económica y la transformación de las relaciones humanas.

La obra navega entre la comedia, el drama, el romance y el musical con gran naturalidad consiguiendo embaucar al espectador que rápidamente siente a los personajes como cercanos y les acompaña a través del año de sus vidas que comprimen y comparten en apenas dos horas de duración.
El elenco de Vuela, el musical fue seleccionado tras un casting, especialmente multitudinario para tratarse de una obra independiente, en el que demostraron que podrían dar vida como nadie a esos personajes tan bien construidos.
La interpretación de Antonio Villalba (a quien hemos visto anteriormente en Cabaret o West Side Story) como protagonista tiene enorme mérito al pasar por todo tipo de estados anímicos y empatizar con el público por la humanidad y fragilidad de su personaje, Sergio Pozo (a quien vimos en 666) es su perfecto contrapunto, y tiene la habilidad de que los espectadores deseen que sea el partenaire perfecto del protagonista a pesar de su misterioso pasado y de ese aura de chico bohemio, independiente y torturado que ha de exhibir, Pedro Martín (Silenciados) es delicioso en su complicado doble papel como acotador – maestro de ceremonia – y “Ángel”, uno de los personajes más intrigantes de la obra, Iván Hernán (Willy Fogg entre otras incursiones en teatro y en el género musical) un auténtico todoterreno que logra como nadie su papel de “malo malísimo” para posteriormente ser redimido en uno de los numerazos musicales de la obra (Rehén por rehén), Blanca Jara (La conjura del Escorial entre su filmografía) es capaz de resultar tan creíble como madre a como lo es de hija sin necesidad de atrezzo para ello y lleva a cabo algunas secuencias inolvidables, Juan Luis Peinado (actualmente en Los ochenta son nuestros) actúa con una naturalidad pasmosa y resulta francamente divertido en ciertos pasajes de la obra e Igor Luna (actualmente en la obra Trampa para insectos) que destaca por su frescura interpretando al mejor amigo del protagonista. Tras algunas bajas en las últimas funciones por incompatibilidad de horarios con otros proyectos, se incorporaron a la obra cuatro actores más: Héctor Tomás, Patricia Espejo, Miguel Ángel Jiménez y Daniel Acebes, a quienes he podido ver menos, pero que realizan un trabajo muy solvente y de altura. Es destacable que este elenco además cuenta con un conjunto de voces muy diferentes que logran acoplarse a la perfección cuando cantan al unísono y francamente interesantes cuando tienen que hacerlo en solitario. En muchas funciones, acompañando sus voces se contó en directo con el pianista Alejandro Martínez y el violinista Marino Sáiz, los músicos habituales de Andrés Lewin en sus conciertos, que con su desbordante talento musical han creado una hipnótica atmósfera cuando se ha podido contar con su presencia.
Entre otras partituras del cantautor argentino hemos podido disfrutar en la obra de canciones como Mensaje telefónico, Sin billete de vuelta, Este fin, Rehén por rehén, Mi curriculum, El gato sabio o Vuela destacando una puesta en escena y unas coreografías poco habituales en la escena independiente.

Hasta ahora he enumerado gran parte de las virtudes de esta obra, como su brillante guión, el elenco y la fabulosa dirección de actores de Juan Francisco Viruega, o la selección musical y ambientación pero creo que lo más destacable es comprobar cómo un montaje sin medios económicos detrás y aprovechando las licencias que concede el teatro, logra sumergir al público desde su butaca en un universo propio y lo hace a base de talento e imaginación, haciéndonos ver más allá de lo que estamos viendo y consiguiendo aquello que muchas obras con gran respaldo y fondos no han logrado: alcanzar el corazón y emocionar a centenares de espectadores.
Vuela, el musical ha estado presente en diversos escenarios de la capital a lo largo de 2010 y principios de este 2011, pero también ha viajado a ciudades como Elche donde arrasó tras representarse en el festival Diversa y tiene entre sus peculiaridades haber sido la única obra de teatro que se ha representado en la historia de la popular sala de conciertos madrileña “Galileo Galilei”, siendo además uno de los principales reclamos culturales de la pasada semana del Orgullo Gay en Madrid, con representación diaria y lleno hasta la bandera. Este fin de semana se despide momentáneamente de los escenarios en el teatro Liberarte, para dar paso a otras funciones y proyectos personales, pero espero que su calidad sea recordada y dentro de unos meses podamos volver a volar con esta pequeña gran maravilla.











