Juan Terranova (Argentina, 1975) no es un autor de pocas palabras. Ha publicado las novelas El caníbal (2002; 2010), El pornógrafo (2005), Mi nombre es Rufus (2008), Los amigos soviéticos (2009), el conjunto de relatos Música para rinocerontes (2010) y libros de crónicas como La virgen del cerro (2007) y Peregrinaciones (2008), entre otros títulos recomendables. A su trabajo de escritor le suma el de recopilador, con las antologías Buenos Aires Escala 1:1 (2007) y Hablar de mí (2009), subrayando que el hombre versátil del siglo XXI es aquel que vive en carne propia la simultaneidad de las cosas. En su bitácora personal (El Conejo de la Suerte) encontrarán la siguiente frase publicitaria: “Lugares exóticos, escenas macabras, mujeres fatales, historias secretas, sensualismo exacerbado, ocultismo y magia”. Y hoy, aunque vestirse con las orejas de un conejo sea más imponente que responder a este interrogatorio, Juan, incondicional como siempre, ha preferido ponerse en una situación incómoda.
Tarde-noche, camino rural en medio de ninguna parte. Tu auto se queda sin gasolina y tras andar un largo trecho llegas al Hotel Bates, pero no es Norman Bates quien te atiende, sino su primo segundo: Clifford Bates, feroz podófilo… y lo que me faltó mencionar es que tú no eres exactamente tú sino un pie muy bien perfumado… ¿Te dejarías tocar el dedo meñique?
Bueno, no me veo reflejado en un pie perfumado. ¿No? Mis pies están bien cuidados, pero si yo fuera un pie no sería uno perfumado, o al menos yo no lo veo así. Quiero decir que sería un pie más bien descuidado, sucio, embarrado. Si para Clifford eso está bien, para mí también.
Ahora invirtamos los roles. Tú eres Clifford y Clifford el pie del deseo. ¿De qué serías capaz, Juan?
A mí los que me gustan son los pies femeninos y todos sus calzados. Sandalias, botas, zapatillas. En mis novelas por lo general las chicas usan medias a rayas porque me gustan mucho las medias rayadas en los pies femeninos.
Yo soy más del estilo naturista, ¿sabes? Pies descalzos en medio de un jardín. Pero hablemos mejor de tu obra y específicamente de Los amigos soviéticos (2009), novela sobre el compañerismo y las ideologías. Recuerdo que al principio del libro el protagonista porteño y sus dos amigos rusos invierten el tiempo en actividades que mi abuela consideraría actos de pura anarquía. Uno de ellos es disparar con un rifle de aire comprimido a un grupo de manifestantes y sus cacerolas. El gentío resulta ileso, pero pensando ya en el derecho a la vida de todo lo que nos rodea, ¿no te arrepientes de haber puesto en peligro la integridad física de cacerolas inocentes?
En Buenos Aires las cacerolas nunca son inocentes o, mejor dicho, nunca son ingenuas. Tienen una corta pero importante actividad política. Han luchado por el bien y por el mal, dependiendo de qué sector de la clase media las golpeaba.
Algo entiendo de eso, cuando era pequeño el sector de la clase media que solía golpearme era el de Púberes Abusivos. Aún tengo las cicatrices y los relatos de terror. Ahora bien, hay algo que me intriga, y creo que todo el mundo se lo debe haber preguntado más de una vez, ¿tiene Juan Terranova un botoncito en el ombligo que dice “PRESIONAR EN CASO DE URGENCIA”?
Dios mío, ¿qué es esta pregunta? No, no tengo botoncito. Pero si existiera, y alguien lo presionara, seguramente me cagaría encima. Salvador, preferiría hablar de crítica literaria en vez de sobre posibles botones ocultos para las emergencias.
No lo dudo, Juan. Y yo sobre cineastas balcánicos, pero mi contrato con Koult dice explícitamente en la cláusula # 32 que la pregunta sobre el botoncito la tengo que hacer cada cuatro meses. Es una política de la Gerencia. De todos modos, si no te molesta, me gustaría terminar nuestra charla reflexionando un poco acerca de esta época de íconos vacíos. ¿Qué sugerencia, ahora que Lindsay Lohan ha tocado el fondo del fondo, le harías a un joven que no tuvo la oportunidad de ver a David Hasselhoff en la cumbre de su carrera?
No, protesto, esta no es una época de íconos vacíos. Estamos llenos de íconos de la altura de Hasselhoff. Por ejemplo, Lady Gaga es Hasselhoff y KITT todo junto en una mujer. Por lo demás, El auto fantástico (El coche fantástico) era una gran serie y todos deberíamos volver a ella, no arrobados por la melancolía sino con el empuje de aquellos que buscan su identidad en la tradición. Ese sería el consejo, bucea en la tradición, identifica tus ídolos, y no caigas en la nostalgia, que siempre es vivir un poco a través de otros.











