La cartelera vuelve a palpar dos géneros tan manidos como la ciencia-ficción y el noir a través de dos propuestas estimulantes respecto al modo re-actualizado por el cual se lanzan dentro de tales esquemas de naturaleza tan marcada. Si bien en El demonio bajo la piel, basada en la novela escrita en 1952 por el novelista y guionista estadounidense Jim Thompson (autor, entre otras, de La huida, llevada al cine por Sam Peckinpah, o Los timadores, por parte de Stephen Frears) el británico Michael Winterbottom se ha aventurado, dentro de su prolífica e inclasificable filmografía, por uno de los pocos registros que apenas había tocado como narrador: buceando dentro de los límites del cine negro más que homenajearlo sin más; el también británico Gareth Edwards, advenedizo en largometrajes pero con carrera a sus espaldas como guionista, cortometrajista, realizador de ficción en televisión y técnico en efectos visuales, ha presentado en su primer largo, Monsters, una sugerente muestra de fantástico desarrollada a partir de centrarse en las relaciones humanas íntimas y no en la aparición terrorífica de criaturas.

En el fondo, ambos estrenos respiran aire indie y vocación alentadora contra el sentido convencional que suelen seguir esta categoría de producciones. El demonio bajo la piel narra en primera persona la bifurcación del punto de vista de su narrador: sheriff adjunto de una pequeña localidad del oeste de Texas que camina por el filo del buen profesional que cata religiosamente los principios de la ley por la que trabaja, al mismo tiempo que empieza a experimentar ataques enfermizos donde desata una violencia incontrolable. Y Monsters camina sobre derroteros tanto de ciencia-ficción: la NASA descubre vida extraterrestre, pero la sonda que lleva las pruebas se estrella en pleno estado mexicano y se escampa la infección; así como por rumbo de historia de iniciación amorosa entre un reportero fotográfico en terreno hostil y la joven, hija del jefe del periódico para el que trabaja, a la que tiene que acompañar sana y salva hasta casa.

Lo alentador de ambas propuestas se halla en el punto de vista por el cual se deciden tales narraciones. Notables trabajos de ocularización (lo que al espectador se le muestra) y focalización (lo que el espectador sabe) a través de dos propuestas donde la violencia, o fluye latente como peligro desconocido y casi invisible en Monsters (¿existen realmente esas criaturas? ¿Cómo son? ¿Cómo atacan? ¿Cuál es su primera necesidad? ¿Pueden ser vistas?), por lo cual el espectador está tan perdido como sus dos omnipresentes personajes principales, descubriendo poco a poco la situación alarmante por la que pasa el país, al mismo tiempo que lo verdaderamente importante: las relaciones emocionales entre ambos, vaya apartando a segundo plano lo que el género de ciencia-ficción suele tener atado como principal arma narrativa: el monstruo llegado de otro planeta. Y es que como sucede en El demonio bajo la piel, lo que se oculta dentro del ser humano: sea pasión desenfrenada, violencia latente, amor, odio, mentira, traición o melancolía resulta ser el elemento que termina perturbando en primera instancia las vidas de estos seres y, por transmisión, el conocimiento y la visualización del espectador.

Monsters halla en lo subjetivo (más convencional en su técnica, pero más profunda en sus logros que la estimulante dentro del género fantástico kaiju, Monstruoso — Matt Reeves, 2008– ) el modo más lírico para hallar el punto exacto donde es posible hilvanar un género dentro de otro género tan marcado como el fantástico, la ciencia-ficción o el kaiju, y llegar a brillar más por el subterfugio del género dramático y romántico. Hay tensión por falta de conocimiento e información, pero no hay ataques explícitos de unas hipotéticas criaturas, sólo vuelcos del corazón y emociones a flor de piel con miedo por llegar a florecer un romance entre dos personas con vidas opuestas que nunca se habrían fijado recíprocamente si no estuvieran en esa situación límite. Como en Abbys (James Cameron, 1989), pero sin un presupuesto en producción estratosférico, sino de índole independiente, el monstruo late en el interior de la persona en forma de amor oculto y miedo por ser sincero y salir de los márgenes que marca la sociedad: todo termina siendo tan poético visualmente que esa emoción se derrite en algo fantástico pero no del todo terrorífico.

Los mismos límites se palpan en El demonio…, aunque aquí el territorio (el Estados Unidos profundo) asfixie a sus protagonistas (un Casey Affleck más que solvente y una Jessica Alba tan femme fatale y tan vulnerable que recuerda a la mismísima Gloria Grahame) y los monstruos latentes interiormente fluyan con más furia y con brutalidad extrema. Como espectadores vemos y vivimos esa violencia oculta que aparece repentinamente y que tarda en ser vista por el resto de la sociedad. Entre la visión de reconstrucción de Crimenes imperfectos, pero en primera persona, y el ejercicio de estilo que huye del homenaje para recrearse en el meollo de la cuestión: el fino muro que separa la luz de la oscuridad; tanto el film de Winterbottom como el estimulante ensayo dentro del género de ciencia-ficción por parte de Edwards (antes que se insmiscuya por completo en el nuevo proyecto de Godzilla), nos traen finos y agudos ejemplos de diagnóstico sociológico y psicológico que, como los géneros que hipotéticamente trabajan, se hallaran siempre a nuestro lado: ocultos o no.
- El demonio bajo la piel
- Título original: The killer inside me
- Suspense, Estados Unidos, 2010
- Director: Michael Winterbottom
- Reparto: Casey Affleck, Kate Hudson, Jessica Alba
- Guión: John Curran
- Duración: 109 minutos
- Distribuida por: Tripictures
- Estreno en España: 21 de enero de 2011
- Monsters
- Ciencia Ficción, Reino Unido, 2010
- Director: Gareth Edwards
- Reparto: Whitney Able, Scoot McNairy
- Guión: Gareth Edwards
- Duración: 94 minutos
- Estreno en España: 21 de enero de 2011
- Distribuida por: Avalon









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