Un día Lucía le dijo a Sergio “Fuenteovejuna es Ciudad Juárez”. Se lo diría, seguramente, por Skype, porque ella estaba en Nueva York y él, en Madrid. Ahí empezó todo. Sergio empezó a adaptar el texto. Lucía empezó a idear la puesta en escena. Esto, supongo, también por Skype, porque en julio Sergio se vino a Nueva York y Lucía se fue a España. Hace ya varios meses que trabajan juntos en un teatro de Queens: ayer se estrenó De Fuente Ovejuna a Ciudad Juárez.
En la Fuente Ovejuna de Queens no hay protagonistas. Sergio –que es Sergio Adillo, investigador del CSIC, actor y dramaturgo– se encargó de que el texto de Lope fuera más bien un ejercicio coral, el grito de un pueblo entero que traspasa continuamente la cuarta pared hasta llegar a un público, que, ya ahí, deja de serlo. Tampoco hay segundas personas de plural: los “vosotros” se han sustituido por “ustedes”. Mengo, el aldeano de la obra de Lope, es ahora un niño al que no le tiembla la voz cuando confiesa que quien mató al comendador fue Fuenteovejunica. Tampoco hay Reyes Católicos como garantes de la estabilidad final: la trama histórica de la obra original son ahora discursos del presidente Calderón que dan a la puesta en escena un aire entre irónico y sórdido. El comendador y Fernán Gómez esnifan cocaína. Las mujeres han pasado de trabajar en el campo a ganarse la vida en esas fábricas de opresión que son las maquiladoras. Y sin embargo, esta Fuente Ovejuna es Lope.
La escenografía es sobria: apenas tres bancos de madera que cambian de función a lo largo de la obra. La puesta en escena de Lucía –que es Lucía Rodríguez Miranda, gestora, educadora teatral y directora– no lo es. La violencia empieza de a poco, el ritmo empieza de a poco, los parlamentos se van posando y, por un momento, una piensa que ya no hay más. Que se va a quedar en una obra de esas que una mira tranquila desde la butaca mientras los actores se dan la réplica con un poco de monotonía. Pero no. Lope lo tenía bien calculado; Lucía, también. Justo en ese momento de duda, la obra estalla. Ya no se sabe dónde queda el público y dónde el pueblo, porque todo es fiesta, música –en escena está también La flor de Toloache, un grupo de mujeres mariachis–, tequila, alboroto. Por eso, cuando el Comendador irrumpe en la escena, la tensión dramática es total; y por eso, cuando el pueblo de Fuente Ovejuna –o de Ciudad Juárez– empieza a decir la famosa “¡Mueran tiranos traidores! ¡Tiranos traidores, mueran!”, es difícil distinguir si el susurro –después grito– viene de la escena, del patio de butacas o de ambos a la vez. Todo esto, en una versificación escrupulosa y en seis acentos diferentes. En esta Fuente Ovejuna hay actores de Ecuador, de Puerto Rico, de Colombia, de Estados Unidos, de México y de España. Cosas que pasan en Nueva York.
La compañía que ha hecho posible esta Fuente Ovejuna se llama The Cross Border Project. Y la del estreno de ayer es sólo una frontera más. No es una compañía de teatro convencional. Antes de entrar en la sala, el público pasa por una exposición sobre el feminicidio de Ciudad Juárez. Todos los integrantes son voluntarios. Para hacer esta obra, se han entrenado con técnicas del teatro del oprimido.

Sólo una cosa más: del techo de la sala cuelgan zapatos. Muchos. Zapatos de mujer. Me explican que en los crímenes de Ciudad Juárez se encuentran siempre los zapatos. Que a veces a las mujeres las queman, las descuartizan, literalmente las desaparecen, pero siempre quedan los zapatos como testigos de esa presencia quebrada. Por eso presiden la sala, encaramados junto a los focos, y también vertebran los momentos claves de la obra, los zapatos como metáfora de lo que ya no está pero pesa, de una voz que se pretende acallar pero resuena. En obras como esta, por ejemplo. La primera víctima del feminicidio de Ciudad Juárez apareció muerta en 1993. El año pasado asesinaron a cuatrocientas mujeres. Los asesinos siguen impunes. El gobierno de México calla. Al salir del teatro, una mira hacia el suelo y siente un escalofrío al verse los pies.
- De Fuente Ovejuna a Ciudad Juárez
- Compañía: The Cross Border Project
- Lugar: Thalia Theatre
- 41–17 Greenpoint Avenue, Sunnyside, Nueva York, 11104.
- Entradas: de 12 a 15 dólares.
- Del 3 al de 12 de diciembre.









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