Con Baraka Teatro combina muy bien el silencio. Y la penumbra. Y la media voz con la media luz. Y de la mano de uno y otra, el movimiento pausado. Como un vals vienés con la boca cerrada. Como una plaza de toros que enmudece a las cinco de la tarde. De no darse estas condiciones difícilmente podría producirse el milagro. Y sus montajes tienen esa condición: son pequeños prodigios que ungen al público y los hace salir transformados. El público sonríe. El público se estremece. Días después, semanas después, a uno todavía se le eriza la piel cuando alguien le habla de El sueño de las manzanas, el montaje con el que Baraka Teatro fueron nominados 3 veces en los últimos Premios Max.
Vuestro teatro asume el riesgo de la distancia corta. Mientras actuáis en lugares como la sala pequeña del Teatro Español o el Corral de comedias de Alcalá [donde han tenido una gran acogida recientemente], ¿sois conscientes de que la honestidad pasa una prueba de fuego en cada función?
Es un vis a vis de energías, es alimentarte del aliento del espectador, es mirarle cara a cara y comprobar cómo las palabras hurgan en lo más profundo de su alma.
La gente que viene a veros suele ser gente que antes ha oído hablar de vuestro pequeño milagro. Así, gracias al boca a boca, habéis llenado teatros en Londres, en Alicante, en Madrid. Y habéis ganado premios. Y habéis actuado en el Español. ¿Cuánto es mérito vuestro, y cuánto se le debe al halo benefactor de Lorca?
El universo lorquiano siempre es garantía de éxito porque por muy mal que queramos estar los actores o la puesta en escena, su palabra es su palabra y siempre llega al corazón. Baraka no lleva el tiempo suficiente como para llenar teatros por trayectoria con lo cual agradecemos mucho, como dices, que los espectadores corran la voz. Lo que sí que es cierto es que es un espectáculo precioso y sorprendente, universal. La gente se queda con la boca abierta. Un espectáculo diseñado por María Caudevilla con una precisión de cirujano.

Os he seguido con el Lorca de El sueño de las manzanas. En Alicante, en Elche, en Madrid. He mirado desde detrás de las bambalinas, por si estaba allí escondido pero no, no lo he visto: ¿Por qué no habéis traído el Lorca tópico, como era de esperar? ¿Los gritos de la muerte desgarrada? ¿La homosexualidad, el flamenco? ¿La injusticia? ¿La mujer insatisfecha?
Porque Lorca también es un canto a la vida desde la alegría, el amor y el humor.
Nuestra apuesta fue doble: por un lado llevar de la mano a los amantes de Lorca por un mundo de sensaciones y sentimientos distintos a los que suelen experimentar en los teatros, y por otro introducir al poeta a los no iniciados a través del artista menos conocido: el Lorca surrealista, el Lorca viajero y universal. Un poeta y dramaturgo maduro que se aleja del drama de Yerma o La casa de Bernarda Alba. Son textos inacabados, son sus cartas, sus anécdotas en la Residencia de Estudiantes… Un Lorca muy humano y lleno de vida. También hay lugar para la creación propia, para la inspiración. Todo esto lo metimos en la batidora, con una música preciosa y lo regamos de color, ternura y humor.
La Residencia de Estudiantes. La Colina de los chopos. Habladme de la Colina de los chopos. En un día normal la Colina es un lugar calmo y silencioso pese a la proximidad de la Castellana. Un lugar así es idóneo para la procreación (teatral). Buena parte de la imaginación de Lorca, de hecho, tiene deuda con ese lugar. Claro que vuestro último montaje, Miguel Hernández, Labrador del Viento también tiene una deuda con ese entorno en el que Miguel Hernández quiso, pero no pudo entrar. ¿La Colina es mágica? ¿O hubo una España mágica?
El calor, el agua, el viento, la tierra… Son los cuatro elementos. Un manantial de creatividad y sensaciones. Es la vida. Como la fruta que crece en estos campos. Como el teatro. Hay una España mágica. Apaga la tele y escucha a la gente, verás qué sorpresa.

Lorca, Miguel Hernández… para continuar con la frustración de España, ¿vuestro próximo montaje girará en torno a la Quinta del Buitre? ¿A la economía del ladrillo? ¿Al sistema español de pensiones, moribundo?
Ante la frustración sólo caben dos actitudes: resignarse o utilizar tu imaginación y buscar las oportunidades. BARAKA nació de esta segunda postura vital, la misma por la que optaron nuestros queridos poetas. En España hacen falta mentalidades críticas que vayan contracorriente y sean capaces de cuestionar lo que “oficialmente” se nos dice. Nosotros, desde nuestra humildad, como antes hicieron Miguel y Federico con las Misiones Pedagógicas o La Barraca, intentamos aportar nuestro granito de arena y “conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas”.
Sois jóvenes, el futuro es una insignia en vuestra frente, pero queremos saber que no sois mutantes, queremos saber que habéis crecido como todos los mortales hasta llegar aquí. Queremos saber si tenéis deuda contraída, o si vivís de rentas: ¿la atracción por el silencio os viene de Harold Pinter, o del silencio en sí? ¿Aprendisteis historia con Bertolt Brecht, o con alguno de sus hijos? ¿Habéis aprendido a empujones de la fe, como casi todos, o sois un comando bien adiestrado que ha llegado a la tierra en misión interespacial?
Pertenecemos a una generación que creció jugando en la calle, que nos hacíamos nuestros propios juguetes, que mirábamos las estrellas en los viajes en coche… Nuestros cajones eran la cueva de los tesoros, una fuente de inspiración. Ahí tienes la respuesta. Interpretar es jugar, “jouer”, “to play”.

Me pregunto cuánto pesa en vuestra formación Stanislavski. O la Abadía. Si odiáis los métodos. Si sois métodos diversos. Me pregunto si sufrís adicción por la técnica o dejáis que el instinto haga su función. Eso sí: no me neguéis que todos los miembros tenéis una trabajada formación teatral a vuestra espalda. ¿Esa formación concienzuda es el signo de los tiempos?
Es cierto. En Baraka hay una representación de muchos estilos y escuelas. Es muy importante seguir trabajando y formando nuestra principal herramienta: nuestro cuerpo. Trabajar las emociones, la sensibilidad, el físico, la voz… Somos como una gran coctelera donde todo cabe. Hay grandes maestros de los que aprender pero lo más importante es hacerse uno mismo su propia técnica y estilo. Particularmente, creo que para nosotros, para “la voz del pueblo” (que diría Miguel Hernández) es dispensable tener siempre debajo del brazo el periódico para que no nos perdamos en teorías y métodos.
Yo insisto: sigo creyendo que sois mutantes en misión interespacial: Baraka eclosionó tras el choque de galaxias errantes. De hecho el grupo actual es una evolución de aquella primera formación de Baraka que unió el talante latino con el inglés. ¿Hay algo de esa confluencia en vuestros rasgos distintivos?
Si te fijas, hemos empezado nuestra andadura con Lorca y Miguel Hernández. Ellos, partiendo de una España muy profunda, vivieron ese Madrid de los años 20 que Maruja Mallo, eterna amiga del poeta de Orihuela, exclamaba que “¡Es Europa!”, haciendo referencia a un espíritu renovador y siempre inquieto, propio del viejo continente que se agita cuando se vuelve demasiado conformista. Quizá haya algo de ese carisma en nosotros.

Ellos son así. Honestos, pese a que es un estilo que ya no se lleva. Ahora podrán entender mejor esa forma de hacer teatro íntimo, marca de la casa, que les describía al principio. No dejen de verlos si tienen ocasión. Incluso un perro viejo en asuntos lorquianos como Ian Gibson quedó sobrecogido con El sueño de las manzanas, de Baraka Teatro.
Creo que Lorca mismo se habría estremecido de verse interpretado así de bien.








