Tatiana Goransky (Argentina, 1977) es una escritora y cantante de jazz que también estudió dramaturgia. Ha publicado las novelas Lulúpe María T (Editorial Símurg, 2005), ¿Quién mató a la cantante de jazz? (Tantalia, 2008) y recientemente Don del agua (Ediciones Gárgola, 2010). Durante los últimos años se ha dedicado a la columna de culto Séxodo, espacio imprescindible para los amantes de las buenas costumbres, que se editó en varios medios de Internet y gráficos, y que actualmente se publica en su blog oficial (http://sexodo.blogspot.com) y en la revista Los Noveles. Junto a sus dos bandas de jazz: Del Sur Quinteto y Kingteto ha conquistado numerosos oídos con dosis fuertes de temas de Billie Holiday y Charlie Parker. Y hoy, aunque aspirar debajo de las alfombras suene más interesante que responder a este interrogatorio, Tatiana, incondicional como siempre, ha preferido ponerse en una situación incómoda.
Hablemos de huevos, Taty, ¿crees que sería acertado de parte de Lady Gaga bailar con un testículo gigante sobre la cabeza o te parece que un saquito peludo desentonaría completamente con su nariz?
Creo que un saquito peludo es justamente lo que le hace falta a alguien que creció en una escuela católica llamada Convento del Sagrado Corazón. Por otra parte, las narices y los huevos siempre se llevaron muy bien, no hay más que contemplar fijamente la anatomía masculina o un desayuno inglés.
¿Y un sombrero con forma de almeja?
Después de Carmen Miranda, no pienso que exista ningún sombrero verdaderamente original. ¿Puedes imaginarte cargando esos kilos de fruta en temporada de verano rodeado de tábanos y otras monstruosidades? Yo le digo a Lady Gaga que se ponga lo que quiera, pero si llega a elegir una almeja que no lo haga por su connotación sexual, sino por una genuina devoción hacia Family Guy.
Ah, “La almeja borracha”, uno de mis lugares de esparcimiento favoritos. Y hablando justamente de almejas, ya que nos hallamos en plan molusco, leía hace poco tu nuevo libro: Don del agua (Ed. Gárgola, 2010), y me he topado con un personaje “distinto”, “un profesional de la disciplina acuática” lo llamas tú, me refiero al simpático Buzo, un hombre obsesionado con las aguas abisales, fanático de Jacques Cousteau y los arrecifes de coral. En Buzo percibo la misma obsesión que tiene Hugh Hefner por los cocos y las pelotas de baloncesto. Desde tu punto de vista, ¿por qué a Buzo le gusta estar todo el tiempo mojado? ¿Pulsión de vida? ¿Catarsis?
Es verdad que los dos son seres increíblemente obsesivos, y es justamente lo que me atrae de ambos; sin embargo, no pienso que Buzo esté en el agua ni por una ni por otra cosa. Además, temo que si sigo hablando de esto, terminaré deschavando parte importante de la novela. Eso sí, habiendo estado sumergida más de una vez, y conociendo el mundo de los buzos profesionales, creo que tus dos hipótesis son más que válidas.
Yo te confieso que siempre ando mojado porque no aprobé la etapa de control vesical cuando era niño. No te imaginas los problemas que eso me causa cada vez que tengo una cita importante. Enuresis se llama, un verdadero suplicio, Taty, y la gente nos margina… Pero bueno, volviendo a lo nuestro, me preguntaba sobre tu incursión en el mundo de la música. Además de escritora eres cantante de jazz, una espigada representante del jazz porteño. Tú que has actuado en varios escenarios, cantado tantas canciones, ¿qué crees que diría Freud acerca de los micrófonos?
Antes que nada dos cosas: muchas gracias por tu cumplido, y estaré encantada de juntar firmas para que nos decidamos por el color de la cintita en honor a tu padecimiento. Me temo que la roja, rosa y blanca están tomadas. Propongo que todos nos quedemos pensando… Por otra parte, creo que tengo que poner de manifiesto algo que los lectores no pueden obviar, y que dicho sea de paso me suele suceder en las entrevistas: todos pretenden que siempre dé una respuesta sexual. Al parecer, después de tantos años de escribir Séxodo, he quedado un tanto estigmatizada. Hoy digo basta, y recorro el camino inverso al de Meg Ryan (que pasó de When Harry met Sally y similares, a la película de Jane Campion: In the cut, donde no deja nada librado a la imaginación). Mi respuesta es esta entonces: Sigmund diría que un micrófono es sólo necesario cuando se quiere enunciar algo que vale la pena convertir en popular. ¡Y por las dudas aclaro: ninguna de mis novelas es erótica! (Lo estoy diciendo con micrófono).
Las mías tampoco lo son. Me encuentro en realidad en una etapa de seudo orientalismo y prefiero concentrarme en personajes que venden alfombras persas y practican lecciones de aikido con sus mascotas. Aunque si tuviéramos en cuenta cómo se masturban algunos maestros de artes marciales… En fin… Que ya hemos llegado al momento épico de la charla, Taty, y por eso nos queda sólo una pregunta: ¿tienes planeado reseñar la anunciada adaptación porno del drama de los mineros de Chile: La mina se comió a los 33? (Lamento el cariz de la pregunta, pero verás, yo cuando empiezo algo lo termino.)
Ok, ok, sé que acepté ponerme en situación incómoda, así que responderé sin reproche: hace rato que 33 no es nada, y si no me creen busquen el record de Lisa Sparxxx, que lo hizo con 919 hombres en un solo día. Esa es una mina de oro. Así que no, le dejo esa reseña a cualquier otro escritor interesado…
Foto: Rodrigo Peiretti












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