Siempre hay una dicha, o una exaltación de la juventud del hombre que también se conjuga con la nada, paradójicamente. Los paisajes, el sol, las playas, la mediterraneidad hacen que debamos tender a no comenzar nuestra vida por el desgarramiento sino por la admiración. Romanticismo domado, que diría Camus.
Marina Gallardo no es una cantante folk de las de ahora, de las que imitan a Joni Mitchell sin dejar de parecer una novicia que musicaliza la reagrupación familiar de los niños de San Ildefonso, de las que sirven de señuelo a fotógrafos sexagenarios de bautizos y comuniones clímax, de las que oprimen alejandrinos irreproducibles en un acorde menor para epifanías de cuerda, de las del lolitismo de barriada en la boca, en las armas como gen diferenciador. ¡Ah, esta España mía, esta España nuestra!
Ahora sí, reciclado el canon gordo que significan todas estas terneritas análogas a lo que Pritchard denominó en los Nuer “sociedad acéfala”, elijo Some monsters die and others return, expresionismo de etiqueta que erotiza, como disco zazén si uno pasa de fornifolladoras de phatos ortopédico.
Srta. Gallardo, el origen del folk ibérico se sitúa en Llama de amor viva, indiscutiblemente. ¿Llora usted cuando ve a alguien recién salido de un ciclo de la semana sanjuanista tocar el arpa?
No sé qué es eso del folk ibérico, ni si está en la llama de amor viva… Allá cada uno con lo que hace o deje de hacer.
La irrupción de la levita en el escenario poético dinamitó la noción de la obra en sí misma. ¿En qué medida puede valorarse su disco en función de un giro icónico como posible campo semántico de sus canciones?
Todas las obras deberían valorarse por sí mismas, sean como sean. En mi caso me he visto en un saco bien raro en el que no me he sentido muy cómoda. Por lo general se tiende, cuando se critica un disco, a hablar de posibles influencias (a veces, como si otros autores fueran los que han hecho tu disco) o a comparar al autor con otros de la misma “escena”. Se habla de todo, menos del disco. No sé, supongo que yo no le veo utilidad a eso. La música está para que se escuche.

El párrafo 14 de Ser y tiempo, Alejandra Pizarnik y su íntima relación con el Seconal, dodecafonismo tripudo en la Escuela de Viena… ¿Me equivovo al distinguirle del resto de la escena mediante la soberanía de este mapa conceptual?
Hace ya muchos años que me interesa el tema del lenguaje. Hasta qué punto las palabras representan el mundo y las experiencias que tenemos. Creo que nuestra condena es la herencia de un lenguaje que se ha visto siempre caracterizado por un interés de fondo. Designamos cosas, necesitamos reconocerlas, poseerlas. Nuestro lenguaje es claramente conceptual. Decimos qué es un árbol definiendo un árbol. El problema empieza cuando las palabras ya no nos sirven para describir las experiencias que vivimos. El lenguaje se vuelve sospechoso, no es más que una gran mentira. Justo en estos días estoy leyendo acerca de cómo era la conciencia del hombre antes del lenguaje, es muy interesante. Se expresaban mediante ritos, bailes, sonidos guturales. El cuerpo era muy importante. Y ahora me acuerdo de una frase de Pizarnik que decía que había que hacer “el cuerpo del poema con mi cuerpo”.
Lo de la diversificación como metodología sentencia la dificultad de los límites entre géneros. ¿Existe en ello la intención de entretener a la crítica?
No disfruto entreteniendo a la crítica, es como entiendo la música: sin géneros, sin límites, sin etiquetas, sin metodologías específicas. Sólo pensarme entre etiquetas me ahoga. Cuando compongo no pienso en géneros, sólo quiero hacer canciones.
Los trompetistas coleccionan callos bajo el labio. ¿Dónde guarda Marina Gallardo sus durezas?
En los dedos.
Es ahora cuando va a llevar a cabo la presentación en España de su último trabajo. Convénzanos.
No voy a convencer a nadie. Estaré mes y medio por España, empezaré por Sevilla y acabaré en Galicia. Estaré tocando, en un par de ocasiones, con Damon & Naomi. Iré con mi banda al completo: Isidro, Pepe y Nacho. La formación básica es batería, bajo, hammond, acústica y eléctrica, pero también incluyo mucha percusión. Los conciertos son distintos a los discos. He ido adaptando la banda a mis necesidades, y estoy muy contenta con lo que aporta cada uno. Soy un poco especial, me gusta experimentar con las canciones, no tocarlas tal y como están en el disco. Al principio lo hacía, tocaba las canciones como en el disco, lo veía absurdo y no me sentía bien. En el directo me siento mejor si aporto cosas nuevas, si creo más atmósferas, nuevas melodías. Me fascina pensar una misma canción desde cero, los arreglos van cambiando y siento que mantienen las canciones con mucha vida. Una canción nunca está del todo cerrada.












señorita Marina, los géneros enmarcan las obras, no las definen; las obras deben de tener un marco para que se puedan sujetar.