Arte y diseño

La maleta mexicana

Por Isabel Cadenas Cañón 9 nov 2010 1
La maleta mexicana

Para llegar al International Center of Photography hay que cruzar la sexta avenida a la altura de la 42. Es pleno Midtown, entre los neones de Times Square y el ajetreo de maletines de Grand Central Station. Sólo voy a esa zona de Manhattan para ir a la biblioteca central, o en verano y en fines de semana, cuando en la ciudad hay menos gente y hay conciertos en Bryant Park. Y también, claro, para ir al ICP.

Había reservado el día de ayer para ver, por fin, The mexican suitcase, La maleta mexicana. Había demasiada gente en la entrada, demasiada gente en el guardarropa. Algo extraño porque, en el ICP, incluso los viernes de tarde, cuando el museo es gratis, las salas nunca están llenas. Después entendí: Mary McCartney, la hija de Paul, fotógrafa, estaba firmando libros. Así que una vez pasada la mesa en la que estaba firmando, la sala principal del ICP estaba casi vacía: en el centro de Manhattan, ni codazos ni empujones para ver unos negativos que llevaban desaparecidos setenta años, probablemente los más importantes de la historia del fotoperiodismo.

Gerda Taro  [Multitud a la entrada de la morgue tras un ataque aéreo, Valencia], Mayo 1937  Negativo © International Center of Photography  International Center of Photography

Gerda Taro
[Multitud a la entrada de la morgue tras un ataque aéreo, Valencia], Mayo 1937  Negativo
© International Center of Photography  International Center of Photography

La maleta mexicana conmueve por eso y por mucho más. Su historia es mítica desde el principio: las tropas alemanas estaban ya cerca de París y Robert Capa tuvo que huir a Nueva York. Era octubre de 1939. Había dejado tres cajas a su asistente, Csiki Weiss; éste las metió en una maleta y las llevó rumbo a Burdeos para intentar embarcarla hacia México. No pudo; en el camino se encontró con un chileno al que le pidió que la llevara a su consulado. Hay otras versiones, pero todas coinciden en el sótano de un consulado latinoamericano; durante mucho tiempo, ése fue el último dato que se tuvo sobre el paradero de la maleta. Cornell Capa, hermano del fotógrafo, lanzó una llamada desesperada en 1979: todos los intentos por recuperarla habían sido en vano. Pero aún podía producirse un milagro, decía, y por eso exhortaba a quien tuviera algún dato sobre la maleta a ponerse en contacto con él. Pero el milagro no obró; por el momento. Hasta que, en 1995, el director de cine mexicano Benjamin Tarver encontró las cajitas entre las posesiones de un general que había sido embajador de México ante el gobierno de Vichy. Las había heredado de su tía, amiga del general. Parece que hizo falta mucho tiempo para convencer a Tarver de que donara las cajas al ICP, fundado por Cornell Capa y donde se encuentra, además, el resto del archivo de Capa y de Gerda Taro. Porque en la maleta mexicana, esas tres cajitas de colores que por fin salían a la luz, no solo había negativos de Capa. Y esa fue una de las grandes sorpresas. Las cajas contenían también material de otros tres fotógrafos: de Gerda Taro, de David Seymour (Chim), y dos carretes de Fred Stein. Y abarcaban la totalidad de la Guerra Civil, desde antes incluso de que empezara.

Chim (David Seymour)  [Misa al aire libre para soldados republicanos, cerca de Lekeitio, País Vasco], Enero-febrero 1937  Negativo  ©  Patrimonio de David Seymour / Magnum  International Center of Photography

Chim (David Seymour)
[Misa al aire libre para soldados republicanos, cerca de Lekeitio, País Vasco], Enero-febrero 1937  Negativo
©  Patrimonio de David Seymour / Magnum  International Center of Photography

Lo que muestra el ICP es una selección de esos 4.500 negativos. Hay fotos de un Lorca de corbata charlando en las calles de Madrid; hay Hemingway, hay Pasionaria, hay Malraux. Hay fotos del entierro del general Lukacs en las que las cámaras de Taro y de Capa se confunden; los negativos de Chim en que una madre amamanta a su hijo en un acto sobre colectivización de tierras en Extremadura; esa imagen de Capa en que la humanidad entera huye de Franco hacia el campo de internamiento de Barcarès. Y, también, las fotos de la batalla de Brunete, las últimas que sacó Gerda Taro antes de morir, con 27 años, en mi guerra.

Algunas de las fotos ya se habían publicado, otras no, pero es la primera vez que podemos ver los negativos, entender cómo nacieron, conocer lo que había detrás, qué fotos eligieron y cuáles no, cómo trabajaba cada uno de los tres. La historia en proceso de confección.

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Robert Capa
[Exiliados republicanos van por la playa hacia un campo de internamiento, Le Barcarès, Francia], Marzo 1939  Negativo
© International Center of Photography / Magnum  International Center of Photography

La exposición se abre con cuatro pequeñas biografías de Capa, Taro, Chim y Stein. Cada una va acompañada de una tira de contacto de los autores. La de Stein muestra a Capa y a Taro, quizá antes de reinventarse, cuando aún eran Gerta Pohorylle y Endre Ernő Friedmann, en la terraza del Café du Dôme, en París. Se ríen, juntos. La maleta mexicana conmueve también por eso. Porque entre los negativos que Capa decidió salvar, de las batallas, del exilio, de la guerra, guardó como tesoros unas fotos de Taro durmiendo, despeinada y vulnerable, en un hotel de París. Porque por detrás de las fotos se superponen los nombres de uno y de otra, como obras colectivas. Porque traza la historia de amistad de unos veinteañeros que creyeron en la fotografía como arma de combate. Porque recorre tres años en la vida de unos fotógrafos que trataron de convencer al mundo de que en España se perdía mucho más que una guerra.

En septiembre del año que viene, La maleta mexicana estará en el Museu Nacional d’Art de Catalunya de Barcelona. No se la pierdan.

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