Críticas, Música

De Carlos Berlanga elijo su foto con Warhol

Por Sebastián de Cheshire 6 oct 2010 1
De Carlos Berlanga elijo su foto con Warhol

La tragedia de San Nicolás, mi barrio, se concentra en la cantidad de Spleen que sus vecinos somos capaces de soportar bajo el desfile de celebraciones sacramentales que, salvo en el caso de la extremaunción, su iglesia retransmite desde la excelencia del ritual hasta la penetración del politono flamencoide de los asistentes. Jaén tiene uno de los índices de suicidios más altos de España; yo hago lo imposible por llenar mi casa con piñatas de fiestas de cumpleaños hechas de papel celofán divertido. Y otras veces arraso con el minibar del padre de mi amigo Cidraque, que es un hombre que dice que si el sol perfila los pepinos, jamás hará nudismo (Hortelano “Private”).

He pasado una resaca muy heideggeriana por culpa de la asunción de la conciencia de tiempo, así que, buscando la pulcritud del efebo para disimular la deshidratación del dipsómano, casi me afeito antes de ir a casa de mis padres a una de esas comidas familiares en las que se celebra la capazón del gato de alguna hermana que tuve hasta los veinte años. En cualquier caso, comer un miércoles con un litro de agua bajo el brazo desguaza toda tentativa de disimulo. La muestra de otoño de la feria de mi pueblo tampoco ofrece garantías: Juncal Rivero y Arantxa del Sol convertidas en mujeres fatales –y un poco mohosas- jugando al alimón como si de una excrecencia a lo Gracita Morales se tratara. En la biblioteca municipal dispensan Wi-fi y no es extraño que en una misma sala cohabiten pronunciadas historias de la filosofía, que es una cosa muy gorda, con adolescentes sensibles a la manutención Tuenti.

Esto de buscar lugares idóneos para estudiar es tan complicado como encontrarlos para hacer el amor, asi que me pongo a explorar novedades en la música española para ver si me relajo un poco y me encuentro con que EMI publica una recopilación de Carlos Berlanga, otra inflexión sentimental que sólo tiene validez si uno no ha leído Tiempos líquidos, ese tratado titánico sobre la delicuescencia de las estructuras. Encontrar una combinación de teclas en mi calculadora que dé como resultado el destello de su marca sobre la pantalla me parece mucho más artístico que la insistencia en la edición de estas cuarenta canciones, porque el disco sólo regenera todas esas dotes suicidas que tenía guardadas en el cajón de mi escritorio, donde la Game Boy: Subcultura, movida, pelos de colores, underground, transgresión, pop, imperdibles, tendencias, Pegamoides, Dinarama, ego, militancia, apostura, anfetaminas y alguna canción.

Ahora ensayaré un par de muecas seductoras frente al espejo, aunque con mi síndrome de Stendhal eso sea muy arriesgado, y me colocaré un jaramago en el cabello para que no me asocien con el pesimista que ya fui la noche en que soñé cómo se mezclaban la hinchazón del postoperatorio de mi fimosis con el drum and bass del garito de al lado de casa que, como un estertor, se abría paso entre tabiques de papel pintado.

Ahm, el disco se llama Reproches y vehemencias.

    ber_c

  • Reproches y vehemencias
  • Carlos Berlanga
  • Pop
  • Sello: EMI
  • Puedes escucharlo en Spotify

Un comentario »

  1. Raquel Barrera 10 oct 2010 at 14:29 -

    que asco de anti indies, haceis que me pique el coño

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