Uno sale de Carancho como quien no entra en Fama: tanto esfuerzo para nada. Pero, empecemos por el principio: ¿carancho? Cualquiera que no esté familiarizado con la nomenclatura ornitológica, ignorará que el carancho es un ave rapaz, “un cazador oportunista que ataca animales jóvenes o heridos”, según explica la sagrada Wikipedia. Entonces quizás, seguramente, tampoco sabremos que en Argentina un carancho es una persona que se dedica a parecer allí donde ha sucedido un accidente de tráfico para sacar cierto partido económico de la situación. Lo que decíamos, un cazador oportunista.

Con el ojo puesto en la segunda acepción del término, Pablo Trapero nos transporta una vez más al lado oscuro de de la realidad porteña, donde –como en todas partes, como en todas las películas que se le parecen– el amor también acaba invadiendo a los personajes que lo habitan. Sosa (Ricardo Darín, en su primera colaboración con Trapero) y Luján (Martina Gusmán) son aquí los escogidos por Cupido para supurar de las profundidades negruzcas de la ciudad hostil. Él es un carancho atrapado en la rueda de la corrupción, ella una médico limpia y competente –que se droga un poco para seguir siéndolo, pero bueno, algo de malo tenía que ensuciar tan desmedida perfección. Él se acerca a ella para poder salir de su pútrida inercia, ella no se aparta con la misma pretensión –aunque en su caso es más intuido que confesado. Sin embargo, el (que iba a ser) lazo amoroso deviene muy pronto soga estranguladora sin posibilidad de convertirse de nuevo en lazo amoroso allí donde lo habían dejado, prematuro, pospuesto ad calendas graecas, suspendido por un final desalentador.
Por eso, uno sale de Carancho como quien no entra en Fama: tanto esfuerzo para nada. Tanto correr dentro de la rueda con tal de pararla y poder así salir, para acabar parándola pero estando demasiado extenuado como para hacer lo siguiente. Porque, por otro lado, uno ya ni siquiera sabe qué es Macguffin de qué en Carancho. ¿Es la trama amorosa la que entretiene la voz de denuncia social, razón de ser del film? ¿O es ésta última telón de fondo de la primera? Parece ser que en peso es la historia de amor el núcleo central del argumento; en extensión, en cambio, Trapero insiste mucho y con mucho detalle en la descripción de las tareas que desarrolla el carancho y sus secuaces, tanto que acaba resultando incluso aburrido y repetitivo. La fuerza, entonces, queda repartida de tal forma que el film, en su sentido global, resulta ser un híbrido bastante mediocre que, por querer llegar a todas partes, ha acabado no alcanzando ninguna.

De todos modos, y por ser yo la única persona agonizante (la única persona) que había en la sala de cine, merodeé de noche por las callejuelas solitarias hasta mi casa cantando Ain’t no love in the heart of the city (Whitesnake), lo cual me pareció mucho más film noir que Carancho –si es que era eso lo que Trapero nos quería vender.
- Carancho
- Drama, Argentina, 2010
- Director: Pablo Trapero
- Reparto: Ricardo Darín, Martina Gusman, Carlos Weber
- Guión: Alejandro Fadel, Martín Mauregui, Santiago Mitre, Pablo Trapero
- Fotografía: Julián Apezteguia
- Duración: 107 minutos
- Estreno en España: 24 de septiembre
- Distribuida por Golem








