Adentrarse en cualquier festival supone un reto en apariencia sencillo. Sobre todo si se trata de un festival de cine donde, al fin y al cabo, aposientas las nalgas y simplemente miras lo que echan.
Durante varios días me han agasajado con palabras y frases tipo: “Qué envidia”, “cómo te lo montas” o “qué guay”. Es cierto, no vamos a negarlo. Estar aquí es sólo culpa mía y me encanta. Sin embargo, muchos deben saber que una convención de este tipo supone exponerse a films dignos de museo, pero que deberían prohibirse en las salas de proyección. Películas aburridas, sin chicha, alguna realmente desastrosa y, por supuesto, un sin fin de mediocridades. A veces quieres que te peguen un tiro en el cerebro. Directamente.
Afortunadamente, el primer día del Zinemaldia donostiarra se libra de haber provocado tal sentimiento. Supongo que precisamente por eso, por ser el primer día. Uno llega fresco, con la mente abierta y dispuesto a tragarse con cucharón hasta una sopa inmunda. Pero en el cuarto día de programación, la cosa hubiera cambiado.
La intención de estas crónicas no es hacer una crítica larga y pesada de cada una de las proyecciones. Sería imposible sin haberlas dejado reposar, así que me limitaré a dar algunas pinceladas.

‘Chicogrande’, de Felipe Cazals
La película que abrió la sección oficial, Chicogrande, supone una vuelta al western e indagar en los sentimientos de quienes son revolucionarios. En este caso, los villistas de México. “La columna vertebral de la película es la lealtad”, dijo su director, Felipe Cazals. La figura de Villa es tangencial, nunca le vemos, sólo observamos su causa, lo que representa y lo que ha provocado la revolución en ese país. Paisajes magníficos, planos hermosos y gran dominio de la cámara caracterizan esta cinta que, sin embargo, no termina de enganchar. Le falta ‘chicha’, es decir, un comienzo muy flojo.

‘Abel’, de Diego Luna
La segunda del día, sin tiempo casi para comer, fue Abel (sección Horizontes latinos), dirigida por otro mexicano: Diego Luna. Cuenta la historia de un niño con problemas mentales quien tras volver a casa del hospital asume el rol de padre. Se podría decir que lo mejor del día de ayer. Luna consigue mostrar una realidad complicada sin caer en el dramatismo extremo. Las risas, de hecho, se dejaron oír en varias ocasiones.
La coreana Poetry inundó la sala con la dulzura que sólo los asiáticos son capaces de alcanzar en la pantalla. La historia de una abuela que vive con su nieto y que además quiere ser poetisa. Sueña excesivamente ñoño. Pero todo da un vuelvo cuando la mujer se entera de que el chaval provocó el suicidio de una compañera de clase. Junto con varios amigos, la violaron durante días hasta que fue demasiado como para soportarlo. Si bien es cierto que estamos ante una cultura diferente, hay que reconocer que tal acto es, como mínimo, para dar un guantazo al crío. Al menos, una reprimenda. Pero no. La anciana intenta seguir con su vida y trata de comprender lo incomprensible, de tal forma que el film queda envuelto en una atmósfera demasiado sutil que al final cansa. Los últimos 30 minutos sobran, directamente.

‘Poetry’, de Lee Chang-Dong
Para terminar con los estrenos, una españolada. De las de sello propio y Santiago Segura al frente. Qué más decir. Mortadelo y Filemón, 13 Rue del Percebe, Rompetechos… una película con todos ellos. Quienes hayan crecido con sus historias volverán a ellas y conocerán, además, la historia del dibujante Vázquez, pues de eso se trata la comedia. Un estafador, moroso y vive la vida digno de una tragicomedia. La simple aparición de Santiago Segura en escena provocó las risas de los presentes. Es que este tipo, aunque quiera, no puede ser serio. “El día que haga un drama ganará un Goya”, dijo ayer un amigo. Razón no le falta.

Fotograma de ‘El Gran Vázquez’
Cuatro películas, pero queda el colofón. La gran hazaña del día se perpetró a las 22.30 horas cuando, ilusionada, fui a ver The Ghost Rider, película galardonada con el premio Fipresci. Cuál fue mi sorpresa cuando comprobé que los subtítulos estaban en euskera… ¡y sólo en euskera! Horror y desventura. Esta lengua y yo nunca nos hemos llevado bien. Manías de cría que ahora pasan factura. Concretamente, una de dos horas descifrando inglés y euskera de forma simultánea. Mucha tela.
Comenzar el festival con cinco películas entre pecho y espalda es inquietante. Un ritmo excesivo para una carrera de fondo tan larga…









Totalmente de acuerdo con desmitificar aquel maldito tópico de que esas películas de Festival, de autor, que cuando más aburridas y serias son más prestigio cogen.… ¡Una película debería ser aupada a un altar simplemente por no aburrir!
Pero también es verdad que hoy en día, en la era de las multisalas y la explotación de películas en serie, muchas joyas ocultas que hacen que la narrativa avance desaparecerían en la nada si no fuera por los Festivales, ya que su trayecto de exhibición empieza y muchas veces acaba, a no ser por el mercado del DVD, en un Festival. Y ojalá que estas pelis desconocidas llegaran a las multisalas… Creo que es la utopía más soñada por los cinéfagos.
¡A disfrutar de tu semana de cine!
También de acuerdo con lo que comentas, Migue. Creo que a veces se nos olvida que el cine, ante todo, es un entretenimiento, y no una herramienta para aumentar la pedantería y el absurdo.
Por cierto, me encanta tu visión, Ana. ¡Enhorabuena!
Buen repaso a estas primeras pelis del festival. Creo que, a veces, los directores independientes intentan desmarcarse e independizase tanto de las superproducciones y todoeserollo, que consiguen no solo distanciarse de ellas, sino también de los espectadores que se quedan sobaos. Me ha parecido que en general tienen todas buena pinta, pero se van desinflando poco a poco.
Enhorabuena por el artículo!