Marian Womack (España, 1975) es una escritora risueña que estudió Lenguas Modernas y Literatura Europea en las universidades de Glasgow y Oxford. Además de dedicarse a la traducción y al proyecto editorial Nevsky Prospects, colabora con diversos medios escritos y digitales, tanto en su país como en el Reino Unido, entre ellos el Times Literary Supplement. Ha coordinado el libro de ensayos académicos Beyond the Back Room (Peter Lang: Oxford, 2010) y prologado la reciente traducción de La torre sin fin de Silvina Ocampo, publicada por Hesperus Press. En 2006 fue una de las finalistas del I Premio Bruguera de Novela, y desde ese día, como era de esperarse, ha recibido mejores noticias. Sus relatos integran las antologías Visiones del Pasado (Alamut, 2010), coordinada por Félix J. Palma, Akelarre (Salto de Página, 2010) y La Banda de los Corazones Sucios (Ed. El Cuervo; Ed. Baladí, 2010). Marian Womack es ciertamente un cohete en ascenso. Y hoy, aunque su esposo y su gato le hayan ofrecido una cena para tres en vez de responder a este interrogatorio, Marian, incondicional como siempre, ha preferido ponerse en una situación incómoda.
La primera pregunta, estimada Marian, es una que suelo hacer cuando me invitan a participar como juez en certámenes internacionales de belleza: ¿Si ganaras el reinado, cuál sería tu primera actividad como embajadora de tu país para con los niños adictos a los videojuegos?
Pues voy a decir algo que no va gustar demasiado… Les pediría que me enseñasen de inmediato a jugar a alguno de sus videojuegos; a cambio de contraer su adicción intentaría pasarles la mía, eso sí… El vicio de la lectura. Pero, ¿qué puedo decirte? No he jugado un solo videojuego desde Monkey Island, y vivo con la congoja de que me estoy perdiendo algo grande… ¿Sabes si hay alguno de Cthulhu?
La verdad no me he informado. El último que yo jugué fue Space Invaders. Pero déjame preguntarle a mi sobrino uno de estos días y te respondo. Hablemos mejor acerca de tu literatura. Hace poco incluimos en La Banda de los Corazones Sucios un relato de tu autoría: Help Needed, y lo que me fascinó de él fue aquella habitación llena de muñecas que tan delicadamente describiste. Me preguntaba si aceptarías preparar otro cuento con muñecas, pero esta vez con todas ellas en bragas y cargando ametralladoras, quizá asaltando un tren de la reserva federal. No sé si te seduce el concepto.
¡Uy! Pues sí, la verdad. Algo así estaba barajando para mi próxima novela… Una mezcla de éxitos ochenteros; Maniquí meets Rambo… No, en serio, suena bien, casi en esa línea deliciosa literaria que creo que se ha colado por el steampunk, y que mezcla personajes literarios/culturales y conceptos insólitos… A los de Orgullo y prejuicio y zombies les ha ido de maravilla, ¿verdad? Algo podría inventarse.
Estoy de acuerdo. Las ametralladoras y el sexo siempre sacan una sonrisa. Ahora bien, además de novelista tú también eres gestora, junto al poeta James Womack, del sello Nevsky Prospects. Esa afiliación, ya que tu editorial se dedica a difundir y traducir clásicos rusos, me hace imaginar por momentos que serías capaz de ir de bar en bar acompañando a una horda de cosacos. Hablando desde tu experiencia más íntima, Marian, ¿qué tiene un cosaco que no tiene un indonesio? Ilústranos.
El glamour absoluto de los tártaros, el aroma de la orilla del Río Don… Algunos son adoradores del diablo, como puede verse en nuestro librito Rusia Gótica; eso me fascina, ¿sabes? Otros tienen la habilidad de armar y desarmar restaurantes en mitad de París en una noche, como en una novela de Gazdánov que acabamos de traducir… ¿No suenan gente interesante?
Interesante es una palabra ambigua y turbia, querida Marian, pero te creo. Pasando a otro tema… ¿Te asocias con Benny Hill o Winston Churchill?
¡Ja, ja! (o ¡Ha, ha!, que es más “British”…). Crecí con Benny Hill, y siempre me dio grima… Winston Churchill ganó el nobel de literatura… Pero, posiblemente, porque si le daban el de la paz también tendrían que habérselo dado a Stalin… ¡Peliagudo! ¿Puedo quedarme con Monthy Pyton y…? Gordon Brown. No me odien. Siempre me ha caído muy bien. Y estudió en mi universidad además.
Pues quién sabe, ahora que Gordon Brown está desempleado podría convertirse en el próximo Rowan Atkinson (algunos guías espirituales dicen que existe un Mr. Bean en cada uno de nosotros). En fin, Marian, me indica mi asistente que se acerca la hora del refrigerio, el tiempo es un villano, como comprenderás, así que solo voy a preguntarte una última cosa: el detergente que compras en el supermercado, ¿de verdad quita las manchas de salsa boloñesa?
Las de salsa boloñesa pues no, la verdad, pero las de sangre las limpia que da gusto…











