La Batidora

Lo que los pantalones han ocultado

Por Javier Montoro 7 sep 2010 3
Lo que los pantalones han ocultado

Abû Nuwâs en la batidora

Lo que los pantalones han ocultado se desvela.
Todo es visible,
aclarado el ojo sin elección.”

Hablemos de provocación. De ingles expuestas a la erosión de un vouyerismo que se dilata como pupila alucinada. De sexos repletos de tabúes destripados que maldicen la rutina de lo explícito. Hablemos de provocación desde la provocación misma -desde su asequible desenlace-, forzados a la consciencia de no poder tantearla desde el germen. Hablemos de provocación desde la práctica exuberante y no desde la intención matriz, tratando de amortizarla una vez trillado en exceso lo corporal y lo turbio. Hablemos de provocación para acomodar la connotación oculta de lo hedonista. Porque ya hemos memorizado uno del otro las vergüenzas, desaprendido la moral de lo indecible, truncado la carrera de la excitación; vamos a taladrarnos la carne revelada buscando inéditas experiencias.“Ahora sale a relucir lo que de ti me asombra y desconozco.”

Meterlo a él en esto es un pusilánime ejercicio de arqueología. Es excavar arriesgándonos al tropiezo, caer probablemente en la sima de lo demagógico. Para esquivar el pozo nos valdremos de la cronología, alegando algún contexto, suavizando el mito del destape. Buscaremos entre abasíes un nexo frágil hacia el presente que sentencie la hegemonía difusa entre lenguas chorreantes, pezones lamidos, penes erectos, anos irritados y clítoris en carne viva. Reconsideraremos las acepciones acariciando la antonimia: culpable, culpado; sensual, sexual; espontáneo, intencionado. Ahora -ya está bien- hablemos. De provocar por provocar. Del origen y del fin, de cómo éstos se eclipsan y confunden. Nos estaremos acercando a nuestro hallazgo. Vamos allá pero, cuidado, el pozo sigue esperando.

Abû Nuwâs: deslenguado artesano de la lengua, perito de su riqueza, artífice pasmoso. Siglo VIII, Califato Abasí, Bagdad y la vida moderna. Presunta melena sobre los hombros. Detracción del nomadismo, sedentarización acongojante, libertinaje consentido. Satirización de todo lo satirizable. Exaltación del vino y de la juerga. Celebración de la pederastia, ilimitada lascivia, homoerotismo llevado a cabo en la expresión más libre de la sexualidad. Arrojo rotundamente censurable (homofobia editorial, textos condenados a la hoguera incluso en el nuevo milenio). “Hace tiempo que me prometió/no dejarse crecer la barba/sin mantener la entrepierna sin pelos./Acuérdate de su esplendor,/del tiempo feliz de su juventud florida,/cuando ganaba su belleza todos los corazones./¿Sabes algo más que sea confesable?”

Hasta aquí todo bien. Nada que no hayamos heredado. Percibimos el error pasado, exaltamos a golpe de orgullo nuestras fantasías, cultivamos con fidelidad la fotogenia, manejamos los entresijos de la sodomía. Podemos tomar su nombre y aplaudir el escándalo. Aunque no es enfermiza la nostalgia por las sensaciones implícitas que ya no se dejan entrever. Nuwâs abstrae de lo meramente erógeno trascendencias dislocadas. La culpa, el remordimiento, el descontrol, la exigencia. Factores transportados -jugada loable- a lomos de la insinuación.“-¿Tú me amas?/-Sí. Te amo./-¿Entonces, dime, tú me deseas?/-Todo en ti es deseable./-Entonces, respeta a Dios, y olvídame./-Si mi corazón quisiese obedecerme.” La transgresión como necesidad, la instigación alejada del puro pretexto, la osadía y su pellizco, el reflejo lúbrico que azota y no deja indiferente.“Ya no me resta nada:/las dos terceras partes de mi corazón,/y las dos terceras del resto/y las dos terceras del resto del resto./Al esclavo picante,/el tercio del tercio./Seis partes para los amantes, finalmente.” Estamos, pues, ante algo más que un poeta homosexual atrevido.

Lo que Abû Nuwâs expulsa es un sudor vital del que grandes escritores no están exentos. Buscando analogías, haciendo de  la excusa anacronismo, me topo con Safo, con Ibn Quzman, con Kavafis, con Cernuda. Con Juana Castro y con Rubén Martín, que están más cerca. Todos ellos transpiran el mismo afán: unos guardan la audacia de los cuerpos que se descubren, otros la fluctuación de las anatomías que se enfrentan. Anatomías de polos opuestos e iguales. Unos desde el miedo, otros desde la esperanza y la meditación, todos me manchan de una intimidad que va más allá de lo palpable. No me pasa lo mismo con una larga lista de poemas que imponen en sus versos la superficialidad de lo innovador. Quien dice poemas dice gestos. Y quien dice gestos, actitudes.

¿Hablamos de provocación ahora?¿Sin un empuje que nos de respaldo?¿Sin una pretensión distinta a la ostentación? ¿Definimos como espontáneo lo que aflora premeditadamente como único desencadenante del atropello? Infringimos cegados por la infracción. Y eso que la exhibición es únicamente un preludio, hacer del pozo una piscina de secreción preseminal. Somos el niño desubicado que olvida la piedra y enseña la mano. Y eso que ahora es fácil poner solución a la eyaculación precoz. Pero nada de penitencias, a lo hecho pecho (a ser posible depilado y musculoso).

Este licuado de Nuwâs demuestra que nos va la vida fácil. Desnudarse por dentro es ardua tarea y los mecanismos del pensamiento son más complejos que los del coito. ¡Y lo bien que nos va acostumbrados dulcemente a esta sobredosis de verga gratuita! Total, bajarse los pantalones ya no es complicado. Arranquémonos la piel, a ver qué pasa.

Foto: Ester Nieto

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3 Comentarios »

  1. - 12 sep 2010 at 18:47 -

    ¿Lunas?¿Gatos?¿Marisco?

  2. Lola Tóxica 15 sep 2010 at 15:24 -

    Cuando los tabúes se convierten en algo manido y que no guarda sorpresas es que nos estamos hundiendo. Me gustó tu artículo, sobre todo porque, sin quererlo, estás poniendo en tela de juicio a muchos de los “escritorzuelos” fotogénicos que inundan nuestras redes sociales y nuestros potenciales versos, volviéndolos pobres.

    Bonita sección.

  3. Víctor 15 sep 2010 at 16:09 -

    Sobredosis de verga gratuita!

    Bravo!

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