El otro día me avino una sensación extraña, algo desconcertante, a decir verdad una sensación nueva en mí. Caminaba por una callejuela haciendo algún recado cuando me adentré en una librería. Recorrí durante buen rato todos y cada uno de los estantes husmeando en busca de algún libro que me llamase la atención, que hiciese llamear en mí más que ese otro que descansaba placenteramente a su vera. Yo miraba a la gente y me acorralaba la angustiosa impresión de que esa gente me miraba únicamente a mí. Escuché de pronto a dos mujeres intentando aclararse con el título de una novela y estuve a punto de acercarme silenciosamente a ellas y sacarles de dudas. Pero no, reflexioné un instante y pensé: no puedes hacer eso, Mikel, ya no eres librero, ya no te dedicas a recomendar buenos libros a esos buenos o malos lectores que te han acompañado durante cuatro maravillosos años. Y entonces me di cuenta de por qué me encontraba algo raro y perturbado entre aquellos volúmenes. Y es que era la primera vez que después de tanto tiempo trabajando junto a Kazuo Ishiguro, Paul Auster e Irène Némirovsky entre otros, y rodeado por cantidades ingentes de los títulos más vendidos, me asomaba a una tienda similar a la mía, uno de esos lugares inhóspitos donde puede ocurrir de todo pero finalmente nunca pasa nada. Olvidarme de que ya no soy quien fui, librero, si no quien soy, cliente de librería, me ha llevado tiempo. Si es que lo he conseguido olvidar del todo, claro está.
Acorralado por esa sensación, la portada de un librito fue ferozmente en busca de mi todavía perturbada mirada. El libro era de Knut Hamsun, un escritor noruego de principios del siglo XX del que yo nada había leído pero del que en alguna que otra ocasión algo había llegado a vender. Se titulaba Pan, y en la portada aparecía la imagen truculenta de un señor de cara triangulada y mirada inexpresiva, un señor que parecía rehuir de una pareja de enamorados, ella semidesnuda, él trajeado y de espaldas. Lo cogí, y feliz con mi nueva adquisición para mi todavía adolescente e insegura librería particular, pagué lo acordado y salí.
Como me suele ocurrir con los libros que compro, no comencé a leer la novela hasta semanas después. A veces lo miraba de reojo, comprobando cómo se me mostraba ansioso para que finalmente le hiciese su debido caso. Y así ha ocurrido. Pan, en la mitología escandinava Dios de los bosques, narra la historia de Glahn, un joven teniente que decide pasar el verano en una aldea escondida en un bosque perdido de la Noruega más abandonada. Allí, rodeado de un salvajismo en continua manifestación y relación con todos y cada uno de los seres que son capaces de habitar en él, entabla relación con dos jóvenes, Edvarda y Eva, dos muchachas risueñas pero a la vez dotadas de una retorcida imaginación, dos muchachas que progresivamente conseguirán que el teniente acabe perdiendo su ya de por sí loquesca cabeza.
Estoy hablando de un libro diferente. De una novela distinta. De un relato ameno copado de tordos, urogallos, pinzones, perdices blancas y esmerejones, de falenas y polillas, de barriles de arenques y aceites de hígados de bacalao, de brezos, musgos, acónitos y helechos, de curricanes y salobres, de ferrocarriles, telégrafos y quinqués de petróleo. Una novela, sin embargo, olvidada y repudiada por el hecho de que Knut Hamsun, su creador, tuvo el equívoco, como tantos otros, de apoyar al gobierno colaboracionista de Vidkun Quisling y sus ideas afines al nacionalsocialismo.
Terminé la novela y volví a fijarme en el cuadro de la portada. Entre los créditos de las primeras páginas pude averiguar que se trataba de Envidia, un cuadro del revalorizado Eduard Munch. Un cuadro que, habiendo sido elegido por la editorial como portada para un libro, resultó ser el acicate final para que yo acabase comprando Pan y no otra novela, y adentrarme así perdidamente en ella. Pues son a veces las peculiares portadas de un libro, o esos lomos redondeados y abrillantados en tapa dura, o cualquier otra característica física suya, los que, en muchas ocasiones y más eficaz incluso que la recomendación de un librero o de un amigo, hacen que ese día tal en esa librería cual, te decantes finalmente por uno u otro de los volúmenes que pacientemente esperan su turno.
- Pan
- Autor: Knut Hamsun
- Editorial: Anagrama
- Año de publicación: 2006
- 171 páginas












Oye Mikel, no me ha quedado muy claro si te ha gustado la portada o el libro!! Y respecto al libro, eso de tanto pajaro… no sé si me has convencido para leerlo. Pero el articulo muy chulo, aunque no sé si creerme que te contuvieras y no les sacaras de dudas a esas dos mujeres. Tu callarte!!??
No te cortes en las librerías, muchas veces nos hace falta algún lector habitual como tu para que nos recomiende buenas obras que de otra manera nos pasarían inadvertidas. Sigue escribiendo y recomendandonos buenos textos y películas, por favor.
Muy bueno otra vez!
Fíjate que se me han puesto hasta ganas de leerme ese libro o cualquier otro que recomiendes. La verdad es que hace siglos que no leo ninguno por falta de tiempo en parte y también por no demasiadas ganas.A ver si ahora voy a empezar!….
Espero tu próximo artículo!
Particularmente creo en el olor de un libro,te dice si es nuevo o usado,si es usado,dónde lo ha sido,en la cocina,en el baño,al aire libre, te habla a que editorial pertenece,con que papel se imprime,en fin ,oled todo lo que podais.Espero leer ese libro-cuadro pronto y discutir sobre él.
Estoy completamente de acuerdo con Rodana. El olor de un libro, ese aroma que impregna una sala cuando las páginas se van pasando progresivamente, es icomparable. Es cierto que, dependiendo del papel y de la tinta utilizadas, el olor de cada libro será diferente. Influyen también la estantería de la librería en la que descansa, la distancia de esos libros a la luz, ya sea solar o de la bombilla, y hasta la colonia utilizada por el librero en cuestión. Si por el contrario hablamos de un libro previamente leído influyen aspectos tales como si el lector era fumador o no, si le gustaba beber cerveza o por el contrario café, si prefería leer con las manos impolutas o por el contrario con algo de suciedad por entre las marcas de sus manos, si leía en la cama o en el sofá, en el coche esperando a un amigo o sentado en una piedra viendo pastar a una vaca. Algún día escribiré sobre el tema. Un tema que, aunque para muchos resulte vulgar o banal, es de gran trascendencia para otros muchos y muchas. Entre ellos yo. Gracias pues por tan precisa apreciación.
Gracias también a María y Mari Jose, y por supuesto a Ana, de quien espero que no se olvide de esta página para futuras recomendaciones de libros y películas. Un saludo a todos.
Muy bueno. Me ha gustado la reflexión final sobre la portada y/o aspecto de un libro… que gran verdad!
Ale, esperaré a la semana que viene, quiero más!!!
¿ Esa librería es ese sitio tan bohemio que encontramos? Me encanta. No, todavía no se te ha olvidado que ya no eres librero, y espero que no se te olvide nunca. Gran articulo Mikel. Espero con ansia el siguiente. Animate a escribir algo sobre música. Un saludo Mikelangelo.
Me he leído tus dos artículos y tengo que decir que este me ha gustado mucho más, puede ser porque me siento más identificada con la lectura que con el cine. Tal como dice Ana, yo creo que la gente agradece cuando una persona te recomiendo alguna lectura y te orienta. Claro que todo depende de las formas, nadie quiere escuchar algún engreído que cree saber más que el resto.
Tengo que añadir también que yo leo con más interés los libros prestados que los nuevos. Coges la lectura con cariño e intentando adivinar lo que pensó la otra persona al leer lo mismo que tú, como se imagino a los personajes y escenarios y si se sintió identificado con alguno de ellos.
Espero leer muy pronto un nuevo artículo.
Estoy de acuerdo contigo nerea, si te los prestan es diferente. Y totalmente identificada con lo que dices rodana con el peculiar olor de los libros. Deseo profundamente que no triunfen los ibooks. Un saludo.
Me ha gustado mucho, tanto como el anterior, lo que pasa que en este sé perfectamente de lo que hablas cuando te refieres al entrar en una libreria después de varios años trabajando en una. Un placer leerte Mikel.Un abrazo.
Muy bueno Mikel como de momento todo lo que he leído de ti sigue así.
Kike, me alegra que te hayas sentido identificado con lo que cuento. En cuanto a lo que dicen Nat Nat y Nerea tengo que reconocer que a veces pasa; hay libros que nunca los leerías si no te los dejan. Y es que cuando alguien te cuenta algo de él nace el gusanillo. Ese intercambio de libros entre unos y otros es en verdad muy positivo. Gracias a Trivial y a El muy Jodido por seguir ahí otra semana más. Un saludo.
Segundo artículo q me leo pimpollo….eso es todo un mérito!!! de todas formas ya sabes q me quedo con drácula y sus 6 meses de lectura….. jajajajaja el resto….decoran las estanterías de colorido y olor a páginas….
El libro es bellísimo. Se convirtió en unos de mis favoritos.
A mí me pasó más o menos parecido. Compré el libro no sólo por su portada sino también por estar editado por Quinteto. El que sea un libro de bolsillo, cómodo, compacto y que, a pesar de su sencillez, esconda una verdadera obra de arte, hizo que me alegrara de seguir mis instintos en términos de lecturas.
Hola Mikel:
Me han encantado tus dos articulos¡¡
Ya tuve la suerte de oir tu formidable intervención hace casi 2 años y lo que me pude reir y emocionar con ella, así que buenos precendes los había y por supuesto sigues y creces màs todavía.
Espero que nos sigas deleitando con tus articulos y esto, no me cabe ninguna duda, va ser el comienzo de algo grande.
Muchos saludos y sigue así¡¡
Pimpolla, no leas tanto a ver si te va a sentar mal y te vas a acabar aficionando a la lectura. ¡Ándate con ojo! Gracias a Mariaje por su ánimo y a Iñaki por su opinión sobre el libro.
Buen artículo, Mikel.