Críticas, Música

Micah P. Hinson rehusó leer las epístolas de los corintios

Por Sebastián de Cheshire 5 jul 2010 3
Micah P. Hinson rehusó leer las epístolas de los corintios

Cuando en el último partido de la selección española de fútbol  propuse que sustituyeran a Fernando Torres por el tenista Rafa Nadal, alguien advirtió que la razón me había abandonado injustamente, como Teseo a Ariadna, que mis intentos de ser gracioso podrían provocar la ira en más de una taberna oxidada junto al Calderón y que, al mismo tiempo, en Mallorca, un despacho de ensaimadas apoyaría mi tesis además de asentar que la repostería es un tráfago de masas que merece un lugar en las reyertas. Como ven, en este caso, toda participación organiza chovinismos propios de una daguerrotipia Carrefour. Si yo fuera milanés, después de ver a aquel tarado agrediendo a Berlusconi con una reproducción en miniatura del templo catedralicio de la que sería mi ciudad, tendría claro, sin recurrir a la oratoria clásica, que no existe mejor réplica política que la de la catedral de Milán. En lo sucesivo, que nadie ose a contradecirme.

Aunque orientado al consumo grotesco de valium, Micah P. Hinson ya tenía un currículum tan arrojadizo como el de Leticia Sabater y una conciencia transparente hecha voz de portero automático que pregunta sin error “¿Quién es? ¿Quién es? ¿Quién es?”, cuando decidió dedicarse profesionalmente a la música. Eso es lo que sucede si uno entronca con mujeres que, mesadas por alcaloides, amputan esencias al penetrar en el catecismo insípido de una religiosa familia de Memphis. Afortunadamente, en mitad del fuego amable, nuestro hombre se salvó, no sin pasar antes por la cárcel, de la quema. Posiblemente inspirado en la lucha obstinada que mantiene ese Dustin Hoffman postulante en “El  graduado”o, tal vez, advertido por cómo el Renacimiento introdujo la eficacia, y en los dos siglos posteriores se le puso precio al hombre, maquinando corrientes que cultivaron la evasión, la indolencia semirracionalista y las tardes blandas y decadentes. Epifanías, estas, para drogodependencias sin rotonda ni polígono.

Micah P. Hinson and The Pioneers Saboteurs es el nombre de su último disco. 11 canciones adheridas a la proclividad de cabriolas orquestales y a la burocracia descifrada de esas guitarras folk que, junto a su voz de pozo con parterre en el interior, otrora rezo subversivo, se convierten en un helicóptero de comandancia que desmembra el pasto. Y un corte final de doce minutos al que uno debe enfrentarse con paciencia de carmelita. Un hombre que adopta posturas variadísimas sobre la vida cayendo en una concepción nihilista a través de melodías útiles para bibliotecas de ébano asiático. Dicen que rehusó leer las epístolas de los corintios, que ser planta es una solución que podría explicar la existencia, y que las borracheras espirituales no las hemos inventado sino para arropar nuestra fragilidad, paseando al filo de una sima biselada. Él es así, y esta es una expresión que se dice cada vez que sentimos la impotencia de justificar, con muchísimo amor, las constantes de una personalidad que no terminamos de comprender.

Se me olvidaba, aunque ya lo esté presentando en latinoamérica, Martirio saca disco en otoño.

    micah_saboteurs

  • Micah P. Hinson and The Pioneers Saboteurs
  • Micah P. Hinson
  • Folk
  • Sello: Full Time Hobby
  • Año: 2010
  • Puedes escucharlo en Spotify
  • Web oficial: www.micahphinson.com

3 Comentarios »

  1. Daniel Espinar 5 jul 2010 at 12:50 -

    Querido Cheshire,

    uno comenzó escuchando hace tiempo el estrbillo de “I´m diggin´ a grave in moonlight…” (al menos eso es lo que yo entendí, a lo mejor el señor Hinson está cantando otra cosa, mi inglés aún no tiene claras las isoglosas de Memphis). Y ahora uno escucha este otro disco y también se pregunta por las nuevas vicisitudes de la vida de este tipo. ¿Habrá ahorrado lo suficiente para comprarse un chalé adosado? ¿Se habrá hecho, por fin, con una bicicleta estática para ponerse en forma? Escuchando su último disco, yo apostaría a que ha conseguido superar el insomnio y todas las mañanas desayuna a una hora prudente. Antes pensaba a menudo en abrazar a Micah P. Hinson haciendo yo mismo de oso de peluche, ahora solo se me ocurre darle un golpecito cariñoso en el hombro y decirle “ey, colega!”. Creo que soy un sentimental.

    P.D. Yo también soy pro-Martirio.

  2. Sebastián de Cheshire. 5 jul 2010 at 20:36 -

    Amigo Daniel,

    yo también creo en la prudencia del hombre remilgado. Figúrate, me emociono con la pedagogía que imparte Julio Salinas en televisión a jóvenes fiesteros, a chicos que vieron la luz del túnel (o una saga entera de luces de túnel) en el parking ácido de una macrodiscoteca de Valencia.

    Martirio a gogó.

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