Federico Falco (Argentina, 1977), diría tal vez Jerry Seinfeld, es un escritor de cosas inútiles, que son las cosas que a todos nos importan. Ha publicado los libros de relatos 222 patitos (2004), 00 (2004), la plaqueta Aeropuertos, aviones (2006) y el poemario Made in China (2008), así como el conjunto de cuentos La hora de los monos (2010), un libro donde “lo ‘normal’ muestra su hilacha”, según el simpático texto de la contracubierta. Cuentos de su puño y letra han sido recopilados en La joven guardia (2005), In fraganti (2007), Hablar de mí (2009) y Asamblea portátil (2009), entre otras antologías. Se dice que a base de desvelos Falco ha demostrado ser un especie de Mago Mandrake sin sombrero de copa. Y hoy, aunque sus maestros le dijeron siempre que prestara más atención a las inecuaciones en vez de responder a esta clase de interrogatorio, Federico, incondicional como siempre, ha preferido ponerse en una situación incómoda.
No sé si te han comentado algo similar antes, pero cada vez que veo una foto tuya siento que me encuentro ante un cartel de “los más buscados”. Esa barba que se desplaza contigo, ¿te suele causar problemas con las autoridades aeroportuarias?
Es extraño, pero no, en general no me ha causado problemas. En la fotografía del pasaporte anterior aparecía con la barba realmente larga. Fuimos con una amiga a tramitarlo, una mañana de invierno, muy temprano, antes de que saliera el sol. Nos pusimos en la fila a esperar que abriera la oficina. A medida que avanzaba el día y había cada vez más luz, mi amiga me comenzó a mirar raro, hasta que se animó y me dijo: te deberías haber afeitado, con esa cara no te van a dejar entrar a ningún lado. Milagrosamente, nunca tuve problemas “graves”.
Una vez, sin embargo, cruzábamos desde Concordia a Uruguay, sólo para pasar la tarde en un parque de diversiones de aguas termales, y los gendarmes se emperraron en preguntarme un par de veces mi número de documento, de corrido, mi fecha de nacimiento y algunas cosas más. Por supuesto, con los nervios, yo me había olvidado de todo.
Pensándolo bien, creo que en realidad me recuerdas a los científicos chiflados que aparecían en los dibujos de Hanna-Barbera, y no lo digo solamente por las “peculiaridades faciales” sino también porque acabo de leer tu más reciente libro La hora de los monos (Emecé, 2010) y podría decirse, es más, lo afirmo, que en él te has dedicado a ensayar como si trabajaras para los laboratorios de AstraZeneca. ¿Por qué hay tantas víctimas animales en tu libro?
No fue a propósito. Recién al terminarlo alguien me hizo ver que en la mayoría de los cuentos aparecen animales. No todos son víctimas, pero varios no la pasan demasiado bien. No tengo una respuesta al respecto. Supongo que los animales funcionan como metáforas de otra cosa, aunque no sé muy bien de qué. En la vida real, fuera del papel, doy fe, sería incapaz de hacer sufrir a un animal. Aunque, también, me crié en el campo, así que no me tiembla el pulso si debo matar un pollo o un cerdo. Pero sólo con fines alimenticios.
Perdona que te moleste otra vez con lo mismo, pero juraría que te vi en el telediario de ayer… ¿Seguro que no te buscan en Rottenburgo por hurtar un camión lleno de bicicletas?
Pues nunca he estado en Rottemburgo ni los hechos por los cuales la ciudad se ha hecho tristemente famosa me resultan atractivos. Además, un camión lleno de bicicletas nunca ha sido una tentación para mí.
¿Qué opina Federico Falco de las gaseosas sin cafeína? Sinceramente.
Opino lo que puede opinar cualquier adicto a la cafeína: que no tienen razón de ser. Y si me preguntas qué opino de las gaseosas con cafeína, opino que deberían contener dosis más fuertes.
Bueno, Federico, ese es todo el tiempo que tenemos hoy, muchas gracias por la entrevista. ¿Deseas añadir algo más antes de que te entregue a la policía por el asesinato de Laura Palmer?
Sólo decir que yo no fui. No puedo demostrarlo, pero sé de buena fuente que Laura Palmer no ha muerto. Estuvo todo orquestado, fue un montaje, huyó, cambió su nombre y vive en algún lugar perdido de la Patagonia.











que pelotudes esta nota, a un groso como Falco.