Con los dedos de una mano se cuentan las escritoras españolas que en la última década han visto alguna de sus novelas traducidas al serbio. ¿Conoces a alguna? Te doy un nombre: Pilar Adón. Hace cuatro años, su novela Las hijas de Sara (2003) llegó a las manos de una editora serbia, quien no dudó en traducir la obra rápidamente a su lengua materna. “El nombre de Pilar” (1971) ha vuelto a sonar con fuerza en las últimas semanas porque es el Nuevo Talento Fnac gracias a El mes más cruel (2010), su segundo libro de relatos. Su anterior antología de cuentos, Viajes inocentes (2005), también fue premiada, en esa ocasión con el Premio Ojo Crítico de Narrativa. Por eso, Pilar sonríe cuando le digo que lo suyo, definitivamente es el relato, aunque nos confiesa, con los ojos muy abiertos, que siempre se ha considerado una novelista. Tras estudiar Derecho, en un máster de especialización ambiental se dio cuenta de que su verdadera pasión era la Biología y no las leyes. Por eso, decidió acercarse a ella como mejor sabía: describiéndola.
¿Abril es el mes más cruel, como decía Eliot?
Para mis personajes, en parte sí. La interpretación que yo hice del poema de Eliot, que es un alegato en contra de la guerra que dice: “Abril es el mes más cruel, hace brotar lilas del interior de la tierra muerta”, es que para ciertas personas es muy difícil la llegada de la primavera y lo que eso implica: salir al mundo, quitarse las mantas de encima, la protección del hogar, de la ropa, la oscuridad… Ese ocultamiento que da el invierno. Para mis personajes, ese salir a la calle, la luz del sol, la naturaleza que de repente florece resulta muy complicado porque ellos tienden justo a lo contrario, a aislarse, a ocultarse.
¿Y por qué eliges este título de uno de los relatos para dar nombre a todo el libro? Mi título preferido es En materia de jardines.
El mío también. De hecho, En materia de jardines es el relato que más me gusta y por eso lo escogí para abrir la antología. Ese título me gusta mucho pero El mes más cruel además de aglutinar la percepción de los personajes, me gusta mucho cómo suena. Forma parte de un verso y además la traducción al castellano es magnífica. Es muy sonoro y yo soy muy pesada con esto, con la elección de las palabras, el sonido de los párrafos. Supongo que es porque escribo poesía.
El mes más cruel es un libro heterogéneo. Encontramos, por ejemplo, numerosos relatos protagonizados con mujeres, otros por hombres de otras épocas, con nombres en inglés y en español. Sin embargo, observamos notas comunes en todos los relatos. Una de ellas sería la la profunda dependencia que sienten los personajes ya sea de una amiga, de la pareja, de un hermano, de la madre o de una hija.
Efectivamente. Hay muchísima dependencia de unos personajes hacia otros y al mismo tiempo, como es lógico, se dan unas relaciones de poder clarísimas. Cuando existe una dependencia de un personaje hacia otro, el otro, quiera o no, siempre va a ejercer algún tipo de poder respecto al personaje que es dependiente. Este tema me interesaba muchísimo. En cuanto a lo que dices de la heterogeneidad de los relatos, sí, es cierta, pero yo creo que la intención del libro prevalece, que es ese afán de huir, de encerrarse que tienen los personajes. Es cierto que se dan distintas situaciones, distintos ambientes. Pero lo que es la ambición de mostrar precisamente ese mes más cruel, de personajes que no quieren salir, eso se da en todos los relatos.

Foto: Teo Ruiz
Otra constante en los cuentos es la presencia de la naturaleza, que parece un personaje más del relato. Muchas veces los personajes se refugian en ella, en casa solitarias en bosques o cerca de acantilados, pero otras, en cambio, es su perdición, como en El infinito verde, donde la protagonista se interna en el bosque y se convierte en planta.
La naturaleza desde siempre ha jugado un papel esencial en la literatura. Cuando el personaje se sentía mal, estallaba una tormenta y cuando el personaje estaba enamorado, florecían los bosques. La naturaleza siempre ayuda. A mí me ha ayudado muchísimo. De hecho, en mi narrativa en general es un personaje más. Yo cuando más disfruto es cuando narro los escenarios, casi más que cuando elaboro la trama.
De hecho, tu blog se llama Leo en el océano, un tributo a la naturaleza.
Claro. Volviendo a El infinito verde, del que hablábamos antes, me comentaron una vez que todos los personajes de mi libro querían retornar a una especie de útero materno como una forma de refugio, en una posición casi fetal. En cuanto a este relato, la interpretación que me hicieron del final, cuando ella se convierte en planta, es que era un regreso al útero matero, al regresar a la tierra. Me pareció una interpretación preciosa.
Sin embargo, yo cuando leí ese relato, al final pensé: La metamorfosis de Kafka, porque ella asume rápidamente que se está convirtiendo en planta y lo que le preocupa no es precisamente su transformación sino que pueden llegar unas niñas, pisarla y que no se podrá regenerar porque no es una planta verdadera. Me transportó rápidamente al escarabajo Gregor Samsa.
Sí, esa es otra interpretación que se ha hecho del relato. Este personaje siente muchísimo terror, mucho miedo y esa es otra de las notas predominantes de este libro, el miedo. Lo que les pasa a mis personajes es que nunca terminan de disfrutar nada porque siempre quieren estar en otro sitio, siempre quieren hacer lo que no hacen o tener lo que no tienen.

Foto: Teo Ruiz
Otra cosa que me llama la atención del libro son los poemas que incluyes a modo de separación entre los relatos. Sin menospreciar los cuentos, yo estoy enamorada de estos poemas, con imágenes muy sugerentes y plásticas (“el tiempo está blanco”, “floridas y mansas interrogaciones”). ¿Qué función cumplen?
Como lectora de relatos, me cuesta mucho cerrar y pasar al siguiente. Por eso, decidí colocar los poemas como una especie de tránsito. Es como una especie de bálsamo porque a mí, como lectora, creo que me facilitaría el abandonar personajes de un relato y poder pasar a los siguientes. Todos los poemas están escritos a propósito de los cuentos anteriores. He intentando que hubiera algo de ellos en los versos.
No quiero dejarme nada en el tintero. Otra constante de los relatos es la presencia de los otros casi como un ente, un todo completamente negativo. Se ve claramente en El fumigador, La huida de Virginia, Genios antiguos o Para que nada cambie.
Si hay que reivindicar algo en nuestra sociedad, es la diferencia. Sin embargo, muchas veces son las diferencias más sutiles, como la sensibilidad, las que tratamos de ocultar para pasar desapercibidos en cierto modo. Y eso es lo que les sucede a los personajes, que intentar ser normales pero a veces no lo consiguen y además se dan cuenta de que tampoco quieren serlo.
Vamos a terminar con una cita del libro. A ver si puedes identificar a qué cuento y a qué personaje pertenece.
Uf, ¡qué difícil!
Tranquila, ya verás como es muy fácil. “Todos tenemos una imagen errónea de nosotros mismos. A veces se trata de una imagen idealizada y a veces de una imagen catastrófica”.
Es la nodriza, de El fumigador.
*Agradecimientos: La Buena Vida
- El mes más cruel
- Autora: Pilar Adón
- Género: Relatos
- Editorial: Impedimenta
- Año de publicación: 2010
- 195 páginas
- Página web: www.pilaradon.com









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Buenísima entrevista. Gracias Marian, me encanta lo que haces. Pilar es grande.
[…] que formaba parte de su obra El mes más cruel. Recuerdo que, tras conocer a Pilar a raíz de una entrevista que le hice en Koult sobre su libro de relatos, me topé con una ilustración de otra mujer árbol, de Pawel Jonca, que […]