En este momento hay miles de intelectuales, de esos a los que se les profesa el respeto del temor, deconstruyendo las últimas belenestebanadas de la semana y constelando, con los resultados del experimento, la renovación del Trivium. Estoy seguro. No faltan tampoco alusiones a la eficaz luz que arrojan los pisaverdes de la tele (Hombres, mujeres y mi cerveza) sobre los enredos de la geometría en el Ars Amandi contemporáneo, así que voy a ponerme lo nuevo de Los Planetas para horizontalizar las condiciones.
La carnavalización del pop nacionalista de este país trae consigo recreaciones anodinas de un proceder que no termino de asimilar: Un señor de Barcelona, medio analfabeto, que decide inflarse de kilómetros para rozar a la Virgen del Rocío, me parece mucho más noble que todo un pabellón repleto de tendencias indie coreando Una ópera egipcia, que no deja de ser un patchwork continuista. Además, a los responsables de crear la incertidumbre del pecado con jardines de confeti a golpes de La Bien Querida, ese gran arcoiris tostado, también se la tengo jurada, aunque reconozco que el dueto a lo Pimpiniela shoegazing, es decir, sin levantar cabeza, me parece de lo más lírico.
Si la gestación de un disco puede organizarse desde una calidad de impresiones arrebatada a la inventiva pura y dura, este camelo egipcio es el paradigma. Y lo es porque su origen viene siendo una aliteración desde hace diez años. El propio Jota sentenciaba en su momento: “En realidad, matemáticamente, hay muy pocas combinaciones de acordes y melodías; seguro que ya están todas usadas”.
Tenemos aquí un acento flamenco sobre esquemáticas sin relieve e insistentes antivariaciones, como los trastornos distímicos del genio de Carlos Goñi; seducción posmoderna de los animales enjaulados, y chamarileros que comercian con el “duende” reciclado de la tradición musical española. Eso sí, los últimos diez minutos, hechos con periferia y refugio, confirman que toda esta cadencia de mantequilla precisaba una oración.
Los intelectuales, los líderes políticos, los poderes ocultos y los determinantes de la filosofía se han venido preocupando por la función del arte como proceso revolucionario. Toda esa dialéctica que se viene aireando desde la Revolución de Octubre ha logrado que no termine de enterarme, exactamente, de dónde empieza y termina el sutil límite o campo de la palabra Arte. Hubo en 1918 una polémica acerca de si la Revolución de Octubre era un idilio o acarrearía, más que nada, destrucción cultural. Para muchos la música no podía engendrar un arte puro, sino que desbordaría los conceptos más ortodoxos. ¡Surgió el reaccionarismo! y la pronunciación de la “t” a lo Ricky Martin.
Tenemos que servir a la cultura popular para que no huela a clase poseedora, que no sea unilateral ni una caprichosa protección de sus aficiones estrafalarias. El pop nacional, los tipismos, la idiosincrasia regionalista son un buen ejemplo de pan y circo.
Ahora sí, reconozco que mi intención era escribir un artículo sobre Bibiana Aído, pero tengo rota la tecla de la arroba y no quiero problemas.
- Una ópera egipcia
- Los Planetas
- Pop
- Sello: Sony Music
- Año: 2010
- Puedes escucharlo en Spotify












¿entonces te ha gustado o no?
El disco es un timo.
Jajajajajaja.
Pues tío, seré yo, pero no me he enterado ni del huevo de lo que has escrito… Qué complejo de idiota me está entrando, madre…
Samerdeck, no has entendido nada por que una crítica de este tipo se pierde en si misma y de la mano su crítico. J (como persona es como es, allá el que se “case” con él) y los suyos, son hoy día una referencia musical, con cumbres como “LA LEYENDA DEL ESPACIO” y su 2ª parte “OPERA EGIPCIA” (aclamado por la mayoría de la crítica entendida)… El artista madridista.
Sebastian, deja de buscar palabras en los diccionarios y escucha música.
hasta las orejas de demagogos intelectualoides de fin de semana. y los planetas me la sudan…
Miguel ángel y Horacio, qué manía tenéis los cortos con calificar negativamente todo aquello que aunque tenga sentido no entendeis.
Horacio explícanos porqué es demagogo e intelectualoide, ¿tanto te molesta que haya gente que conoce más palabras que tú? ¿tan inferior te sientes? ¿por qué no puede utilizarlas?