En La muerte es lo de menos propone la directora y dramaturga Denise Despeyroux un espacio simbólico, el limbo, donde conviven los espíritus de cinco personajes que desconocen cual es el motivo de su permanencia ultraterrena. Una joven pareja, el amante argentino de la mujer de ésta, un vecino que se vuelve repentinamente ciego y la médium que los comunica con el Más allá material conforman la estrafalaria asamblea en el cual se recuerda, con humor melancólico, que tuvieron una vida y que fue un valle de lágrimas. Justamente con las lágrimas del amante argentino Arturo arranca La muerte es lo de menos. Ya desde el comienzo se pondrán a funcionar los dos motores fundamentales de la pieza: la prolongación de los conflictos que existían en la vida terrena – son los propios personajes los que nos ahorran una posible comparación con A puerta cerrada de Sartre, y lo hacen con gran patetismo: “El infierno es estar condenado a pasar la eternidad con las personas que te recuerdan lo peor de ti” – y el segundo conflicto, la posible supresión del limbo por parte de la Iglesia.
El limbo, tal y como anuncia el Padre Carlos, es un lugar de descarte. Al contrario que el purgatorio, a donde las almas son enviadas para su purificación, el limbo es el no-lugar cristiano. La espera allí no conduce a la salvación ni a la condena y por lo tanto no tiene ninguna finalidad teólogica ni, por tanto, utilidad para la Iglesia. El destierro de los personajes a una eternidad mediocre es, en principio, la consecuencia de haber habitado en un mundo cristiano y, sin embargo, no haber sido bendecidos con el sacramento del bautismo: una suerte de hipocresía – llamémosla contradicción – que tiene una interesante lectura gracias a la idiosincrasia de los personajes: una médium que engañaba a sus clientes, una adúltera embarazada de su amante, un ciego que conoce al resto mejor que a sí mismo, etcétera.
A pesar de que en ocasiones la pieza se vuelve lenta en sus homenajes a Nicanor Parra, Corín Tellado y Violeta Parra, en general el ritmo cómico es agradable y roza el paroxismo cuando uno de los espíritus es poseído por el cura para su bautismo/exorcismo. Es precisamente en boca de este cura donde se produce la condensación del drama que late en la comedia: “[ahí en el cielo] … Eso es para gente como yo, personas solas, con dificultad para soportar relaciones íntimas, eso a vosotros no os sirve.”
El trabajo actoral llega a conectar con el público – hay actores que duplican papeles, con la responsabilidad que ello conlleva – que en general aplaudió a rabiar la producción de la dramaturga uruguaya. La obra se enmarca dentro de un doble propuesta que recoge la editorial Montesinos bajo el nombre “Díptico del más allá” y que incluye la presente obra y La vida no lo es todo, que también abre una canción de Julio Jaramillo, Nuestro Juramento: “Hemos jurado amarnos hasta la muerte y si los muertos aman después de muertos amarnos más”.
- La muerte es lo de menos
- Texto y dirección: Denise Despeyroux
- Reparto: Olivia Marta Bernal, Begoña Gloria Martínez, Rafael Pep Garcia, Arturo Rodrigo Cornejo, Samuel Iñigo Aranburu, Denise Despeyroux
- Lugar: Sala Cuarta Pared
- Dirección: Calle de Ercilla, 17, Madrid
- Sitio web: www.cuartapared.es











