Cómic raro, fruto de una sensibilidad poética fuera de lo común, que vaticina un futuro lleno de sucesos arrolladores. Miguel Noguera y Jonathan Millán, como dos extraterrestres extraviados, sortean las vallas publicitarias para convertirlas en manteles de ocasión en los que se verterá el vino y las lágrimas de los lectores. Sujetos a sus hábitos marcianos nos hablarán de otras realidades, las que, aunque insinuadas, siguen escabulléndose en cuanto nos acercamos a ellas, por temor o falta de atrevimiento.
Hervir un Oso es un manual para publicistas desesperados, una máquina de ideas que bebe de las anotaciones a pie de página de un estudiante hiperactivo, o como dice un escritor amigo, es todo aquello que nunca nos atrevemos a pensar y escondemos bajo la garganta. Sus autores llevan toda la vida acumulando ideas sin saber muy bien que hacer con ellas. Parece como si el libro quisiera sujetarlas, como si el formato fuera en contra de su instinto, limitándolas, pero no es así. En realidad, cada viñeta es un ofrecimiento, una invitación a la ensoñación y al delirio que se presenta sin hoja de ruta con el único propósito de ir generando más y más posibilidades.
Cuando la vida puede ser una película hecha a medida en la que los desechos de una fiesta generan a un tipo que en sí mismo revela todo lo sucedido, cualquier ocurrencia es factible, incluso operar ojos a distancia mientras la casa en donde vives aúlla desconsoladamente. Una puerta giratoria a la que te enfrentas sin miedo, una grieta, una fisura hiriente y compasiva, que habla un poco de nosotros y otro poco de ellos. Un libro que copula con sus iguales en la estantería mientras el bibliotecario se hurga la nariz. Un tanto de alucinación, otro poco de ironía, una pizca de trascendencia embadurnada con un humor pálido, casi invisible, que de tan ciego puede reírse de todo lo que le plazca; esa es la marea emergente que llega sin avisar y que pretende hervirnos a todos.
Me cuesta recordar una carcajada más próxima a mí mismo, más cercana a la conmoción, que estalla tiempo después, mientras camino por la calle, cuando me quedo ensimismado mirando a la-mujer-de-la-parada-del-bus-que-no-habla-con-nadie. Hervir un Oso poetiza el final de un lenguaje que se agota ante nuestros ojos, que de tan lejano ni siquiera podemos descifrar, para brindarnos la oportunidad de trazar un camino tan posible como necesario.
Ando por Portal del Ángel y lo que pienso va engordando la realidad, niños suicidas que no son niños, que son más bien padres bajitos e imberbes, discuten sobre la celeridad de la vida. Emboscado por mis propios pensamientos me concentro en la visión de los niños que poco a poco van tornándose en adultos. En ese instante, entre turbado y relajado, llego a la conclusión de que del mundo, lo que nuestros ojos perciben como mundo, no es un cuarto cerrado, es más bien una buhardilla con vistas partida en dos, en la que podemos jugar con los insectos que habitan en el estucado enmohecido que emerge del ladrillo. Noguera y Millán tienen la culpa.
- Hervir un Oso
- Autor: Jonathan Millán y Miguel Noguera
- Género: Cómic
- Editorial: Belleza Infinita
- Año de publicación: 2010
- 104 páginas


















Miguel Noguera, tipo excéntrico donde los haya. Lo descubrí hace poco, en el MACBA proyectaban algunos de sus monólogos del Ultrashow y no pude evitar corromper el silencio sepulcral que allí reinaba con estruendosas carcajadas. Qué casualidad, leo tu reseña y a continuación veo en su blog que hoy lo presenta en la Fnac… tentador.