Críticas, Música

Fe en la fiesta

Por Sebastián de Cheshire 16 jun 2010 2
Fe en la fiesta

Fe en la fiesta es, aunque pueda parecer el código pin de Chimo Bayo o una alocución puramente Berloscuniana, el nuevo álbum de Gilberto Gil. Músico brasileño, cantante  portugués, cofundador en 1968 del Tropicalismo y ministro de cultura de su país (2003-2008).

El arraigo a la hibridación musical es una constante que no siempre ha alcanzado el éxito cualitativo. A modo de analogía y por evitar alusiones directas al hip-hop poligonero de un tal Haze o al flamenco kafkiano de Ojos de brujo, entre otros, como gobernantes de fusiones malogradas y defensores de la reflexión transgresora que hacía Jesulín de Ubrique con aquello de “Los puristas caben en un autobus”, pongo de ejemplo a los genios del diseño gráfico que se atreven a retocar las fotos de su vecina, esa mujer que posa frente a iglesias góticas como si lo hiciera en la pornografía sentimental de Interviú,  hasta simular (el diseñador),  en un alarde grosero y kitsch, el manido díptico de Marilyn hecho por Warhol. Elucubraciones de una poética Ikea materializada que damnifican al consumidor, que rebajan lo artístico a un plano de mezcolanzas hechas de maqueta y baratija. En mi caso, escribo siempre con “típex” para no equivocarme nunca, y en el caso de Gilberto, el método es la colisión de los ritmos disfrazada de hogar, de optimismo, de alegría.

Fe en la fiesta lleva trece canciones de las cuales nueve son inéditas, lleva forró y música nordestina, lleva João de Silva, Luiz Gonzaga, Targino Gordim y Eliezer Selton. Un diálogo que mantiene a flote la disciplina del contraste rítmico, y esto entraña terribles dificultades, entre las que cito como capital el ensamblaje de opiniones  que exige no escuchar con violencia.

Gilberto es equiparable a estereotipos clásicos como son el de Horacio y Lorenzo de Medicis con el Carpe diem y el Comiamo e bebiamo che domani sará un altro. Soluciones que nos salvan de este tontísimo mundo que hemos dado en convertir en un horizonte de pesadumbre y hastío imborrable. Una filosofía sensata capaz de crearse un mundo sustituto de éste, de hacer de la vida una piedra ligera –que diría León Felipe-, de confeccionar una terapia con la que dilapidar el tiempo. Pero que nadie hable de irresponsabilidad. No es así. Los seguidores de este hombre son, en todo caso, unos incomprendidos, porque evitan la coherencia en el modo de sentir la metafísica diaria de su destino. “El hombre es un ser hecho para la muerte” –dice Heidegger- y ellos se entregan a la falacia útil, como aconseja el pragmatismo más agobiador, de la vida fecunda.

Fe en la fiesta es, en definitiva, un tanque de asepsia que funciona como un desfibrilador que restablece la fantasía, la emoción, el sexo e incluso la autosuficiencia, como la contenida en aquella coplilla popular:

Ayer me peiné en un charquito
y la misma agua me sirvió de espejito.

Pero le encuentro una pega porque, como le sucede a los creadores de los versos  ”mueve tu cucu“, “tu nombre me sabe a hierba” o “pechito con pechito y ombligo con ombligo“, Gilberto prescinde, en canciones de marcado tono erótico, de la compañía del odorama.

    fenafesta_cov

  • Fé na festa
  • Gilberto Gil
  • Brasileña
  • Sello: Geléia Geral/ Universal
  • Año: 2010
  • Puedes escucharlo en su web oficial

2 Comentarios »

  1. Silvia Aranda 16 jul 2010 at 13:51 -

    El primer párrafo habla en tono burlón de la diferencia entre fiestas que degeneran y fiestas “higiénicas”. El segundo párrafo advierte de los riegos que implican las fusiones.

Deja un comentario »

Connect with Facebook