El Teatro Circo Price vivió anoche uno de esos conciertos que hacen historia. Quizá no tanto por el concierto en sí, sino por ese cosquilleo que da el saber que estás viendo a historia viva de la música.
Y es que se trataba ni más ni menos que de B.B. King, el bluesman vivo más importante del mundo, quien a sus 84 años de edad sigue en activo y demostró ayer en Madrid por qué está considerado como el mejor guitarrista vivo de la historia. Había tal expectación ante el concierto, organizado como pistoletazo de salida de los actos conmemorativos por el Mandela Day que este año se celebra en Madrid (después de pasar por Londres y Nueva York), que en apenas media hora se agotaron las ochocientas localidades gratuitas que se repartieron el día anterior a tal efecto.
Y ya en escena, primero hicieron su triunfal entrada los ocho miembros de la B. B. King Band, músicos de edad avanzada, aunque no tanto como el maestro, que fueron encadenando solos celestiales uno tras otro, como si de una gran fiesta se tratase. Finalizado este interludio musical cercano a lo que sería una jam session gigante, el público se puso en pie para recibir al señor King, que agradecidísimo recibió con una enorme gratitud la ovación cerrada y eufórica de un público entregadísimo.
A partir de ahí, sentado en su mítica y habitual silla, bajo su gigantesca americana brillante que se reflejaba en el público, poco espacio hubo para las sorpresas pero mucho para la música. Es comprensible que, a su avanzada edad, sobre la que bromeó durante todo el concierto, haya menos espectacularidad en los solos y en los momentos de lucimiento individual, que al principio fueron más tímidos que espectaculares. Pero el mero hecho de seguir en activo tras su dilatada carrera, demostrar que no ha perdido la forma, ni mucho menos, y regalar un concierto con semejante trasfondo social le honran.
Y es que no todos los días ve uno a una estrella como B.B. King hacer vibrar como lo hizo anoche al público, de camelar a la audiencia con guiños constantes, con comentarios simpáticos sobre las mujeres (a quienes les dedicó You are my sunshine), y sobre los hombres, por esto de los nuevos tiempos y la igualdad, a los que también dedicó su canción (Rock my baby). Dedicara a quien dedicara las canciones, su voz profunda y cálida conquistó a todos, ya fuera cantando, sonriendo, chapurreando alguna que otra palabra en castellano, o simplemente bromeando con sus músicos.
Cuando la fiesta ya estaba más que encendida, y tras nombrarle varias veces durante el concierto, hizo aparición su amigo Raimundo Amador, que se sumó a la big band demostrando que es nuestro bluesman patrio, capaz de medirse al mismísimo King en escena. Para entonces el ritmo y el swing ya habían invadido a toda la sala, y con el público en pie a punto de derribar el teatro, B.B. King dijo que ya sólo podían cantar una última canción. Y así fue. Un último chute de ritmo, una cerrada ovación, alguien le colocó un abrigo –de capo– y le fue pasando lo que parecían joyas, o relojes, para que los lanzara al público como quien lanza caramelos en una cabalgata.
Al final, quedó esa sensación de haber tenido la suerte de ver a uno de los grandes y de estar participando en un evento que, el próximo 16 de julio, celebrará el 92 cumpleaños de Nelson Mandela con un concierto en Las Ventas que promete ser histórico. De momento, B.B. King seguirá su pequeña gira por España, y estará en Valladolid el próximo viernes 4, en Granada el sábado 5 y en Murcia el domingo 6.









Hey! Buena crónica para un concierto enorme. Os he enlazado desde la mía, en Mercadeo Pop. Saludos!
http://mercadeopop.blogspot.com/2010/06/bb-king-2010-teatro-circo-price-madrid.html