En el verano de 1984, Scorpions, Whitesnake, Bon Jovi, y otras muchas más bandas del Hard-rock, el Hair-rock, Heavy o Rock, a secas, más punteras de la época se reunieron en el Festival Super Rock de Japón. El comienzo de este documental campechano y singular se inicia con la rotundente sentencia de que todas aquellas bandas que se reunieron en aquel espectáculo terminaron vendiendo millones de discos y realizando una carrera de éxito. Todas, excepto una… Anvil, la que da nombre a este producto tan sorpresivo como increíble.
Ves a Lars Ulrich, Slash o Scott Ian y comentan que tenían a Anvil como a una de sus bandas favoritas en sus inicios, de la cual piensan que influyó en superbandas como Metallica, Guns‘n’Roses o Ántrax, y con la certeza de que creyeron que Anvil iba a poner el género del Heavy-Rock patas arriba, y a los pocos segundos ves la melena mezclada con calvicie de Steve “Lips” Kudlow (líder de Anvil) trabajando en su pueblo natal canadiense de repartidor de comida para centros escolares en pleno 2008 y piensas: esto es de broma. Una broma divertida, pero broma al fin y al cabo.

Aunque no. Todo en este documental es verdad y con una sinceridad fuera de lo común en el género. A lo largo de escasos ochenta minutos el espectador puede ir desvelando el porqué de su rotundo fracaso. Por qué no se vendieron esa millonada de discos, cuando todo apuntaba a que la banda canadiense se iba a comer el mundo y no iba a para de girar en esos treinta años que transcurren entre ese festival y la actualidad, donde lo único que ha sucedido es que los miembros de la banda tienen básicamente una vida igual de mediocre y convencional como cualquier ciudadano de clase media.
Sin embargo, la causa de este derrotero no es tan absorbente para el espectador como la invencible capacidad de ilusión, ganas y fé que Kudlow tiene, ya a sus cincuenta años, para llevar a acabo por enésima vez la escalada a la cima del éxito de su banda. La cual no ha parado de ensayar, componer nuevos temas e incluso grabar algún que otro álbum. Esas ganas megalomaniacas, pero en el fondo humanas y sensibles con un sueño nunca abandonado, es lo que mantiene en pie un documental filmado desde el cariño por la miseria del ser humano. Sacha Gervasi, su realizador, en su juventud, fan y groupie de esta banda, trabaja una formalidad que carece de cualquier introspección más allá de ser un documento con aires independientes y domésticos (en Sundance, Anvil arrasó). Sin embargo, los logros se mantienen en el bando del fondo de la historia.

La desgracia del sueño americano, la visión romántica que absorbe la visión de la realidad desde la búsqueda constante de un ideal de belleza vital, de felicidad personal y subjetiva en sumo grado. Una promesa entre dos amigos a los catorce años de edad, hace que más de media vida después siga bombeando un anhelo, una quimera y un espejismo que se topa una y otra vez con la objetividad de la existencia.
Disputas, autenticidad, lágrimas, gritos, impotencia ante el monstruo de la globalización y de las multinacionales. Este documental llano y amargo pero con una gran dosis de optimismo vital y autenticidad en los sentimientos parece toparse, por las frías calles del desconsuelo, con las ganas de un Kevin Smith con la idea de fusionar Some Kind of Monster (Joe Berlinger y Bruce Sinofsky, 2004) con This Is Spinal Tap (Rob Reiner, 1984) en plena era MySpace, donde aún parecen existir sueños musicales que a pesar de jugar con muñequeras de pinchos, cardados y headbanging están totalmente convencidos de que el destino les depara algo muy grande.
- Anvil: El sueño de una banda de rock
- Título original: Anvil! The Story of Anvil
- Documental, Estados Unidos, 2008
- Director: Sacha Gervasi
- Música: David Norland
- Fotografía: Christopher Soos
- Duración: 80 minutos
- Estreno en España: 25 de junio de 2010
- Distribuida por: Avalon
- Enlaces: Web oficial (España) | IMDB











