Filias & Fobias Por Anaïs Egea

Monstruos

17 may 2010 6
Monstruos

Primer aborto de artículo

Llevo tres semanas peleándome con ella. Por eso no ha habido artículo. Porque ella se ha negado. Ella, implacable e impoluta, la muy guarra, se ha empeñado en mantenerse limpia y vacía pese a mis ruegos, mis esfuerzos y mis sollozos. No ha habido artículo porque ella no ha querido: la maldita página en blanco. Esa criatura temida por el escritor más avezado, y no diremos ya por mí.

Si hay algo sobre lo que puedo llenar páginas, es sobre la página en blanco.

Mentira. Si hay algo que me impide llenar páginas, eso es la página en blanco.

No sé.

Segundo aborto de artículo

A veces, de repente, me quedo seca de ideas, incapaz de convertir el cursor de mi ordenador en palabras. No sé por qué es. No sé qué me pasa por la cabeza (“lo que soy capaz de escribir no merece ser escrito” o “puedo escribir algo mucho mejor que esta mierda de texto así que voy a borrarlo”). No sé si es porque se me amontonan ideas en la compuerta del cerebro y se quedan ahí pataleando, intentando sin éxito zafarse de la maraña para zambullirse en el papel o en la pantalla. O si es porque carezco totalmente de ideas y mi mente es una sopa en la que ya nada flota. No sé si es por vagancia mental, por bloqueo, por algún tipo de justicia kármica que se me escapa o por casualidad. Pero es frustrante.

Tercer aborto de artículo

Vila-Matas los llama escritores del No. A los Bartlebys, me refiero. A esos escritores que no han escrito. A esos autores cuya obra consiste en no haber escrito obra alguna.

Imagino a todos los Bartlebys que pululan por su Bartleby y compañía (Anagrama, 2000; un librito gris que me recomendó Julita) encerrados en una caseta. Por fuera, la caseta tiene un aspecto miserable: es una de esas estructuras sintéticas y prosaicas que esperas encontrar a las puertas de los grandes almacenes dedicados al bricolaje. Pero dentro de la caseta todo es elegancia y maravilla: papel rojo recubre las paredes y constelan el suelo mesitas de café y sillas de patas curvas y respaldos como bultos de terciopelo abrazando las espaldas de todos los Bartlebys, que juegan a las cartas y toman copazos. El ambiente es distendido a la par que distinguido. No se diferencia muy bien un No-escritor de otro. Todos tienen en común una leve tendencia a la evaporación. Todos tienen en común esa forma tan humilde de estar que es casi un No-estar.

A unos se les da mejor que a otros, claro. Pepín Bello se camufla en el ambiente mucho mejor que ese Rimbaud casi cuarentón. Pero todos han perdido ese aura. Todos han perdido esa necesidad. Ya no necesitan escribir. Ya lo hicieron o ya se rindieron o —esto es lo más probable— ya se aburrieron. Todos. Eso es lo que los convierte en Bartlebys. Eso los convierte en escritores del No. El hecho de ser el epílogo de una vida que ya no recuerdan por qué vivieron.

Intento fallido de reanimación del tercer aborto de artículo

A veces tengo la desidia de Barlteby. Me vuelvo tan difusa que tengo que pellizcarme y decirme en voz alta “El artículo, el artículo, Anaïs, el maldito artículo”.

Intento fallido de reanimación de todos los abortos de artículo

Este artículo iba sobre la página en blanco. O sobre los Bartlebys. O sobre Vila-Matas. O sobre Rimbaud cuarentón, rubio y con barriga y sin poemas. Son cosas interesantes, ¿no? Son tipos interesantes. Debería poder escribir sobre ellos. Y no estoy escribiendo sobre ellos. Pero es que lo que había que decir sobre Bartleby, todo lo dijo Melville y todo lo apostilló Vila-Matas. Y nunca nadie abarcará todo lo que hay que decir sobre Rimbaud, cuarentón o no.

Y además la página está blanca y el cursor titila y se burla de mí y no me salen las palabras. No me salen las palabras.

La pregunta que abre este párrafo es aún más retórica de lo que parece

¿Pero soy tonta o qué? ¿Acaso no me doy cuenta de lo ridículo que es escribir sobre la página en blanco? ¿De que es paradójico? ¿Cómo puedo quejarme del síndrome de la página en blanco mientras relleno líneas acerca de la página en blanco? ¿Qué tiene de blanca esta página llena de letras, a ver? ¿Eh? ¿Eh?

Fin

Paradójico o no, este artículo — creo — va sobre la página en blanco. Porque esta página, aunque la veáis emborronada, está en blanco. Está en blanco porque no está diciendo nada. Está aquí para torturarme, para recordarme todo lo que podría haber escrito sobre ella y no he escrito.

Por lo general, trato de leer de un tema para escribir sobre él. Suelo recurrir a autores que me gustan, a episodios de la literatura, a obras que tengo en la recámara de mi cabeza. Esta vez, como veis, no ha sido así. No me ha hecho falta. Y es que, aunque me fastidie a más no poder, en el tema de la página en blanco soy toda una eminencia.

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6 Comentarios »

  1. Migue 17 may 2010 at 09:12 -

    ¡Qué grande Vila-Matas! Empezó a fascinarme cuando le escuché decir en una entrevista que el dejó de ver cine allá por los años 80. Un amigo le comentó que John Huston había adaptado el “Dublineses” de Joyce y le recomendó que si quería seguir sin ver más cine, muy bien, pero al menos tenía que ver esta película.

    Ahora que pienso, a causa de acercarme a la obra de Vila-Matas,me acerqué a “Moby Dick” y a Melville, a Joyce, a los escritores irlandeses… En mí también existía un hueco, no en negro, sino en blanco dispuesto a rellenar con más resonancias. A mí, Vila-Matas, también me ayudó a ennegrecer “mi hoja en blanco”.

  2. Juan Carlos 17 may 2010 at 09:16 -

    Creo que más de uno/a se debe de haber sentido identificado con tus experiencias con la página en blanco (entre los cuales me incluyo). No sé si es un misterio, pero causa más de un dolor de cabeza a cualquier escritor/a. ¡Y no, aunque está emborronada, esta página no la dejaste en blanco!

  3. NáN 19 may 2010 at 01:21 -

    Pues oye, será porque escribo andando, o en la barras de los bares, de memoria. No vuelvo a casa hasta que el texto no está completo y corregido. Así que no tengo que pasarlo a papel y, claro, no hay página en blanco. Será por eso, pero para mí escribir historias es un placer que no produce angustia alguna.
    Ahora mismo voy a intentar escribir sobre una página, a ver si me entra la angustia y me produce insomnio y todo eso.

    ¿Ves, bobina, como sí era interesante tu artículo y provoca reacciones?

  4. NáN 20 may 2010 at 13:15 -

    ¡Uy, pero lo que he escrito! ¿Acaso soy incorrecto? No me gusta presumir de lo que no soy. Lo dejamos en un poco gilipollas, ¿vale?
    Con Dios.

  5. la señorita ojos de gato 31 may 2010 at 17:23 -

    jajajajaja.

    Me parece muy bueno que trates así la ingongruencia de dejar la hoja en blanco y rellenarla (por una vez sin haber recurrido a tus depósitos prosaicos).

    Un saludo!!

  6. Dr. 16 ago 2010 at 19:22 -

    Rimbaud, el poeta, un poeta del No. Me pareció interesante la idea. Me resulto curioso imaginarlo cuarentón, rubio y con barriga.

    Te cuento el detalle de entre de lo que él sé que más me gusta. Son las cartas que escribía a su hermana elogiando la vida de ésta, familiar y con hijos. Encadeno, osado, ideas. Rimbaud, uno que ejerció todas las profesiones, que todo lo recorrió sin volver a plasmar sobre el papel sus heridas: todo un poeta del No. ¿Aburrimiento?

    Me conoces, sabes que nunca acabo los libros. Empecé el que te compré de Camus [el de Sísifo]. Te copio un pedacito que me gusta, que me sacó del libro y me llevó a pensar otras cosas. Viene ahora al caso.
    “Cuando Karl Jaspers, revelando la imposibilidad de constituir el mundo en unidad, exclama: «Esa limitación me conduce a mí mismo, allá donde ya no me retiro detrás de un punto de vista objetivo que no hago sino representar, allá donde ni yo mismo ni la existencia ajena puede convertirse en objeto para mí», evoca, después de otros muchos, esos lugares desiertos y sin agua donde el pensamiento llega a sus confines. Después de otros muchos, sí, sin duda, ¡pero cuan impacientes por salir de allí! A ese último recodo donde el pensamiento vacila han llegado muchos hombres, y de los más humildes. Estos abdicaban entonces de lo más querido que tenían, que era su vida. Otros, príncipes del espíritu, abdicaron también, pero procedieron entonces, en su rebelión, al suicidio de su pensamiento. El verdadero esfuerzo, está, por el contrario, en atenerse a él, en la medida de lo posible, y en examinar de cerca la vegetación barroca de esas remotas comarcas. La tenacidad y la clarividencia son espectadores privilegiados de la inhumana representación en la que lo absurdo, la esperanza y la muerte intercambian sus réplicas. El espíritu puede analizar las figuras de esta danza a la vez elemental y sutil, antes de ilustrarlas y revivirlas él mismo.”

    Repito. ¿Aburrimiento?

    Te debo un comentario a tu texto de Yates. Empalma con este. Rimbaud poeta del NO jugó con el vacío, hasta el punto de… ¿abdicar? No lo creo. Tampoco quiero juzgarle. Me lo imagino rubio, cuarentón y con barriga con la respuesta en su corazón:
    « Hermana admiro tus hijos y familia, tus raíces, tu arraigo y apego, son la respuesta al vacío.»

    Un saludo,
    Dr.

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