Situaciones Incómodas Por Salvador Luis

Fernanda Trías

13 may 2010 5
Fernanda Trías

Fernanda Trías (Uruguay, 1976) es quizá una de las autoras más atrayentes de Sudamérica (y uno de sus secretos mejor guardados); ha ganado becas como la Unesco-Aschberg, la cual le permitió vivir en Francia por varios años, y premios como el de la Fundación BankBoston a la Cultural Nacional. Con dos estupendas novelas publicadas: La azotea (2001, que pronto reeditará Ediciones Puntocero de Venezuela y estará también disponible en España) y Cuaderno para un solo ojo (2002), esta montevideana no sólo cuenta con un imaginario digno de una película de Antonioni, sino también con una prosa que no escatima en detalles, cuidada y fotográfica.

Su obra forma parte de antologías como El cuento uruguayo II (2003), El descontento y la promesa. Nueva/joven narrativa uruguaya (2008), Esto no es una antología (2008), Asamblea portátil. Muestrario de narradores iberoamericanos (2009) y Neues vom Strom (2010). Y hoy, aunque sus amigos le hayan recomendado leer las teorías de Pavlov en vez de responder a este interrogatorio, Fernanda, incondicional como siempre, ha preferido ponerse en una situación incómoda.

He atendido a varios de tus textos y me he percatado de que la mayoría de tus protagonistas son mujeres… ¿Por qué discriminas a los hombres? ¿No te cae bien El Principito?

Es que a los hombres no los entiendo. No puedo ver el mundo –mucho menos vivirlo— desde la cabeza de un hombre, y se me hace difícil mantener la verosimilitud. Mis personajes tampoco fuman. Una sola vez hice que un personaje fumara y al final sólo prendió un cigarrillo en toda la novela. Me olvidaba de hacerla fumar.

Ser mujer es lo que me sale más natural, por razones obvias, y como casi siempre escribo en primera persona, echo mano de lo que tengo cerca y de lo que conozco mejor. Por ejemplo, en un cuento donde el personaje principal es una señora mayor, escribí esto:

La mujer se inclinó para anotar en su cuaderno y Jacinta aprovechó para analizarle el moño, bien tirante y apretado en la nuca. En ese moño hay como veinte ondulines, pensó, y luego resbaló los ojos por el cordón de canutillos que ataba los lentes alrededor del cuello y por el vestido rojo que le ceñía el vientre sin preocuparse por la blandura de los años. Una linda mujer, se dijo, y pensar que a los cincuenta yo ya me sentía vieja.

Son ésas las cosas en las que se fija una mujer. ¿Qué pensaría un hombre en la misma situación? Seguro que lo último que se le pasaría por la cabeza son los ondulines.

Los hombres que aparecen en mis textos (como el caso del padre en La azotea) son siempre un misterio que la narradora intenta descifrar.

¿Y qué opinas de los gatos sin pelo?

Prefiero las personas sin pelos en la lengua.

Yo nunca tuve gatos; ni con ni sin pelo. Me dijeron que los gatos son el mejor amigo del escritor, porque son nocturnos e independientes. Yo tuve dos experiencias con gatos ajenos. Uno me usó de trampolín mientras dormía para rebotar y saltar hacia la ventana que quedaba del otro lado de la cama. El otro se creyó que mi cabeza era un almohadón.

La soledad es lo único que el escritor tiene, y es lo más interesante de ser escritor: sentarse frente a la pantalla con nadie más que uno mismo y dejar que la habitación se vaya llenando de esas otras almas que nos salen de adentro. Demonios, ángeles o gente común y corriente. Hay que tener la valentía de levantar la tapa y ver qué sale. Y después atenerse a las consecuencias.

No sé si te fijaste, pero mucha gente piensa que eres demasiado guapa para ser escritora. ¿Te animarías a dar un giro y convertirte en una pin-up girl como Dita Von Tesse?

Cuando en 2001 publiqué La azotea, una novela corta escrita a los 22 años y que tenía una foto de aquella época en la contratapa, me invitaron a un programa de radio en vivo. Eran unos chicos jóvenes muy “alegres” y uno dijo al aire que mi libro tendría que aparecer en los anaqueles de las librerías al revés, con la contratapa hacia adelante. Que así se iba a vender más. Yo no me tomé la broma a bien y tampoco supe responder algo ocurrente que me dejara mejor parada. Mi capacidad de reacción para ese tipo de cosas no es muy rápida. Escribir implica otro ritmo, la lentitud inherente al acto de escribir y al acto de leer, y a veces siento que no puedo pensar con claridad si no lo pongo por escrito. Al escribirlo voy descubriendo lo que quise decir, y muchas veces es una sorpresa.

Pero eso de que las escritoras suelen ser feas es un mito. Alcanza con mirar las fotos de Djuna Barnes, Colette, Liliana Heker, Zadie Smith, entre otras. La propia Marguerite Duras, antes de mimetizarse con un anfibio, era una mujer hermosa. El tiempo te pasa por arriba y va dejando sus marcas. Nunca sabemos con qué nos iremos mimetizando a lo largo de la vida.

Bueno, yo tengo una duda hace tiempo y quizás tú puedas responderla. ¿Es cierto que Uruguay es una provincia de Argentina?

No estaría mal. Me ahorraría bastante tiempo a la hora de explicar de dónde soy. Se vuelve muy cansador tener que dar las coordenadas geográficas de tu país cada vez. Yo tengo el versito aprendido de memoria en varios idiomas. No te imaginás todas las veces que me presentaron como “Fernanda from Paraguay“. Y por más que yo dijera Uruguay, ellos no se cansaban de repetir Paraguay. En Francia, donde viví hasta hace poco, ni siquiera entendían mi pronunciación, porque ellos lo pronuncian “urugué“, con la erre francesa.

Así que a veces, para salir del paso, digo simplemente que soy “de Argentina” y ahí enseguida gritan: ¡Ah, Maradona!

Ser un escritor uruguayo es una rareza, y la crítica uruguaya hasta acuñó el término “los raros”. Pero no hay que caer en la tentación de hacer de esa rareza una bandera y utilizarla para que se nos perdone cualquier cosa. Lo raro no es necesariamente bueno.

¿Y el nombre Fernanda? Yo no me llamo Fernanda y los nombres que terminan en anda siempre me han intrigado porque riman con la palabra “lavanda”. ¿Qué tal si de ahora en adelante te llamamos Virtulinda?

Más raro aun sería llamarse Fernando y tener bigote. Eso sí que no me lo imagino…

Hay un libro de Tim O’Brian que se llama The Things They Carried (traducido como Las cosas que llevaban los hombres que lucharon) y que habla de todas las cosas que carga un soldado, las cosas físicas, que son muchas y pesan más de lo que uno se imagina, pero también todo lo otro: la soledad, la culpa, la tristeza, el hambre. Todos cargamos una mochila invisible que se va llenando a lo largo de la vida y a veces el peso se vuelve intolerable. Nuestro nombre es una de esas cosas; un nombre que no elegimos, pero que desde la infancia se va cargando de significado. Si te tocó llamarte Hermenegilda, vas a tener que luchar con uñas y dientes en la escuela. Eso forjará tu personalidad para un lado o para el otro; tendrá algún efecto, bueno, devastador o lo que sea, pero nunca podrás salir ileso. Como no se puede salir ileso de casi nada. Y mejor así, en realidad, ¿qué gracia tiene ir por la vida sin que nada te modifique? En la novela que estoy escribiendo ahora, la narradora adolescente odia su nombre: Ester, un nombre de vieja, según ella. Pero también odia su apellido, porque le recuerda al padre que la abandonó de niña. Su apellido es una mochila pesada, porque cada vez que lo pronuncia recuerda a ese padre que preferiría olvidar.

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5 Comentarios »

  1. Brenda M 13 may 2010 at 22:12 -

    Muy buen estreno de sección! Felicitaciones a Fernanda Trías por salir airosa! Excelentes contestaciones.

  2. Guillermo B. 14 may 2010 at 06:53 -

    Felicidades por el inicio de columna, Salvador. Fernanda demuestra algo que espero (por eso estamos luchando…) que algún día mejore: la pésima distribución de libros entre nuestros países. A ella no la conocía, pues ninguno de sus libros (ni las compilaciones en que aparecen sus relatos) se encuentra en Costa Rica. Espero leerla en algún momento.

  3. Morgana 20 may 2010 at 17:36 -

    Excelente Fernanda! Inteligente y libre. ¡Qué habilidad para moverse a toda velocidad y salir de adelante del tren!. Lo escribo entre signos de exclamación a pesar de no ser maestra de escuela, pero la verdad es que las respuestas son fascinantes y como no puedo pasar por delante de Salvador dando saltitos hacia un costado y el otro chocando los talones… uso los signos de exclamación.

  4. gabriela 25 jun 2010 at 22:08 -

    No esperaba menos de Fer. Digna de mi admiración y amor incondicional siempre. Tan inteligente como bonita y buena persona. Tan meritoria, capáz y excelente escritora como buena amiga.

  5. kataki 31 oct 2010 at 19:31 -

    Qué linda es Fernanda!

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