Cibelle, o más bien su álter ego Sonja Khalecallon, y su banda Los Stroboscopious Luminous aterrizaron anoche en una semi-vacía Sala Heineken unos minutos después de las diez de la noche. Les aguardaba un escenario entre futurista y tropical, donde flores de plástico, bombillas de colores en el micrófono, cortina retro sobre los teclados, y paneles de fondo recreaban la temática conceptual, underground y apocalíptica de su tercer y último disco Las Vênus Resort Palace Hotel (Crammed-Nuevos Medios, 2010). Un hotel al que viajamos a través de la música. Como si fuera de una isla de clima soleado, pero azotado por la devastación.
Fue sin duda un concierto altamente cabaretero, con dosis de actitud after-punk y momentos freaks, locos, y lúcidos, durante el brevísimo (poco más de una hora) viaje post-nuclear. Cibelle, o Sonja, nos ofreció sus gritos, juegos de voces, experimentos electrónicos, piruetas, e incluso nos demostró, en varios temas junto al teclista, sus dotes interpretativas.

Ella presentó un estilismo new-punk donde tacones rojos, medias añejas, una falda de papel amarillento que a las dos canciones terminó en el suelo, y sus músicos que combinaban mallas de leopardo con chaquetas retro de segunda mano. Comenzaron con su particular bienvenida, donde recreaban los sonidos del primer track del disco, Welcome, para darnos la bienvenida a ese hotel de freaks a través de suspiros de animales del bosque, y otras rarezas sonoras. A partir de ahí no hubo lugar para canciones de sus anteriores discos, distintos en concepto y sonoridad a este último. De hecho, en sus anteriores trabajos ha realizado duetos, entre otros con Devendra Banhart o Seu Jorge.
Y, de buenas a primeras, comenzó con los acordes de Underneath the mango tree, celebrada versión de la canción que acompañaba a esa inolvidable escena de Ursula Andress en la playa de Agente 007 contra el Dr. No (1962) para ofrecernos en el orden estricto del disco todo un concierto conceptual, donde hipnotizó el sonido de la banda, donde se alternaba el sonido del teclado con las guitarras, la batería y el bajo mientras la fina voz de Sonja (o Cibelle) iluminaba todos los espacios sonoros.
Man from Mars supondría una balada con toques de ciencia ficción mientras que Melting the Ice con su estribillo de coros de fondo evidenciaba la sensualidad desbordante de la frontwomen. Y la locura interpretativa y cabaretera comenzó a dibujarse con Lightworks, otra versión, en este caso del pionero de la música electrónica Raymond Scott con gemidos incluidos, inmediatamente antes de ofrecernos uno de los momentos más emocionantes del concierto al brindarnos la emotiva y lírica Sad piano mientras se apagaban las luces cegadoras y era su voz, desnuda, la que recogía el protagonismo debido. Con el llanto de estribillo, hilo fino, y un corte de composción más clasicista. Pero la tranquilidad no duró demasiado, e inmediatamente después del interludio volvieron la fiesta, el baile y las palmas. El teclista se acercaba al borde del escenario y explotaba el compás aunado de público y grupo, donde desde el soul y los sonidos más setenteros se entremezclaban la fragmentación guitarrera, ciertamente rock, y algunos toques electrónicos después de la evocadora y tropical Frankestein.
Y ya acercándose al final, llegó el momento en el que, después de cantar e interpretar junto al teclista de mechas rosadas y pose afeminada al estilo bohemio del Soho New Yorkino, bajara la artífice de Cibelle a moverse, sugerir, y cantar entre el público entusiasmado que no dejaba de gritar y fotografiarla. Pose, actitud, y toneladas de glamour demodé con las que admite descaradamente que normalmente es “muy mala” y no suele ofrecer bises, así que el público se siente especial y afortunado cuando la artista se despide, sentada sobre un bafle, cantando a capella cuatro versos de una nana brasileña.

Por unos minutos hemos sido partícipes del último bar que queda en pie tras un desastre nuclear que ha acabado con el mundo. Cualquiera es bienvenido a este reducto paradisíaco en el que rezuman por igual las voces de Joanna Newsom, o Björk con unos psicotrópicos de más. Esta noche, en la Sala Apollo de Barcelona, Cibelle y su álter ego volverán a trasladarse al hotel del fin del mundo.








