Aterrizó en España de la mano de Mondadori con El comienzo de la primavera, el excelente relato ganador del Premio Jaén de Novela en 2008. Dos años después, el argentino Patricio Pron (1975) viene a replantear la coyuntura de la narrativa breve con El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan; una respuesta a todos aquellos que dudan sobre la posibilidad de que una colección de cuentos —en lo que concierne a la recepción y los resultados editoriales— pueda hacer sombra a la ficción de larga distancia, y desde luego, una de las apuestas más notable en el relato corto que han tenido lugar durante los últimos meses. He aquí la conversación que mantuvimos con el autor a propósito de El mundo sin las personas…
P. Hipótesis: en España, aquellos que como lectores crecimos después de los años setenta (y ochenta) hemos comprobado cierta saturación, cierta producción excesiva en torno a los conflictos políticos interiores (la Guerra Civil y la Transición); un agotamiento que nos ha conducido a celebrar relatos que —tal vez— aparecen en el lector como experiencia estética antes que como memoria histórica: sirvan de ejemplo las obras de Vollmann (Europa central), Littell (Las benévolas), Bolaño o incluso tu última novela. ¿Dónde reside en tu caso el interés por la identidad de Alemania? (O: ¿dónde acaba la reflexión política y dónde empieza la estética? —y viceversa—). ¿O qué hace un argentino que viaja a Göttingen y luego aterriza en Madrid hablando del alzheimer en Alemania (v.br., el gag de títeres en la p. 42, Una de las últimas cosas que me dijo mi padre, El mecanismo de la historia…)?
R. Mi interés en Alemania reside en varios factores, algunos de ellos azarosos (el hecho de que mis padres tuvieran libros de autores alemanes y centroeuropeos en su biblioteca y yo los leyera cuando niño, en la época de la invalidez intelectual y de las fascinaciones) y otros buscados por mí, como mi estancia de ocho años en Alemania y el hecho de que, con sus guerras y sus conflictos desgarradores, la construcción de la identidad alemana a lo largo del siglo XX sirve como parábola de las construcciones identitarias de otros países como Argentina y España; su convicción de que la memoria de los hechos trágicos del siglo XX sirve para evitar su repetición también es una enseñanza valiosa para todos aquellos países que, como los que acabo de mencionar, han vivido períodos dictatoriales en el pasado reciente. En cuanto a los límites entre reflexión política y estética no puedo decir mucho, ya que son invisibles para mí: no sólo en mi trabajo como escritor sino también en el de crítico no veo diferencias entre una cosa y otra.
P. Hablar de (alta-)cultura hoy es hablar de la capacidad de un texto para contener el máximo número de metáforas o significados en potencia —véase en tu caso El libro alemán (Quimera, 316), el artículo en donde Javier Calvo desglosa, avanzando cuento por cuento, las hipotéticas simbologías o alegorías contenidas en El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan—. Cabe preguntarse entonces hasta qué punto tu escritura parte con intención de tener ocupada a la crítica (tú mismo ejerces el doble papel de crítico y autor), y hasta dónde es reivindicación de la narración pura, del mero placer de contar historias. ¿Alguna poética para tú ficción?
R. Nunca he tenido en mente tener “ocupada” a la crítica (que, por otro lado, ya está suficientemente ocupada tratando de comprender qué lleva a alguien a leer algo como Stieg Larsson). Más bien pienso en los textos como piezas incompletas que el lector puede completar a su gusto, artefactos vacíos a los que el lector (y Javier Calvo lo hace magistralmente) otorga sentido poblándolos de referencias culturales y experiencias personales. Una concepción así de la literatura supone no sólo la posibilidad sino también la obligatoriedad del malentendido como forma principal de comunicación entre autor y lector, pero he aprendido que ese malentendido está en mi propia experiencia como lector y por lo tanto he aprendido a vivir con él como escritor. La productividad de los textos (o sea, su capacidad para generar verdad y sentido) depende estrechamente del mecanismo del malentendido, de modo que no seré yo el que vaya a corregir a un lector.
P. Hablemos de Es el realismo, uno de los textos de la presente colección que más interés me produjo. A este respecto, teniendo en cuenta el aparente peso autobiográfico con que cuenta el relato (a los veintiocho años P. abandona el país donde se crió para dirigirse a una pequeña ciudad alemana), y de la abundancia de autoficciones con la literatura como telón de fondo presentes el panorama actual, me pregunto por qué esta clase de construcciones sigue suscitando interés entre los lectores. Personalmente, quiero creer que existe una cierta voluntad de desafío al descrédito de la crítica biográfica (quizá imparable desde Baudelaire y el Contra Sainte-Beuve de Proust), y que siempre hay algo lúdico en el lector que, inútilmente, intenta discernir qué de lo relatado es o no real.
R. Supongo que el auge de la autoficción proviene del hecho de que su misma existencia pone en crisis el reparto institucionalizado de los géneros, y que esa crisis es productiva para pensar nuevas formas de la literatura. Naturalmente, la autoficción juega con esa pregunta del lector (ingenuo) acerca de qué es real o no en un relato de ficción, una pregunta absurda porque cifra el valor de la literatura ficcional precisamente en el que es su fracaso, es decir, su incapacidad de dar por verdadera una mentira. Y supongo también que la autoficción es el ámbito en el que más desembozadamente se produce el retorno del autor, tras la muerte decretada por Roland Barthes en la década de 1970. En las razones que determinan que haya una demanda específica para que el autor regrese y retome el control de su narrativa (que quizás tengan que ver con el estado actual del negocio literario, que sólo sabe comercializar libros asociándolos a una persona que es promocionada o se promociona por sí misma) tienes un asunto más interesante sobre el que pensar que la cuestión acerca de si lo que se cuenta en Es el realismo me sucedió realmente a mí o no.
P. En Es el realismo recurres al tema del escritor de provincias como expresión patológica o perversión del sistema literario, como comprobamos en las conversaciones más o menos incómodas entre el director del taller y el novelista que también es reseñista. En este sentido, tengo la impresión de que la posible contaminación de la crítica y del panorama editorial, y de la posible endogamia entre escritores afines (cierta atmósfera paranoica, ciertas teorías conspirativas que siempre revolotean por ahí, y que han obtenido como resultado multiplicidad de autojustificaciones y debates entre escritores) ha terminado por convertirse en una especie de pecado original o culpa reprimida en la literatura actual. Más allá, en “El estatuto particular”, a tenor de las notas tomadas por el protagonista, tampoco puede decirse que los escritores —por lo que él cuenta, por cómo lo cuenta y por lo que nosotros deducimos de él— salgan especialmente bien parados. ¿Hay algún modo de abandonar esa culpa por el tráfico de intereses y concentrarnos en otros asuntos? ¿Es la literatura el apocalipsis?
R. Bueno, la literatura es, en tanto negocio o millieu, una versión reducida del mundo, y por tanto no es ajena al tráfico de influencias, la corrupción y la endogamia; al igual que en el mundo, un escritor sólo necesita recurrir a ellos cuando su obra no vale la pena, y esta es una buena señal para determinar si un libro es literatura o papel escrito y debería ser tenida en cuenta por todos los lectores. Ahora bien, lo interesante de la literatura es que, en ocasiones, la desesperación y la ambición de los escritores conduce a la escritura de una obra maestra, y esa esperanza última justifica que uno siga leyendo libros, y escribiéndolos, pese a la evidencia inobjetable de que el mundo de los escritores es un mundo de corrupción, mediocridad y estupidez. Exactamente igual que el mundo de los fontaneros o el de los fabricantes de golosinas, sólo que con muchísimo menos dinero en juego y personajes más interesantes sobre los que escribir.
P. Hasta donde sé, Contribución a un diccionario biográfico del expresionismo no es la clase de texto sobre apócrifos que juega con el pacto de ficción sobre el género ensayístico, al estilo de la literatura portátil de Vila-Matas o incluso la literatura nazi de Bolaño. Sin ningún tipo de interés por entrar en el bucle de la discusión sobre los límites entre géneros, ¿a qué se debe la inclusión de este texto en El mundo sin la personas…?
R. Contribución a un diccionario biográfico del expresionismo fue un desafío para mí como escritor y ahora es una pregunta para los lectores acerca de qué es y qué no es literatura para ellos, además de una cachetada a aquellos escritores que cultivan un realismo ramplón como si las vanguardias históricas no hubiera existido nunca y se limitan a contar sus vidas imbéciles de aspirantes a héroes del balompié o niñas de colegio de pago a las que excitan los mendigos, y también a aquellos que creen que son vanguardistas porque miran Los Simpsons y escriben sobre ellos. No se trata de una cachetada violenta o indignada, sino más bien es un intento de despertarles del sueño bobo de la literatura en español en el que parecen dormir todavía.
P. El año pasado Miguel Serrano Larraz publicaba en Órbita algunas ficciones que remitían de manera directa a la voz de Bolaño. También en algunos cuentos de El mundo sin las personas… parece haber ciertas voces, recursos retóricos o temas de interés que apuntan a la narrativa del autor de 2666. Aceptando de antemano el hecho de que la época moderna se rige casi exclusivamente por el criterio de originalidad, y de que, tal vez, la peor crítica que un escritor puede recibir hoy es la de Tu-Obra-No-Es-Lo-Suficientemente-Distinta-De-La-De-Tu-Maestro, quisiera preguntarte por el peso y la sombra de tus referentes en este volumen.
R. Ningún libro surge de la nada: se asienta en unas experiencias que, en ocasiones (como en mi caso) son principalmente experiencias lectoras, y no veo nada de malo en que esas experiencias sean visibles también para el lector. Me gusta creer que mis libros forman parte de una tradición específica a la que adhieren al tiempo que sabotean; por mis orígenes y por mis lecturas, esa tradición es la de la literatura argentina, a la que mis libros homenajean y cuestionan, pero también muchos otros libros que proyectan su sombra sobre los que yo escribo, y esa sombra está allí como un reconocimiento y una invitación a los lectores. La originalidad pretende ser un aspecto inmanente a los textos (y puede que lo sea realmente, ya que la crítica suele hacer énfasis en ese aspecto de mi trabajo), pero también es un concepto relativamente reciente (de finales del siglo XVIII) y, por lo tanto, carece de validez universal. Quizás una de nuestras tareas pendientes sea producir textos que lo invaliden o, al menos, muestren su carácter artificialmente construido. Allí hay un tema fascinante para la literatura futura.
P. En España sabemos de tu obra narrativa fundamentalmente a partir de tus dos últimos títulos, ¿pero qué hay de los libros que publicaste en tu etapa pre-alemana?, ¿cuáles eran los temas de Formas de morir, Hombres infames, Nadadores muertos y El vuelo magnífico de la noche?
R. Esos libros fueron escritos por un escritor que ya no existe, un autor que hizo de ellos lo mejor que podía y después se marchó a Alemania y cuyo rastro se perdió en la nieve. Naturalmente, esos libros expresan los talentos y las capacidades de ese escritor, que en el momento de la publicación de esos libros tenía veintidós, veintitrés, veinticinco y veintiséis años, respectivamente pero ese autor ya no está allí para hablar de ellos y defenderles con argumentos de los que yo carezco.
P. Si la lógica impone que cada libro se oponga a algún rasgo del anterior, ¿es El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan el final del ciclo sobre la exploración cultural de la Alemania contemporánea en tu obra? ¿Llegó la hora de tu particular Alzheimer alemán?
R. Quizás suceda eso, sí: no tengo ninguna intención de convertirme en el “escritor de Alemania” en lengua española. Naturalmente, también puede pasar todo lo contrario. Unas veces vas hacia un lugar y otras veces vas hacia otro y lo único que importa realmente es que no mires atrás y sigas vivo y estés en movimiento.
Fotos: Luna Miguel
- El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan
- Autor: Patricio Pron
- Género: Relatos
- Editorial: Mondadori
- Año de publicación: 2010
- 224 páginas









Excelente reportaje, Antonio. Dan muchas ganas de leer el libro y seguir al autor pero también de continuar leyéndote. Muy bueno el título. Saludos.
Genial!
Lástima que la estancia fuera en Gotinga y no en Viena, tanto tiempo alejado de Argentina… Se aprecia una necesidad tan evidente de acudir a un psicólogo los antes posible…
UN ESCRITOR de PRO.
“quizás tengan que ver con el estado actual del negocio literario, que sólo sabe comercializar libros asociándolos a una persona que es promocionada o se promociona por sí misma.” Que razón tiene el autor:hoy escribir requiere autopromocionarse a cuenta de lo que sea, ya no sólo hablar mal de los otros sino perder todo pudor y hablar bien de uno mismo. Todo esto me recuerda la fabula germano-argentino de El escritor de Pro:
Erase un chico de clase media acomodada culturalmente; desde jovencito sus profesores señalaban lo bonito de sus redacciones. Y le dieron una beca para ir a Alemania a acumular capital simbólico (la lengua alemana ya incorpora por si misma una enormidad de capital) Allí empezó sus andaduras: antologías de escritores de su vieja patria para ir creando la necesaria red de contactos y favores. Luego un libro de cuentos que pasan por la correctora de Fog que al tiempo le da las señas de “Nuestro hombre en Barcelona”. Y viaje a Barcelona. Y alli contactos para ganar con amaños un Premio Andaluz (da igual que entregue el manuscrito fuera de plazo) Y premio y parné y más contactos. Y aprovechar la presentación en España de una antología de narradores de su vieja patria para despotricar de los arribistas — quien triunfar — yo no ( Premio Andaluz) y ahora a meterse a sonreir a todo los que puedan ayudarle a incrementar su capital, amar a quien tiene lazos, particpar en todo lugar que se preste, que suene el nombre. Escribir cuentos costumbristas con nombres alemanes y hacer leña del árbol caído (politicamente conviene ser escéptico); meter en cada libro unas gotitas de metaliteratura previsible; jugar a ser escritor, es decir, el demiurgo que ni pide disculpas porque ni siquiera sabe muy bien qué escribe pero así deja su lugar a los lectores. Romanticismo añejo, vacuidad esdrújula, fraseo prolongado, finales ambiguos. Un escritor de Pro, seduciendo a críticos españoles ignorantes y deseosos de estar al día.
Añado comentario de Sol, mi chica: ¡Genial!
La afirmación que sigue da el tono de la literatura de Pron: “No tengo ninguna intención de convertirme en el “escritor de Alemania” en lengua española”. Es decir:
1. Grandilocuente.
2. Manida (los nazis como telón de fondo, qué aburrimiento).
3. Egocéntrica no por el tema, sino porque su tono de Thomas Bernhard cutre y, en general, su estilo, sólo evidencian una cosa: que Pron se tiene en gran estima como escritor y quiere que los demás lo estimemos de igual forma. Sus libros, claro, se resienten.
Echo en falta en las palabras del sr. Pron, más que elegancia y respeto, educación. ¿Qué escritores son esos “que se limitan a contar sus vidas imbéciles de aspirantes a héroes del balompié o niñas de colegio de pago a las que excitan los mendigos”? Lamentaría que el sr. Pron terminase por ser también una de esas personas que afean y arruinan el mundo. Buenas noches.
Patricio Pron me parece un muy buen escritor independientemente de lo que haga con su vida o deje de hacer. Por eso no entiendo cómo se da espacio aquí a ataques que son puramente personales y no dicen nada de sus libros, que son lo único importante. A mí su novela elComienzo de la primavera me gustó mucho y ahora estoy leyendo su libro de cuentos y me parece realemnte muy bueno. Como no lo conozco personalmente ni me interesa hacerlo me basta que sea un buen escritor y que sus opiniones sobre literatura sean provocativas e interesantes. Saludos.
Errónea idea de la provocación tenemos si por tal entendemos el desprecio, mediante una lectura tópica y superficial, de dos escritores que están empezando y que no son aún adalides de nada. Peor aún si a eso se le añade una apostilla paternalista (no era insulto, sino una cariñosa cachetada) en la que, como si fuera el Mesías, viene a iluminarnos a los que habitamos en el bobo sueño de la literatura en español de que han existido las vanguardias, como si aquí no hubiese habido vanguardia y como si parte de la última narrativa española no partiera de ahí. Cabría que el señor Pron se preguntara, invadidos como estamos por la nocilla, tanto de buena como de mala calidad, si no será que quienes no militan en ciertas ligas lo hacen no por ignorancia, sino voluntariamente. Cabría también, en fin, que el cuestionamiento de un paradigma viniera acompañado, por una cuestión de honestidad literaria, por el cuestionamiento del propio. Por lo demás, la literatura de Pron, siendo respetable, no navega con tanta altura. Tal vez si lo hiciera no se permitiría semejantes salidas de tono.
Un saludo.
No entiendo qué ataacn. A mí el reportaje me pareció muy bueno y tengo ganas de que se publique el libro del que habla el autor. A Patricio Pron no lo había leido todavía pero voy a buscar sus libros. Saludos desde Buenos Aires.
Muy buen reportaje. Se puede cuestionar el tono paternalista del entrevistado, pero su diagnóstico de la literatura espanola actual me parece acertadísimo. Como lector ya no sé qué me parece peor: si la Nocilla indigesta o el realismo tradicionalista, porque los dos me parecen aburridísimos.
Saludos desde Cartagena.
No parece habitual que un escritor intervenga en el ámbito de los comentarios acerca de un texto propio o parcialmente propio; al menos, no es habitual para mí. Sin embargo, lo hago por esta vez para decir que lamento haber provocado la indignación de ciertos lectores ante mis comentarios sobre la escena literaria española. Mis afirmaciones estaban dirigidas a unos libros específicos y no pretendían referirse a sus autores, a los que no conozco o con quienes tengo apenas una relación cordial y distante. Naturalmente, el tono y el carácter de esas afirmaciones no eran los correctos, y quiero pedir disculpas a los lectores y también a los autores aludidos por no haber dejado claro de forma adecuada que, como he dicho, hablaba de sus libros y no de sus personas. Como afirmaba uno de los comentaristas, aspiro a no ser ser “también una de esas personas que afean y arruinan el mundo”; aun sosteniendo mis opiniones, ahora disiento sinceramente con el modo de expresarlas, y pido disculpas por ello. Ahora mismo me parece mucho más importante esto que refutar o corregir las acusaciones personales dirigidas a mí y que son erróneas o simplemente falsas. Que la crítica literaria se dedica a los libros y no a las personas que los escriben es un hecho que en ocasiones es pasado por alto. Siento no haberme expresado con claridad al respecto en la entrevista.
Acudo aquí porque presencié ayer por la noche una conversación lamentable en la que el entrevistado aquí, Patricio, se victimaba, presentándose como un pobre apaleado por el mal humor de los escritores españoles, que no saben diferenciar entre una crítica a un libro y un comentario personal.
Conviene dejar clara una serie de cuestiones al respecto:
1. Este texto es una entrevista. No un artículo de crítica literaria, ni una reseña, ni nada que se le parezca. Defender una opiniones personales argumentando que hay una intención de hacer crítica literaria es, cuanto menos, pueril.
2. Al entrevistado se le pregunta por un cuento de su autoría y contesta aludiendo a su labor de adoctrinamiento contra esos escritores que carecen de la lucidez de la que el presume. O sea, el comentario es gratuito e innecesario, sí en eso coincido plenamente con Pron, pero más aún lo son las disculpas, o cuanto menos hipócritas o idiotas. Idiotas las disculpas, por si no ha quedado claro. (Es así como se hace para que a uno no lo malinterpreten)
3. La oración completa que ha motivado la disculpa de Pron es, copio, esta:
“además de una cachetada a aquellos escritores que cultivan un realismo ramplón como si las vanguardias históricas no hubiera existido nunca y se limitan a contar sus vidas imbéciles de aspirantes a héroes del balompié o niñas de colegio de pago a las que excitan los mendigos”.
Dejando a un lado que el enunciante de esta afirmación debería explicar qué es el realismo ramplón a su criterio, cosa que no hace –y eso sí sería hacer crítica literaria-, lo verdaderamente importante del caso es que pretende, por lo que se desprende de su “disculpa”, hacernos creer a todos los lectores que no debemos conocer el lenguaje como lo hace Pron, que ahí no había comentarios personales sino un enjuiciamiento crítico de obras. Pero, al hacerlo, olvida u obvia el posesivo que ha usado en sus declaraciones: “su”. Si la oración fuera así:
”*además de una cachetada a aquellos escritores que cultivan un realismo ramplón como si las vanguardias históricas no hubiera existido nunca y se limitan a contar vidas imbéciles de aspirantes a héroes del balompié o niñas de colegio de pago a las que excitan los mendigos“
podría defenderse la postura de que se trata de una crítica, de que habla de libros y no de personas. Un escritor debería saber eso, o al menos es lo que se espera de un escritor, que sepa usar el lenguaje, su herramienta de trabajo. Situar ese posesivo desplaza la crítica del libro al autor, de lo profesional a lo personal.
Pretender que nosotros, como lectores que sí que conocemos el significado de lo que ha querido decir, asumamos sus disculpas es, desde luego, de una candidez absoluta. Desfilar por los corrillos literarios presentándose como víctima de un complot es, todavía peor, estomagante.
Quizás unas disculpas sinceras habrían sido un mejor remedio, o quizás una actitud de mayor respeto intelectual, atreviéndose a defender y argumentar su postura.
Un abrazo, querido Pron.
tanto postureo da realmente asquete,
¿Quién es Antonio Jménez Morato?
Es el que escribió el libro de la serie Escenas de matrimonio. Me encanta esa serie.
toño y patri al sálvame ya!!!
Pinche Pron, usted no se disculpe ni madres. Mejor defienda sus palabras, tanto las que habla como las que escribe.
Llego tarde a la polémica pero quería decir que estoy de acuerdo con Pablo: ¿a quién le importa que hace un escritor cuando no está escribiendo? Acá leemos a Patricio Pron y a otros escritores argentinos que vivenen Españasin tener en cuenta nada más que sus libros. Cualquier otra cosa me parece una mezquindad o puro revanchismo de escritor frustrado.
Vamos, Pron!!!!! Muchas ganas de leer el libro en Argentina.
Patricio, te escuche en la casa de Neruda hace una semana y me gusto mucho lo que dijiste y lo que leiste. Espero que tu nuevo libro llegue pronto a Chile. Un abrazo.
este reportaje no habla de la novela del autor el espíritu de mis padres siegue subiendo en la lluvia. por favor me den mas informacion sobre ese libro.