¿Qué nos ha pasado, Amélie? ¿Qué nos ha pasado? Hace ya casi seis años que me pusieron en las manos un título tuyo, El sabotaje amoroso. Me acuerdo perfectamente. Era un libro de Anagrama y eso siempre es un buen comienzo. La solapita interior me habló de tu infancia oriental. Tu mirada de tarada en la pequeña fotografía me conquistó. Una belganipona chalada que escribe en Anagrama libros de título extravagante. ¿Qué más se puede pedir? Hace ya casi seis años que comenzó nuestro idilio.Con ese hambre que nos caracteriza, tu me diste libros y yo los devoré. Me reí tanto y me sorprendí tanto. Esas frases rebuscadas, aforísticas casi, con ese humor tan simple y tan inteligente a la vez. Esas tramas de pocos elementos pero de tanta intensidad. Esos diálogos irreales y fantásticos. Esos finales que me dejaban ojiplática. Esa forma de contar tu vida que tan desvergonzada parece a unos pero que a mí me parece una obra de arte: cómo manipulas los hechos a tu antojo, Amélie, cómo obvias partes importantes y te centras en anécdotas para recrearte en juegos verbales. ¡Te adoro! Pero sobre todo me encantas porque eres de esas escritoras-filóloga que veneran las palabras esdrújulas. Eres la única persona lo suficientemente segura de sí misma — ¿egocéntrica, ególatra? — como para atreverte a decir “hético” en vez de “delgado”. ¡”Hético”! ¡Cómo no amar irracionalmente a una mujer que dice “hético”!
Mis amigos y conocidos gafapastas o proyecto-de se reían de mí. Se metían contigo. Y yo sonreía con esa sonrisa que quiere decir “Dejadme, sé que no es Tolstoi, pero a mí me gusta; dejadme disfrutar con sus extravagancias”, pero en lo hondo del fondo de mi cabeza yo me disculpaba ante ti, pequeña querida, diciéndote “Ellos no te entienden, pero yo sí; no importa lo que digan ni lo que pase”. Mi adoración no tenía límites.
Otros, me decían que a ellos también les había encantado la Nothomb, que la habían adorado, pero que se habían aburrido. Que todos sus libros son iguales y que no tienen interés. Yo ponía de nuevo mi sonrisa y te tapaba los oídos para que no oyeras semejantes aberraciones. Lo interesante no es lo que pasa en el libro sino cómo pasa. Lo importante es el lenguaje. Las palabras esdrújulas. Los juegos. Lo importante es jugar. Ellos no son como nosotras, Amélie, que queremos tener doce años para siempre. Ellos se han hecho mayores y ya no nos entienden. Eso te decía yo.
Pero ha pasado. Nos ha pasado. He abierto tu último libro, Ordeno y mando, y no lo he terminado. Con Ácido sulfúrico también me pasó, pero hice un esfuerzo y en dos horitas lo acabé y pensé, “Bueno, el peor de la Nothomb es mejor que el mejor de muchos otros”. Pero esta vez soy incapaz de tomarlo otra vez. Y mira que la portada es genial, que sales en ese cenagal centelleante como una rana recién convertida en princesa. Pero he leído cuatro páginas y me ha entrado una pereza atroz. Una pereza enorme, de oso muerto, ni más ni menos. Eran diálogos al estilo de Higiene del asesino, que es uno de mis favoritos, pero simplemente no he podido seguir.
Y me he aterrado. ¿Me estaré haciendo mayor? ¿He perdido mis doce años? ¿Me he dejado convertir al gafapastismo sin darme cuenta? ¿Qué ha pasado, por favor, qué me ha pasado? Y después de horas dándole vueltas, de horas acercándome al libro, mirándolo, volviéndolo a dejar, rondándolo como un felino ronda a una presa muerta movida por el viento, después de tanto tiempo, de repente he entendido por qué me ha pasado esto. No es que me haya hecho mayor. No. No es culpa mía. Todo es culpa de Bolaño. De sus malditos Detectives salvajes. De su maldita novela excelsa después de la cual no puedo leer nada sin pensar que es basura. Porque, Amélie, tú sabes que te adoro. Sabes que te defiendo con uñas, con dientes y con espadas del bazar chino que echan lucecitas y hacen ninonino, con lo que haga falta, pero tengo que decirte una triste realidad: mi admiración no te convierte en un Tolstoi. Y Bolaño sí que lo es. Maldito sea.
Ilustración: Zuri Negrín.
No existen artículos relacionados.











Haha.
Si Le fait du prince (ordeno y mando) te pareció malo, espera a que traduzcan Le Voyage D’hiver, una verdadera locura suicida.
Si te soy sincera del anterior ni me acuerdo. Sin embargo me sigue pasando como a ti. Los compro todos, los leo, los releo. Acaricio la fotografía de la autora en la portada… Supongo que es lo que ocurre cuando un autor se compromete a sacar una novela al año. Que se quema. Que Japón ya no da para más. Ni los nombres lolitescos de los personajes: que tienen un límite.
Hay una edición en Alfaguara. Textos breves de Amélie, ilustrados, que mola mucho.
Y Bolaño. ay. Bolaño.
Precioso texto.
Merci,
Lu.
Sí, Brillante como una cacerola. Una edición exquisita con esas ilustraciones plateadas.
El anterior era el de Ni de Eva ni de Adán que, bueno, no era para tirar cohetes, pero tenía su gracia.
El de Le voyage de l’hiver comencé a leerlo en el original (sí, llego a ese punto de fetichismo) y también lo tuve que dejar. Me autoengañé y me dije que sería culpa de mi deficiente dominio del francés. Pero no. Ya no es posible.
Maldito Bolaño. Lo amo con fruición. De mayor (o no tan mayor) quiero ser Cesárea Tinajero.
Zuri: ADORO la ilustración.
¡Gracias!
Leí en un viaje de un tirón La metafísica de los tubos y lo disfruté. Tenia mis reservas, por La biografía del hambre, però no está nada mal. Supongo que a Nothomb le pasa como a Auster: Al final se gastan. Publican 1 libro cada 8 meses.
A mi también me obsesiona Bolaño. Archimboldi vive en mis desvelos. Lee a Tsietsaieva y a Murdoch, ambas comparten algo con Santa Teresa, el Sonora y el fin del mundo.
Enhorabuena!
Es normal. La verdad es que si yo fuera una escritora consagrada, preferiría mil veces sacar sólo un libro cada cinco años pero que fuera un señor libro a agotar los temas de esta manera. Allá cada cual.
La verdad es que ahora mismo estoy saturada de libros, pero a la Tsietsaieva le tengo ganas desde hace tiempo. Le echaré un ojo.
Hola. Acabo de llegar aqui por tal serie de casualidades que si lo intentase explicar sonaría a mala excusa. Ante un suceso tan aparentemente determinista me he sentido en la necesidad de echar un ojo al articulo.
De Bolaño quizá la joya escondida sea “La literatura nazi en América”, ese tipo de obras que se tildan de “menores” pero que en realidad son caprichos, y como tal, es deleite.
Has mejorado mucho narrando desde la última vez que te leí.
Mi pasión por Amelie empezó porque ella se sienta a escribir entre las tumbas del cementerio de Montmartre. Con eso ya, me la como. París, sus muertos y Nothomb. Bebí de ella un tiempo, todoooo. Y llené las bibliotecas de los amigos con “Higiene del asesino”. Hasta que llegó…Orhan Pamuk y Coetzee. Leí “La edad de hierro” de Coetzee y me quedé con los ojos de un lenguado.
Bolaño…Dios mío. Llevo empezados su 2666, su “Otra novelita lumpen” y no me atrapa, no me atrapa, no me atrapa. ¿Seré condenada al ostracismo social por esto? ¿Por qué sólo me gustan los escritores raritos?
Ay, de mí, ay, infelice!
A Pamuk no lo he leído aún pero la Desgracia Coetzee me encantó. Y sus artículos
literarios.
Bolaño, no sé, hay que entrar… La verdad es que no lo he leído mucho, sólo el Nocturno de Chile, Los detectives salvajes y la Novelita lumpen (y de poesía, Los perros románticos) pero estas lecturas han sido suficientes para dejarme vuelta arriba. ¡¡Es buenísimo!! Tiene una capacidad para crear realidades, mundos ricos y coherentes, que no había visto en siglos. De veras.
De todas maneras, soy de la opinión (y creo, Carmen, que tú también) de que hay que leer para disfrutar, no para coleccionar lecturas. Si un libro no me gusta, lo dejo; no hay nada que demostrar.
¡Gracias por comentar!
Estoy contigo Anäis. Yo era, hasta hace poco de las de “tragarme” el libro costara lo que costara y ya, pasados los treinta, mis células piden otra cosa: el gozo por el gozo. Así que este fin de semana, que me pedían DElibes, Delibes, Delibes, me he comprado el último de una grande de las novelas policíacas: Fred Vargas. Qué culpa tiene Delibes ser castellano y de que a mí me guste París.
Con muchas ganas de conocerte, granescribidora,
Carmela
A mí la policíaca aún no me ha llamado, no sé por qué. Y me fastidia, porque siempre que veo a alguien con una novela detectivesca parece que esté en trance.
Me está vedado ese placer (maldita sea) pero me quedan otros. He tenido la suerte de darme cuenta de jovencilla del poco tiempo que tengo y de cuantísimos libros me quedan. Así que hace tiempo que dejé de dar segundas oportunidades y, en muchos casos, incluso primeras.
Yo también tengo muchas ganas de conocerte, no somos muchas las hedonistas literarias convencidas. Un abrazo.
(PD: A mí también me pirra París.)
“He tenido la suerte de darme cuenta de jovencilla del poco tiempo que tengo y de cuantísimos libros me quedan”: no sigamos por ahí o lloramos.
Con “Ni de Eva ni de Adán” te lanzo un beso… Y prometo probar a ese Bolaño, que maldito, maldito sea.
Yo la conocí cuando publicó “Bigrafía del hambre”. Me lo leí en un día y antes de teminarlo ya me había enamorado de ella. En poco tiempo devoré todo lo que se había editado en español. Pero no me resuló suficiente y excavé hasta encontrar los títulos no traducidos al castellano. Mi úlima adquisición fue la de “Le fait du prince” (Ordeno y mando), lo compré en cuanto se publicó la edición francesa. Aunque me averguence confesarlo yo tampoco he podido acabarlo. Amelie Nothomb engancha, tiene un estilo único que atrapa, pero, desgraciadamente, tiene fecha de caducidad.
Alba(s), ¡muchas gracias por vuestros comentarios! Alba 1: no dejes de probar a Bolaño; en serio, es buenísimo. Alba 2: Estoy plenamente de acuerdo contigo. Aunque, a pesar de todo, tengo claro que seguiré defendiéndola con todos mis recursos. Me lo he pasado demasiado bien gracias a ella.
Un abrazo!
Claro, Anaïs, yo también la sigo defendiéndo con uñas y dientes.
¡Tiene en nosotras a una legión de defensoras!
¿Cuándo acaparaste lo que yo pensaba y escribiste el post?
Ay, ¡qué fuerte!
He llegado aquí clicando en otro blog. No he leído nada más de tu blog, ni tu perfil, ni nada, ni si eres chica, chico o uno de esos perritos franceses tan detestables. No he querido saber quién eres. He preferido quedarme con esa visión de la literatura como amor, que comparto plenamente. Me ha emocionado la despedida de tu novia hablándole de tu nuevo amante. Y como a mí me cambió la vida Detectives en el año 98, cuando se editó, y sigo amándolo, aunque le he puesto los cuernos varias veces, también con Amélie, quería decírtelo.
Es más que posible que vuelva por aquí. Seguro que no me decepcionarás.
Advierto de que probablemente caiga en la cursilería en este comentario, pero es que me han emocionado tus palabras, NáN. Creo que hasta que no he leído tu comentario no me he dado cuenta del todo de que es verdad: realmente, la literatura es una especie de ser vivo con el que relacionarse, al que amar y aborrecer.
Serás más que bienvenido por aquí. Y, por supuesto, espero no decepcionarte. Un saludo.
Me ha encantado este artículo. Brillante. Bolaño es excepcional, para gustos exquisitos.
Enhorabuena, seguiré entrando por aquí.
Bravo por bolaño.la del Tercer reigh,no me gusta nada,la que me llevo a leer Detectives Salvajes fue amuleto,con Tinarejo.
El gaucho insufrible,es muy bueno.
Parece ser que los escritores cuando se enfrentan a una enfermedad ,se quitan lo tapujos,se desnudan en la narracion,el atisbo de vislumbrar el final los hace lucidos.
Los prejuicios ridiculos desaparecen,y las reseñas a quien consideramos maestros o fuentes del saber no pueden deaparecer de sus paginas
Qué sensación de vacío al pasar la última página de los detectives salvajes. Estuvo resonando en mi cabeza durante semanas. La misma sensación de que no volvería a gustarme ningún libro …necesité la dosis de 2666 para pasar el mono.
Pero si tiro de memoria, lo mismo me ocurrió con Revolutionary road, que mencionas por otra parte, con Los Buddenbrook, con Los anillos de Saturno.
Afortunadamente no faltan las buenas novelas, sólo tiempo para leerlas y suerte para encontrarlas (yo también me dejo llevar por el azar, las referencias)
Estupendo artículo, felicidades.
Aquí otro bolañista convencido. Leí Los detectives, leí Amuleto y bastantes relatos, y luego he estado unos años sin volver a él. Recientemente me he atrevido con “La pista de hielo”, una maravilla de novelita que no tiene nada de menor ni de “ensayo general” de Los detectives. Estos editores llenando de sandeces las contraportadas… En fin, ahora la acabo de terminar y me parece que tengo que conocer la Costa Brava urgentemente, y que los cámpings son sitios que rezuman literatura por todas sus parcelitas. Y que el chileno delgaducho éste todavía puede hacer conmigo lo que quiera.
Te felicito! Me parece un homenaje muy personal tanto a Amelie Nothomb como a Roberto Bolaño. Tengo en mi biblioteca los suficientes libros de ambos para también apreciarlos.
De Nothomb me encanta su sentido del humor, y de Bolaño su manera de moldear con sus múltiples recursos la novela. Y estoy contigo, creo que Nothomb pese a su amplia producción juvenil aún le queda intentar hacer una gran novela. Algo que de verdad la gente diga: es lo mejor que he leído nunca.
De todas maneras te corregiría en eso de las esdrújulas. Más que nada porque me imagino que eso debe ser más tarea del traductor que de ella misma. Aunque éste intente recoger o imitar el estilo de la belga, pero no creo que un traductor pueda ser tan puntilloso para llegar a ese punto de perfección.
Es como cuando uno lee poesía traducida y alaba las palabras utilizadas en el verso. Siempre me ha parecido que algo fallaba en este tipo de elogios.
No sé. Me imagino que si acaso habría que alabar al traductor…
Pd. Estoy leyendo varios de tus artículos y me parecen todos muy interesantes ;D