La Batidora

Fractal petunicida

Por Javier Montoro 29 mar 2010 6
Fractal petunicida

“El caso de las petunias pisoteadas”, de Tennessee Williams, en la batidora.

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Boston es una actitud mental de la que debe emanciparse

Simple. Digieran la palabra y expulsen su genealogía. Descansen unos segundos e intenten eludir la caricatura. Después bastará con dejar la mente en blanco, obviar la severidad del texto y medir el alcance de la acción desnuda. Me refiero a la desnudez de pretensión o al adiestramiento involuntario. Fluidez mecida sin grilletes. Perplejidad sensorial. Ya se acabaron las instrucciones. Increíble.

Triturar esta apología floral no me es fácil. Caigo en la cuenta de que se trata de una joya de la escena y me armo de fórmulas y me cubro las espaldas. Conjugo idiolectos y llego hasta el fractal. Williams aparece y me lo aclara: “patrones que se repiten a diferentes escalas”. Hay que derribar la doble fila de petunias. Perder el norte. Deformar esquemas. Ser demasiado irregular para ser descrito en términos geométricos tradicionales. No puedo justificarlo más y me vuelvo omnisciente.

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“Nada que sea grande o importante puede traspasar nunca una doble fila de petunias.”

Debo cerrar los ojos para acomodar la escena. Y lo percibo. Todo: Dorothy Simple, un moño incorruptible, un cristal transparente, una pared llena de chicles mascados y la afonía de Stanislavski. Una mentira piadosa -tranquilo, K. S., no me implicaré demasiado-. Y debo entrar dentro y ser canario que canta o muchacho insistente. Pero no me muevo del sitio. Puedo elegir la frecuencia de mi voz mientras vomito el engaño y me inmuto. De nuevo Williams, y la madurez.

Analizo la belleza de las flores aplastadas. Masacre botánica. Necesidad de nuevas semillas. Demanda de riego. Agua y savia renovada. Tennessee une mi mano a la de un muchacho de pies grandes y me muestra los entresijos del cambio. Me hace cosquillas y me enerva. Dorothy yergue la mirada y comienza a despegarse del suelo. Rompe un cristal y juega con los trozos. Se suelta el pelo y escribe cartas con tinta invisible. Ecos multilingües exhiben su deleite ante “el maravilloso accidente de vivir”. Olvidamos el jardín porque ya no son precisas barreras ni monedas de cambio.

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“Es usted una fascista hortícola”

Como quien cultiva rosas silvestres o anticipa actos reflejos. Es fácil convulsionar como quien no concibe el deseo de abandonar la proporción matemática, limpiar el pus etimológico y ajustarse el vestido de nuevo. Es fácil y es simple. Puedo llenar el vacío sureño de muecas predecibles y convicciones movedizas. Puedo aludir a la muerte y nombrarla en vano sin sentirme perturbado. “El caso de las petunias pisoteadas” me da las claves para una autopsia rápida de nuestra era. Orden caótico. Sensatez desmesurada. Desequilibrio. Poca música y poco silencio. Demasiados “adornos de la existencia”. Finitud, finitud, finitud.

Ahora puedo amordazar los límites y dejar que el muchacho grite. Que el carpe diem es una máscara. Que las apariencias orientan. Que lo profundo engaña. Que los “patrones” no siempre deciden y que ocupamos un lugar en el mundo no canjeable por disloque. Que la rutina es una venda y que el mutismo no torna apolíneo. Ahora puedo barnizar la consigna. Nada de flores estúpidas ni algoritmos recursivos. Después de todo, un fractal, es un dibujo con colores.

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6 Comentarios »

  1. Robert 29 mar 2010 at 13:39 -

    Me ha encantado, tan abstracto como el fractal que lo ilustra. Promete esta sección.

  2. Lucía 29 mar 2010 at 21:34 -

    Me ha gustado mucho este análisis.

    Un saludo.

  3. Serp 29 mar 2010 at 21:46 -

    Asesino de Espejos se dispone a pisotear las petunias de sus lectores con esta sección. Una puerta abierta a Vida Sociedad Limitada.

  4. Mariam 29 mar 2010 at 22:20 -

    Ya echaba yo en falta una sección tan onírica y bien estructurada.

    Suerte.

  5. Maria 29 mar 2010 at 23:07 -

    Viva.

  6. Anaïs 30 mar 2010 at 00:54 -

    Me ha gustado muchísimo. Casi dan ganas de no leerlo, de cerrar los ojos y escucharlo. Está genialmente escrito.

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