Literatura

Entrevista a Javier Pérez Walias (Parte III)

Por Hasier Larretxea 21 mar 2010 0
Entrevista a Javier Pérez Walias (Parte III)

Con motivo del Día Internacional de la Poesía el próximo domingo 21 de marzo, publicamos esta extensa entrevista en tres partes, realizada por Hasier Larretxea a Javier Pérez Walias.

El poema con el que comienzas Largueza del instante contiene fuerza visual. ¿Cómo saber cuándo llega el momento de escuchar el instante del silencio?

El entorno determina una manera de estar y la mirada generosa sobre lugares y personas me permite percibir y transmitir sensaciones. El componente visual, simbólico más que real, es uno de los fundamentos de mi poética. Hay que estar atentos y esperar el instante preciso en que se siente el abandono, el estar desamparados del que habla María Zambrano.

¿Qué se asoma por los agujeros celestes de tu lenguaje?

Pretendo que fluya la música, y por la música la palabra y el entendimiento, convirtiendo parcelas de lo anecdótico en concreción de lo humano y común. De esta manera, me afano en rescatar lo esencial de nosotros y transmitirlo dejándolo ahí dispuesto para el que quiera tomarlo.

¿De qué huimos? ¿Por qué?

Volviendo, en cierto modo al comienzo de tu entrevista, te diría que huyo de la incertidumbre, del desconcierto, del dolor, pero sobre todo, huyo de que las cosas fundamentales puedan caer en la charca del olvido y se las coman, para siempre, las tencas.

¿Con qué enmudece tu palabra?

Las palabras enmudecen, en un primer momento, con la atrocidad, con la perversión consentida, con la autocomplacencia de lo vulgar, con el fanatismo, con la hipocresía… Ante todo ello, el poeta debe tener la urgencia de escuchar, transmitir y acallar, en la medida de lo posible, el murmullo del mundo por medio de la memoria y de la esperanza.

¿Donde está lo inexplorado?

Lo inexplorado es todo aquello que está oculto en nuestro interior, en los demás, en los paisajes que nos rodean a diario, todo aquello que está escondido y es necesario hacerlo visible tanto para los ojos como para la inteligencia.

¿Qué contiene el aliento poético de Javier Pérez Walias?

Esta cuestión supongo que deberían contestarla los lectores. Me sería de gran ayuda. ¿Ritmo, tesón, imaginación, generosidad, pudor…?

¿Qué te aportan las sombras, la oscuridad?

Son conceptos que redundan en la idea de lo recóndito, de lo oculto, símbolos que responden a que la realidad en su complejidad no puede entenderse sólo por los rasgos que de ella percibimos a través de los sentidos. Las imágenes aproximan más que nombran, acarician más que tocan, se insinúan entre la niebla o bajo las aguas y sustentan el pensamiento.

¿Podrías escoger un poema de tu último libro para que podamos disfrutar en Koult?

Sí, por supuesto:

L A C A S A P I N T A D A

Esta casa mira al norte hacia las lagunas de helechos,
esta casa mira al sudeste azotada por el aliento de los
que piden limosna.

JUAN CARLOS MESTRE

Crece la mañana como crece el pensamiento bajo esta lluvia.

Crece la mañana y, a veces,
en el recuerdo, la luz es como un ácido amarillo que se esparce.

Esta luz tenue que ―todavía― cae,
casi sin fuerzas,
hacia este otro lado del jardín, sobre mi rostro
por las madreselvas de la casa.

El instante otorga agua de mar al pez herido cuando llora
y al pájaro en su vuelo de aceite,

así las voces sufren
porque llega el rumor del silencio
y se pierden
como se perdieron los grillos de la conciencia
más allá,
en los vértices de los rincones.

Hasta en la más limpia desnudez
encontrarás algún motivo para el desaliento

alzaste la voz

desde el otro lado de las alambradas
o de la puerta.

Y yo te contesté con un gesto tímido de mi mano.

Sobre el pálpito amarillo de las cometas
los niños cabalgan y resoplan nerviosos junto a las nubes
y el húmedo columpio de los frutales
queda preso
en una cárcel (ya lejana)
de horas baldías y barrotes ignominiosos.

Un instante
no es tiempo para dejar atrás el páramo infeliz y despoblado
de la tristeza

susurraste ―entre dientes― para que solo yo te escuchara,

porque allí,
al sol,
igual que una lagartija sobre la piedra, ahora descansa el cansancio
de una arboleda
rota.

Tu mano bebe del zumo que dejó la lluvia en los cristales.

Y el soplo de luz, cuando mancha los limones y los manteles,
otorga vida a la casa
como un reguero de azufre que se esparce
cada vez más
y más
deprisa.

Tus ojos beben del zumo que dejó la lluvia en los cristales.

Y en las paredes persisten las caricias
de tus dedos
indelebles.

Pero el instante es un soplo de presente que se esparce

cada vez más

y más

despacio.

Y la quietud
y tu presencia,
como la fruta,
nacieron
para calmar la necesidad de los que ofrecen con las manos
vacías,
para calmar la sed de los surtidores en los amaneceres
sin pestañas,
de los que buscan ser redimidos
por una alameda de ángeles o por un erial abierto
para la escaramuza de sobrevivir
―en ningún otro paraíso―

o por la naturaleza muerta de las luminarias en los acordeones.

Tu corazón bebe del zumo que dejó la lluvia en las alcobas.

Y en la pared desnuda, al fondo del pasillo, junto a la cocina,
colgaste el último óleo sobre tabla:

un jarrón con violetas
y un pañuelo blanco de lino con iniciales.

Crece la mañana como crece el pensamiento bajo esta lluvia.

En el jardín aún nevado,
ha crecido, de pronto, un bosque rojo de acerolas
para consuelo de la multitud

y ante el vómito del desastre

y los valles poco iluminados de la muerte.

© JAVIER PÉREZ WALIAS

Un artista. Rafael Carralero.
Un viaje. Siempre el que está por realizarse.
Un lugar. Plasencia.
Unas vistas. La dehesa desde lo alto de un canchal.
Un recuerdo. Los veranos de la infancia junto al río Jerte.
Un instante. Dos: el nacimiento de mis hijos.
Un maestro. Dos: mis padres.
Una cita. La poésie me volera ma mort. (René Char)
Un poema. Cavalo Morto recitado por Juan Carlos Mestre.

Fotografía: L. Cordero.

Sigue la entrevista con Javier Pérez Walias: Parte I Parte II

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