Con motivo del Día Internacional de la Poesía el próximo domingo 21 de marzo, publicamos esta extensa entrevista en tres partes, realizada por Hasier Larretxea a Javier Pérez Walias.
El buen poeta conoce el material del que están hechos los muros y las rejas, y los reta inventándose un modo nuevo de relacionarse con ellos.
Jesús Aguado
¿Estarías de acuerdo con esta cita de Jesús Aguado? ¿Qué debe haber en ese reto?
Adentrarse en lo desconocido siempre conlleva un desafío, una dosis de incertidumbre, de emoción. Esto es lo que sucede cuando intentamos reinventarnos por medio de la metáfora de nosotros mismos que es la poesía. El lenguaje poético es el cauce que nos permite tomar conciencia sobre la lucha de fuerzas que se agitan dentro de nosotros y así poder buscar su equilibrio. Es el reto que supone intentar explicar nuestra existencia, ordenar nuestro desorden. Y en cuanto a las palabras de Jesús Aguado, estoy de acuerdo con él en lo esencial, el poeta debe mantener una relación de honestidad consigo mismo y con los otros y esto se alcanza por medio del conocimiento del material de acarreo con el que está hecho todo aquello que nos atenaza, pero también todo lo que nos libera, todo lo que, como los muros y las rejas de nuestra cárcel o las ventanas y puertas de nuestra casa, es necesario conocer, sentir y asimilar. Debemos vivir con ello como una continua revelación de nuestras emociones.
¿Qué presencias echa de menos el poeta?
Cabría diferenciar entre no presencia y ausencia. Es un matiz que posiblemente se refleje en los poemas. El poeta, por ejemplo, sufre la ausencia terrible (entiendo que nunca definitiva) de aquellos seres frágiles que nos dejaron. Pero, de igual manera, echamos de menos momentos, situaciones, encuentros, olores, paisajes, lecturas… todo lo que está por venir, en el sentido de acabar siendo una presencia prolongada en nosotros. Sentimos la necesidad y el deseo de ir al encuentro de todas estas cosas para que no caigan en el olvido. En otra ocasión, ya dije, citando a Gamoneda, que “arden las pérdidas”, pero no sólo arden, mas bien nos queman, nos marcan, aunque como el fuego, también nos purifican y nos urge asimilarlas para poder seguir viviendo.
¿Cuál es la mágica conjunción de esa poética?
La poesía ha de entenderse desde una actitud coherente: ética y estética. Debemos mantenerla alejada de cualquier improvisación estéril. Pero, sobre todo, nace de la contemplación y de la reflexión, convirtiéndose en el camino hacia el conocimiento de uno mismo y del paisaje común. No podemos olvidar que el hombre forma parte de su propio paisaje. La mágica conjunción de la que hablas sería algo así como la sublimación por el lenguaje de aquello que nos acontece como seres humanos.
¿Cuáles podrían ser las esquinas donde acechan los recuerdos?
La memoria se fragua en la medida en que somos capaces de positivar nuestros recuerdos, en la medida en que somos capaces de mirar con los ojos de nuestros padres, de nuestros abuelos, de los que nos precedieron. Hay recuerdos que nos acechan por las esquinas del silencio, otros nos sorprenden en una esquina poco transitada o nos aguardan en la orilla de un río o al escuchar el canto de un pájaro… y otros, los más duros y angustiosos, nos asaltan como bandoleros tras las esquinas del sufrimiento, de la soledad.
¿Cómo cuidarse de los mentideros poéticos al uso?
Es difícil mantenerse al margen de lo que denominas “mentideros poéticos”, cuesta, en ocasiones, actuar conforme a lo que uno cree. La realidad es que acabamos, en mayor o menor medida, repitiendo en las relaciones con nuestros colegas esquemas perniciosos similares a los que existen en otros ámbitos de nuestra “sociedad del bienestar”. Estoy convencido, y así lo procuro, de que es más saludable y duradera una amistad leal, surgida de una relación casual cuyo origen es lo poético o lo literario sin más, que toda la poesía impresa en cualquier “colección de lujo” y apalabrada desde una amistad impuesta por la vanidad o la ambición.
¿Qué le pides a un libro? ¿Y a un poema?
A un poema siempre le pido que me hable de mí y de los demás, de las cosas irremediables de la vida, y después que cumpla su función como entidad estética y como fragmento de ese todo que es un libro, que transmita al lector el sentimiento, la emoción, la tensión que a mí me produjo el asombro inicial sobre el que fue escrito. El libro, por otra parte, es la casa (estancias, galerías, enseres) que el yo habita en unas circunstancias emotivas y un tiempo distinto al de las agujas del reloj. A partir de aquí, el poema y la casa dejan de pertenecerme y podrán ser habitados y compartidos por otras personas.
¿De qué manera se puede navegar por los mares de la esencia humana?
Largueza del instante se abre, entre otras citas, con una del poeta malagueño Rafael Pérez Estrada. Esta cita podría servir como respuesta rotunda a lo que me preguntas: El mundo −me digo− empieza en los otros, ellos son mi exilio. Estoy seguro de que es necesario alargar el instante de la contemplación, situarnos en los bordes de la doblez, de la miseria y del hombre para comprender la esencia humana y sacarla a la luz de las plazas públicas.
¿Qué observa el poeta?
El poeta sobrevive gracias a que está en constante estado de alerta. Cualquier momento puede ser propicio para el hallazgo y cualquier acontecimiento, por insignificante que parezca, puede desencadenar un alud de sensaciones.
¿Qué secretos nos guarda el horizonte desde la óptica de Javier Pérez Walias?
Creer que nuestra realidad es única y que mirar las cosas de forma unidireccional es la mejor manera de comprenderla es una actitud un tanto estúpida. El horizonte guarda la fragilidad hermosa de la línea, pero además nos da la posibilidad de situarnos de este lado, el de la realidad palpable, o del lado de la imaginación. Contemplando una exposición del escultor Diego Canogar, pude acercarme al espacio poético en el sentido de que lo que vemos es tan asombroso como lo que no percibimos en la inmediatez, pero que sí podemos construir en nuestra cabeza con una carga adicional de plasticidad y significado: una línea sobre un mar de hierros no es sólo una línea, es el horizonte de nuestras expectativas emocionales, de nuestra nostalgia de lo perfecto; y un volumen no es un espacio que en ese instante haya que colmar, es una pompa de jabón que flota amable en el aire para nosotros.
Fotografía: L. Cordero
Sigue la entrevista con Javier Pérez Walias: Parte II | Parte III












Muy interesante Javier. Gracias por mandarme el enlace. No he entrado aún en tu nueva casa. Espero hacerlo pronto.
Un abrazo.
Fernando Sáenz