Comenzó la semana del arte. Cinco días en los que prácticamente viviré sumergido en las ferias de arte contemporáneo que estos días inundan la ciudad de Madrid de mercados artísticos, comisarios, coleccionistas, y todo tipo de fauna. En esta serie “Cruzando el arco”, retrataré en primera persona a modo de diario personal, lo que vaya viviendo durante estos cinco días.
Miércoles 17 de febrero
ARCOmadrid. Esa feria que cada año va precedida de tantas polémicas, de tantos ríos de tinta. Esa feria que, desde que la conozco, siempre está en supuesta crisis y en proceso de renovación interna. Pero, al fin y al cabo, esa feria que sigue siendo la cita artística (o mercantil, según como se mire) más importante de España.
Me acerco al IFEMA por primera vez en esta edición. Expectante. Sigiloso pero con la curiosidad de quien ha visto la feria siempre desde el otro lado. En el interior de los recintos, artistas y galeristas ultiman los preparativos de sus stands, colocan las últimas obras en sus lugares, y se preparan para la primera jornada de la feria entre cafés y bollería. Yo me dirijo a la Sala VIP, donde se dará la bienvenida a los medios de la presente edición. A mi alrededor todo tipo de personajes, desde encargadas de prensa, secretarias, fotógrafos de un lado para otro, cámaras, reporteros, y algún que otro galerista algo despistado. Tomo un café, y observo lo que me rodea. Chaisselonge y lámparas de araña. Unos americanos no paran de hablar a voz en grito sobre la boda de una amiga. Lo último que esperaría escuchar de alguien con una americana de diseño y gafas de pasta de color blanco. El trajín de la mañana es un show, especialmente cuando apenas veinte minutos después de la hora prevista, la directora de la feria desaparece, para sorpresa de los periodistas que esperaban a entrevistarla. “Ha tenido que hacer un break”, escucho. Cansado de tanta pomposidad y flashes, decido volver a la feria y comenzar mi expedición.
Acostumbrado a visitar ARCOmadrid los días de público general, me doy cuenta de que, al ser una jornada para profesionales, no sólo hay mucha menos gente, sino que también es mucho más snob. Me doy cuenta de que este año la modernidad ya no basta con gafas de pasta como las de aquel americano, sino que también es necesario dejar que crezca bigote. En los amplios pasillos (más anchos que otros años por eso de la reducción de galerías) se van entremezclando todo tipo de personajes. Voy explorando las galerías. Lo primero que me sorprende, uno de los Solo Projects de Judi Werthein, algo así como un animal hinchable gigante encajado en uno de los stand, aunque sin duda la primera performance artística que mereció mi aplauso fue la de un pájaro que, desorientado, sobrevolaba las esculturas y obras de arte.
Desde primera hora, compruebo que una de las galerías más demandadas es ADN (Madrid), en la que se muestra la obra de Eugenio Merino. El artista, presente en el stand, recibe preguntas de la prensa. A mí, ante lo obvio de su obra, en la que representa motivos religiosos desde un punto de vista algo innovador y, supongo que pretendidamente provocador, no se me ocurre nada que preguntarle y me limitó a ver como fotografían una escultura de tamaño gigante en la que un rabino en pie sobre un cura de rodillas se sujetan en un muyaidín que reza en el suelo. Indiscutiblemente llamativa.
Sigo mi camino y me dirijo al pabellón 6, dedicado, en teoría, a los patrocinadores y revistas. Esa zona que hace unos años tenía muchísimos stands, y que me da la impresión que ha pasado de ser una zona un poco más de relleno, a un espacio de lo más original. De la zona, me sorprendió la versión de la Mariquita Pérez que Rosalía Banet mostraba en Unicaja (Quiero ser santa), pero, por encima de todo, el que pienso que es el stand más acertado y original de ARCOmadrid_2010. Se trata de la Región de Murcia, que en su esfuerzo por modernizar su oferta cultural, lleva tres años participando en la feria. Este año, se presenta el proyecto 8 horas, 5 días, 10 acciones, un amplio programa comisariado por Pablo Lag con el objetivo de dar a conocer diferentes manifestaciones artísticas. En esta primera jornada, se incluía una performance de Eduardo Balanza en la que tres “militares” van construyendo en tiempo real un tanque de cartón, y un cubo en el que el grupo Second se encerraba durante ocho horas para componer una canción. Además, todo ello estaba acompañado de la instalación de Rosalía Banet, Las Golosas, Fábrica de Conservas Agridulces, una curiosa y bonita instalación. Sin duda me quedó una enorme curiosidad por volver para descubrir las siguientes acciones.
Poco después, se presentó el stand de Arte Invisible, una muestra de nueve artistas africanos en el que se muestra la modernidad de las ciudades en África, y como esa modernización está influyendo en la vida del país. La muestra comisariada por Elvira Dyangani, me resultó muy interesante, especialmente por lo sorprendente que resulta ver lo realmente innovador y moderno de la obra, desde fotografías hasta vídeo, que en un reducido espacio daban un punto de vista de África sin duda diferente de lo acostumbrado.
Cercano a esta exposición, se encontraba el espacio de Haagen Dazs, donde los periodistas y modernos varios se agolpaban en busca en un helado gratuito. Decidí unirme a ellos y tomarlo poco antes de dirigirme a la performance de Mira Bernabeu: Panorama (New Economy), un proyecto documental bastante sencillo en su planteamiento. Se trataba de una acción de crear una obra fotográfica en directo, dividida en dos partes. En la primera, se instaba al mundo del arte (galerías, coleccionistas, instituciones, artistas,…) a situarse en uno de los extremos, donde les tomó una serie de fotografías ante la mirada del público. A continuación, la cámara cambiaba de lugar para fotografiar al público. Una acción documental de la que probablemente veremos el resultado en el futuro.
Mis impresión en este momento es bastante positiva, y decido ampliar mi visión visitando uno de los puntos fuertes de este año, el Panorama: Los Ángeles. Paseo por las diecisiete galerías comprobando que, entre el público, no parecen ser demasiado populares. Bien es cierto que lejos de buscar la espectacularidad a través de las típicas instalaciones que aglomeran a la prensa, la oferta expositiva de las galerías angelinas es mucho más convencional, sin excesivo riesgo, pero sí con una gran calidad. (Puedes leer mi reportaje sobre estas galerías haciendo clic aquí).
Se notaba un descenso en las energías, por lo que entre periodistas con cara cansada y modernos con bigote, decido hacer un parón (perdón, quise decir break) para comer. A pesar del éxito de los nuevos puestos de sushii, opto por algo más tradicional y me decanto, como la mayoría de los acreditados de prensa, por el bocadillo. No es tan artístico, pero sí es más práctico y rápido, para volver a la acción. Concretamente, y consciente del riesgo, accedo al Foro de expertos donde se realizaba la conferencia “Las reglas del juego”, una especie de análisis de los factores que influyen en el mercantilismo del arte actual. Que sin duda será interesante para quienes quieran escuchar qué tipos de contratos se hacen a la hora de preparar una exposición, pero que provocó una importante sangría de público. Yo confieso que también tuve que salir a los veinte minutos.
Para recuperar el ritmo, decido explorar sin un objetivo fijo. En Orel art me atrae una instalación de diferentes pinturas sobre soportes de cartón, madera y hasta un skate. Algo muy callejero que, por lo que he podido ver, parece una tendencia al alza. También me hacen gracia las obras que Carlos Aires hace a partir de vinilos en la galería Sandunga. Dibujos con un punto cañí y un toque reto que eran bastante fotografiados. De las galerías del Programa General, en una primera ojeada me quedo con la de Javier López Mario Sequeria, de Portugal, en la que había obras de marcado carácter pop (como la de Julian Opie), o un montaje de varios lienzos con fragmentos de la cara de Bob Esponja creada por Kaws. Mucho led. Mucho arte pop. Y mucho público.
A estas alturas, y considerando que aún quedan cuatro días por delante, más ferias, y mucho más arte, decido interrumpir de momento mi recorrido. A la espera de, mañana, asistir a la inauguración de Just Mad, la pequeña feria de arte emergente que se estrena este año, y continuar con mi maratón de ARCOmadrid.
Todas las crónicas de Cruzando el ARCO















El arte moderno siempre deja volar mi imaginación. En estas muestras me siento algo perdida, nunca sé dónde ubicarme. No llego a saber si me gusta mucho o nada, pero siempre me abre puertas.
Buen diario.
Saludos
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